Mostrando entradas con la etiqueta Diego Christian Saldaña Sifuentes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Diego Christian Saldaña Sifuentes. Mostrar todas las entradas

martes, 10 de julio de 2012

Poema para ser leído a los policías enfrente de Televisa.


Policía,
nosotros estamos de tu lado.

Nosotros luchamos para que tu familia
no vea más violencia
para que tu casa esté segura
para que no tengas que escuchar nunca más
el disparo de otra arma.

Nosotros luchamos
para que tus hijos
puedan ir a la escuela,
para que tengan un mejor doctor
para que rían entre árboles y fuentes.
De alguna manera
nosotros también somos tus hijos
y queremos
que tengas el salario que mereces
para que no mates y no mueras
por dos kilos de tortillas,
arroz, huevo, frijoles,
sin poder comprarle un collar
a tu esposa en navidad.

Policía,
no tenemos armas,
sólo tenemos esta voz y estas palabras que no hieren.
Tú podrías ahora mismo sacar la pistola del cinto
y disparar tres tiros
llenarnos de sangre,
llenarnos de muerte,
matar a tus hijos, a los amigos y a los nietos que vendrán.

Pero, ¿para salvar a quién?
¿A quién estarías protegiendo?
A una empresa cuyo dueño
gana millones de pesos,
se llena de dinero y de banquetes
mientras nos llena de falsos sueños
de falsas historias
de telenovelas falsas
y falsos noticieros
que nada tienen que ver con la realidad
con tu calle, con mi casa,
con el barrio y la plaza,
con esta inundación.

Policía,
¿Nos matarías a nosotros
para salvarlos a ellos?
¿Golpearías nuestros cráneos
con tu bastón
hasta dejarnos paralíticos
para que ellos sigan
prostituyendo a las estrellas
del programa de las seis?

Policía,
¿Crees justo
que tú y yo nos peleemos
como perros de pelea, como gallos con navajas,
mientras ellos fuman un puro
y siguen con el noticiero?

Policía,
nosotros estamos de tu lado,
buscamos un México justo igual que tú,
estamos hartos de disparar al insomne,
al que no dejan dormir sus deudas
o sus dolores,
su falta o exceso de trabajo.

Policía,
sabemos que no puedes decir sí,
que tus órdenes te lo impiden,
Pero también sabemos que en el fondo
estás de nuestro lado.

Sólo entonces mueve la cabeza de arriba abajo,
ligeramente,
para que nos llenemos de fuerza
con ese gesto,
para que los ricos no se sientan tan seguros,
tan inocentes de lo que hacen, de lo que han hecho.

Mueve la cabeza
apenas un centímetro
y nos darás luz
nos darás fuego,
una confianza que no se compra.

Policía,
nosotros estamos de tu lado
tenemos el mismo color de piel
y las mismas tristezas:
También a nosotros nos duele México,
nos duele como una parte del cuerpo
que no nos podemos quitar
porque la amamos,
como un ala rota.

Policía,
nosotros estamos de tu lado
y tú también puedes estar del lado nuestro.

Sólo mueve un poco la cabeza
de arriba abajo.

Sólo hazlo.



Por Diego Christian Saldaña Sifuentes.

domingo, 29 de abril de 2012

Marité



En la arborescencia de las habitaciones casi llenas por tu recuerdo,
en el corazón de la manzana o en la manzana que se parte,
en el desayuno apenas mezquino porque tiene que olvidarse,
Soy un grillo contigo.

A veces hay una rata tras la puerta que toca el teclado.
A veces nuestras manos son dos alondras que se persiguen
o nuestros cuerpos son dos ríos que se templan,
y soy un grillo contigo.

Un grillo como la hierba
que susurra aliviada por el rocío.
Un grillo como el sonido más simple
de un chasquido o cerrar los ojos y oír
hojuelas llenando el plato de cereal
dentro de tus ojos.
Un grillo como posarse en tus senos
y sentir que no hay un tacto
más dulce ni más preciso.

A veces mi carne se parte como una naranja.
A veces tu silencio también me acaricia.
A veces me sabe la boca a tus labios apenas rosados como huellas
y mis cuerdas de guitarra se frotan.

En las nauseas del pasado con sus navajas rotas,
en la furia cuyo pozo está en la palma de mis manos,
en la ventana vacía e inmensa que cubrimos con  las sábanas
mis cuerdas de hombre te llaman.

Te están llamando.

Ven.

Noviembre de 2012


Por Diego Christian Saldaña Sifuentes.

jueves, 19 de abril de 2012

El fotógrafo


Nunca antes había visto un pétalo cornear un verso.


Un fruto colgante y maduro
con un botón al centro que huele
a dátiles.


La piel de los labios
que curvan el tejido y el tiempo
de una cara.


Una mano dormida
arando el costado.


Nunca antes había visto
los preparativos de una nuez
en el momento previo a devorar
una palabra cotidiana
ni la alegría de una pluma
que besa cualquier reproche.


Ahora me gustaría escuchar los diálogos
de los peces que se esconden en el sexo.


Guardar un silencio prudente. Transcribir.


Cuando te toco se me derriten estrellas en las manos.


Por Diego Christian Saldaña Sifuentes.