domingo, 5 de mayo de 2013

Aestiva tempora


Aunque aún no comenzaba el verano, por la tarde el sol, ya mantenía tibia la hierba de los prados, los alumbraba en un gesto cálido y complaciente, con un candor somnoliento  pletórico y difuso, que aquietaba los repentinos vientos, vaporizando el dócil rumor que se ruborizaba entre las ramas.

Por encima, en el más azul de todos los cielos, tal vez en el cielo esplendo de creta, las nubes aparecen danzando altivas, yo lo sé, prometen ser generosas, mientras esponjándose se regocijan  mirando el pardo tono de las higueras, en una mezcolanza de moléculas de hidrógeno venusino y ángeles y arcángeles licuándose y condensándose;  estas nubes, como criaturas adánicas, boreales y blandas de pronto…  se aparean, irrumpiendo en la silenciosa  vastedad de un desierto profundo y  azulado, sudan y serpentean, a instantes con bravura, otras tantas con desconcertante ternura, parece que se montan unas encima de las otras, como mamíferos húmedos y humeantes, como insectos cristalinos y jadeantes, habidos de una certeza efímera, una certeza de espuma, que al mirar de pronto a Baco, inconteniblemente, se esfuma.

Pero algo ocurre abajo, en la tierra, en los estratos en que se depositó el polen durante el diluvio, en una porción de tu península, justo en la noble rivera donde cultivas la seda, en la que de forma onírica y entre poética tiniebla, se gesta la uva, el sonido, y  el murmullo, ese gemido indescifrable de tu flora y de tu fauna, de tus paramos helénicos, donde crecen y decrecen  arroyos alquímicos y oscuros, de los que se desprenden vivas y armónicas transpiraciones que exhalan  tus oraciones femeninas, tu andar taciturno y nostálgico, tu respirar, tus vientos, tus enojos y sonrojos, las arboledas tornasoles de tu intima inquietud.

martes, 30 de abril de 2013

Illusive Man



Empezaré por tus pies,
grandes y delgados como tú;
tus piernas largas, palidecidas,
por el uso de pantalones ajustados.
Eres alto, que es tan difícil escalarte.

Brazos escuálidos, casi de piel pegada al hueso
tus muñecas, que dejan ver tus venas.
Y tus manos, ¡Oh tus manos!  Tan grandes y de dedos largos;
son las mejores manos que he tomado.

Tu cuello que deja ver el fruto prohibido,
asomándose sólito, por voluntad propia.
Me he sorprendido al ver tu mentón, cubierto de hormiguitas
que llegaron a habitarte, de pronto.

Tu cara, que no me canso de mirarla;
y no bastan mis palabras, ni la tinta de esta pluma
para describirla.


lunes, 29 de abril de 2013

Por una duda elaborada


Por una duda elaborada
de tres partes compuesta
las mil vueltas al sol que damos
esa necesidad que nos detiene
frente a cada argumento redondo sin relleno
y algo más que no recuerdo
que sin embargo nos detiene
pues nos volvemos duda

Y nos volvemos duda
sin espacio a lo que tenemos
ni a lo que tenemos

Por Sebastián González de León y León.

domingo, 28 de abril de 2013

SOMNIUM-SOLITUDE

¿En qué lugar de este inmenso dolor?
debió ser en el archipiélago trémulo e inaudito de tu ausencia
o en la sustancia signica del vacío
quizá en la blanca y absoluta amargura de un cielo último,
no lo sé, tal vez, en el fatal oxigeno de silabas y lágrimas conteniendo tu imagen
embarcada en mi extravió.



Debe ser ahí, en la oquedad insombre  de un verbo muerto, nostálgico, espeso de pureza,
dilatado en un universo olvidado y sódico,
a la sombra de tu jardín de sofismas y arándanos;
lo expresa la química profana de tus vientos y tus labios,
lo nombra el rumor que fragua las vaporosas oraciones del invierno.



Cae la oscuridad sobre el mundo y
desde  una implosión proveniente de un gemido de mercurio
desciende la neblina ovárica en la que endulzas las mentiras…
ahora lo recuerdo, fue en la nocturnidad y sus incendios
minutos antes de la perfumada lluvia.


