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domingo, 19 de mayo de 2013

1994 y estos días



1994
Solía avasallarte el viento
la medalla de las hojas aun verdes para tu imagen
el beso maternal aletargado, orbitando tibio sobre patios de arroz
la sonrisa preñada de certidumbre, viva, a veces también
las lagrimas bajo la lluvia.

Palabras para andar y tal vez para palpar entre la bruma
el eco cariñoso y niño de tu existencia de rio
la tarde casi triste
húmeda, tus ojos y la boca
la soledad bien oculta, sedienta
germinando silenciosa, agria e incolora
galopando desdentada, recia
injusta.

ESTOS DIAS
Batalla en la inexpresiva sombra, en el quizá de un beso
en la geometría humeante del abandono
en la porción de tierra
más alejada del cielo

Tus mentiras piadosas
tus lunas amables y diminutas
el hermoso estallido de tus carcajadas
semillas, flores y por qué no, hasta piedras coloradas
todas ellas tus almas, todas la arena ardiente
puesta como azúcar
en el en el rubor carmesí de tu cara.



Por Basquiat

domingo, 5 de mayo de 2013

Aestiva tempora


Aunque aún no comenzaba el verano, por la tarde el sol, ya mantenía tibia la hierba de los prados, los alumbraba en un gesto cálido y complaciente, con un candor somnoliento  pletórico y difuso, que aquietaba los repentinos vientos, vaporizando el dócil rumor que se ruborizaba entre las ramas.

Por encima, en el más azul de todos los cielos, tal vez en el cielo esplendo de creta, las nubes aparecen danzando altivas, yo lo sé, prometen ser generosas, mientras esponjándose se regocijan  mirando el pardo tono de las higueras, en una mezcolanza de moléculas de hidrógeno venusino y ángeles y arcángeles licuándose y condensándose;  estas nubes, como criaturas adánicas, boreales y blandas de pronto…  se aparean, irrumpiendo en la silenciosa  vastedad de un desierto profundo y  azulado, sudan y serpentean, a instantes con bravura, otras tantas con desconcertante ternura, parece que se montan unas encima de las otras, como mamíferos húmedos y humeantes, como insectos cristalinos y jadeantes, habidos de una certeza efímera, una certeza de espuma, que al mirar de pronto a Baco, inconteniblemente, se esfuma.

Pero algo ocurre abajo, en la tierra, en los estratos en que se depositó el polen durante el diluvio, en una porción de tu península, justo en la noble rivera donde cultivas la seda, en la que de forma onírica y entre poética tiniebla, se gesta la uva, el sonido, y  el murmullo, ese gemido indescifrable de tu flora y de tu fauna, de tus paramos helénicos, donde crecen y decrecen  arroyos alquímicos y oscuros, de los que se desprenden vivas y armónicas transpiraciones que exhalan  tus oraciones femeninas, tu andar taciturno y nostálgico, tu respirar, tus vientos, tus enojos y sonrojos, las arboledas tornasoles de tu intima inquietud.

domingo, 28 de abril de 2013

SOMNIUM-SOLITUDE

¿En qué lugar de este inmenso dolor?
debió ser en el archipiélago trémulo e inaudito de tu ausencia
o en la sustancia signica del vacío
quizá en la blanca y absoluta amargura de un cielo último,
no lo sé, tal vez, en el fatal oxigeno de silabas y lágrimas conteniendo tu imagen
embarcada en mi extravió.



Debe ser ahí, en la oquedad insombre  de un verbo muerto, nostálgico, espeso de pureza,
dilatado en un universo olvidado y sódico,
a la sombra de tu jardín de sofismas y arándanos;
lo expresa la química profana de tus vientos y tus labios,
lo nombra el rumor que fragua las vaporosas oraciones del invierno.



Cae la oscuridad sobre el mundo y
desde  una implosión proveniente de un gemido de mercurio
desciende la neblina ovárica en la que endulzas las mentiras…
ahora lo recuerdo, fue en la nocturnidad y sus incendios
minutos antes de la perfumada lluvia.


Basquiat.


miércoles, 24 de abril de 2013

Cibeles hija del cielo.


Afuera, la noche fluye arrítmicamente, como una melodía sincopada en la que el ruido de los grillos se adhiere de una manera caótica e implacable a las luces tenues, que meditabundas salpican apenas luz en mi cuarto, justo en el instante en que, en algún lugar, una mutación cromosómica se diluye en el último sueño de un anciano, en la cercanía de los limites semióticos de la inconciencia. Yo, distingo notas de piano, suenan tan melancólicamente, que casi podría afirmar que no quieren sonar, en su sonido se advierte el poco deseo por hacerse pronunciar, y ahora trágicamente se van volviendo silencio, hasta que gradualmente se disuelven en el aire.
Sorprendo tu mirada, cabalgo sobre estepas solitarias hacía ella, comienzo a sentir un deseo irremediable de ti, imagino mi cuerpo sembrando en tierras pardas la almendra de tus ojos, las palabras quedan ahora inanimadas, pierden su significado, secas hasta carecer de sentido, se suspenden, atravesando el espacio ocre de lo indescifrable. En la planicie me aqueja una sutil molestia, un vacío mío, una desesperación que se contrae y se expande, una implosión, una burbuja elemental, que levita armónicamente en el líquido amniótico de la existencia; comienzan ahora a sonar los sortilegios, se elevan arremolinándose hacia la soledad, acto reflejo, aparece la luna, remontada en el centro de la negrura del cielo, como pintada por algún animal surrealista.
Tú sonríes, te creas esa atmosfera de ligereza y dulzura, es entonces que me asaltan unas ganas irremediables de contarte mi angustia, de morderte la carne gruesa de los labios, de encaminarnos en corrientes y preguntarte, con los misterios que la noche me confiere,¿ por qué vos sonríes así?,¿ por qué vos te vas y no me esperas?, ¿Por qué vos me notas triste y no me das  tu voz?; sobre la mesa, el café ahora está frío y se ha aquietado en su superficie, desde lo abismal del cielo, los astros derraman su luz sobre la tierra; cierro los ojos y al último cigarrillo doy la última calada, intento dar un sorbo al insípido café pero lo derramo sin querer sobre esta hoja, vos para mí no te derramas, ni cálida ni tibia, vos te alejas…fría.
Tal vez será que sabes adentrarme con sigilo en la nocturnidad con ese vestido de verano, como la tarde adentra a las aves intranquilas en la profunda y tibia noche, mostrándoles su ultimo fulgor de helio, pero tal vez por eso mismo sea también que en ciertas ocasiones te odie, odie tu ser y tus muslos tiernos, y comience ahora a odiarte aún más porque sé que vienes a platicarme de ti, porque con aparente ingenuidad me preguntas si quiero saber, no das tiempo a mi respuesta, (aunque tal vez no logre formular alguna),comienzas, suavizas el tono, de pronto creo que comenzaras por describir el viento, pero empiezas por hilar nubes y arrecifes; te acercas, tu
boca dice que Cibeles es hija del cielo, que en su plexo, gametos centellean y desde él se desprenden fotones, que anhelan alumbrar la diáfana oscuridad de los ciruelos.




Por Basquiat.