Basquiat.


viernes, 26 de abril de 2013

Despierta ahora


Despierta ahora que en tu sueño
mueres por un apretón en la mano
pues de tu cuerpo ya no hay dueño
que permanezca a un lado como hermano

Espera despierto pues la mano dormida
se te rompe y desechas esa basura
de sueño que tienes

Por Sebastián González de León y León.

miércoles, 24 de abril de 2013

Cibeles hija del cielo.


Afuera, la noche fluye arrítmicamente, como una melodía sincopada en la que el ruido de los grillos se adhiere de una manera caótica e implacable a las luces tenues, que meditabundas salpican apenas luz en mi cuarto, justo en el instante en que, en algún lugar, una mutación cromosómica se diluye en el último sueño de un anciano, en la cercanía de los limites semióticos de la inconciencia. Yo, distingo notas de piano, suenan tan melancólicamente, que casi podría afirmar que no quieren sonar, en su sonido se advierte el poco deseo por hacerse pronunciar, y ahora trágicamente se van volviendo silencio, hasta que gradualmente se disuelven en el aire.
Sorprendo tu mirada, cabalgo sobre estepas solitarias hacía ella, comienzo a sentir un deseo irremediable de ti, imagino mi cuerpo sembrando en tierras pardas la almendra de tus ojos, las palabras quedan ahora inanimadas, pierden su significado, secas hasta carecer de sentido, se suspenden, atravesando el espacio ocre de lo indescifrable. En la planicie me aqueja una sutil molestia, un vacío mío, una desesperación que se contrae y se expande, una implosión, una burbuja elemental, que levita armónicamente en el líquido amniótico de la existencia; comienzan ahora a sonar los sortilegios, se elevan arremolinándose hacia la soledad, acto reflejo, aparece la luna, remontada en el centro de la negrura del cielo, como pintada por algún animal surrealista.
Tú sonríes, te creas esa atmosfera de ligereza y dulzura, es entonces que me asaltan unas ganas irremediables de contarte mi angustia, de morderte la carne gruesa de los labios, de encaminarnos en corrientes y preguntarte, con los misterios que la noche me confiere,¿ por qué vos sonríes así?,¿ por qué vos te vas y no me esperas?, ¿Por qué vos me notas triste y no me das  tu voz?; sobre la mesa, el café ahora está frío y se ha aquietado en su superficie, desde lo abismal del cielo, los astros derraman su luz sobre la tierra; cierro los ojos y al último cigarrillo doy la última calada, intento dar un sorbo al insípido café pero lo derramo sin querer sobre esta hoja, vos para mí no te derramas, ni cálida ni tibia, vos te alejas…fría.
Tal vez será que sabes adentrarme con sigilo en la nocturnidad con ese vestido de verano, como la tarde adentra a las aves intranquilas en la profunda y tibia noche, mostrándoles su ultimo fulgor de helio, pero tal vez por eso mismo sea también que en ciertas ocasiones te odie, odie tu ser y tus muslos tiernos, y comience ahora a odiarte aún más porque sé que vienes a platicarme de ti, porque con aparente ingenuidad me preguntas si quiero saber, no das tiempo a mi respuesta, (aunque tal vez no logre formular alguna),comienzas, suavizas el tono, de pronto creo que comenzaras por describir el viento, pero empiezas por hilar nubes y arrecifes; te acercas, tu
boca dice que Cibeles es hija del cielo, que en su plexo, gametos centellean y desde él se desprenden fotones, que anhelan alumbrar la diáfana oscuridad de los ciruelos.




Por Basquiat.


 

 

martes, 23 de abril de 2013

Menú diminutivo.

Me encantas concentrado,
tu expresión suave
se torna fuerte;
me encantas, seriecito.

Tu boquita se levanta
¿Quieres besito?
Me fascinas, trompudito.

Tienes todos tus sentidos atentos
te pones tan bonito;
calladito.
 
Por Arai G.