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martes, 7 de mayo de 2013

Ya no quedan casualidades buenas


Esa chica, esperaba sin esperar una señal divina. Tal vez la casualidad más grande de su vida.
Sucedió por azares del destino, de algún modo no previsto, pero su alegría tomaría un solo sentido.

Un lunes por la mañana, subía al metro, como lo acostumbra a hacer solo en el inicio de semana. Leyendo a Vargas Llosa, en la pagina donde recuerda perfectamente esta línea: “Tuya, tuya, tuya. La fetichista de los nombres.”Concentrada en su lectura, se le nota su expresión perdida, hundida en las letras de ese, su libro favorito.

Percibe una mirada en su rostro, de esas que se clavan, parecía ser devorada por esos ojos oscuros, que se ocultan debajo de esos grandes arbustos que pretenden ser unas cejas. No recuerda más que aquella mirada desconcertante que aprisiono su mente, convirtiéndola en una masa gigante de ideas pensando, ¿qué es lo que tenía ese chico?, que sin siquiera haberle dicho una palabra, basto su mirada para saber que con él, se iba a empapar el alma.

Su vida no va a ningún lado, solo transcurre, viaja, se ahoga, se esfuma, siente que se escapa como el agua por sus dedos. Es su juventud.
Sus dos décadas la deprimen, se consume. Permanece estática.

El nombre de aquel pasa por sus oídos por primera vez, lo escucha, lo ve, lo saborea, lo huele, lo toca. Y se aparecen frente a sus ojos, la líneas de Marito: “La fetichista de los nombres” pero solo sería de su nombre que, al pronunciarlo le recorría una culebrita por la espalda. No era menos que sentir el nombre de dios en su lengua. Claro, si dios mismo tuviese nombre.

Él es como todo lo que ha aprendido en sus veinte años: es lo que los Beatles describen en sus canciones, lo que Benedetti escribe en su poesía, él es como un mambo de Tin-Tan. Es, para ella, los hoyuelos en sus mejillas que se dibujan con su sonrisa.

Simplemente es el desconocido, que le robo en un beso, su conciencia.


Por Arai G.

martes, 30 de abril de 2013

Illusive Man



Empezaré por tus pies,
grandes y delgados como tú;
tus piernas largas, palidecidas,
por el uso de pantalones ajustados.
Eres alto, que es tan difícil escalarte.

Brazos escuálidos, casi de piel pegada al hueso
tus muñecas, que dejan ver tus venas.
Y tus manos, ¡Oh tus manos!  Tan grandes y de dedos largos;
son las mejores manos que he tomado.

Tu cuello que deja ver el fruto prohibido,
asomándose sólito, por voluntad propia.
Me he sorprendido al ver tu mentón, cubierto de hormiguitas
que llegaron a habitarte, de pronto.

Tu cara, que no me canso de mirarla;
y no bastan mis palabras, ni la tinta de esta pluma
para describirla.


martes, 23 de abril de 2013

Menú diminutivo.

Me encantas concentrado,
tu expresión suave
se torna fuerte;
me encantas, seriecito.

Tu boquita se levanta
¿Quieres besito?
Me fascinas, trompudito.

Tienes todos tus sentidos atentos
te pones tan bonito;
calladito.
 
Por Arai G.

martes, 16 de abril de 2013

¿Porqué eres tan alto?

Llego puntual a nuestro encuentro,
te saludo cordialmente, intento no correr a tus brazos
te presentas tan majestuoso a mis ojos, que no puedo más
y me derrumbo.
 
Me abrazas, y me embriagas con ese olor tuyo
la peculiar mezcla perfecta entre tabaco y colonia
no puedo dejar de aspirarte.


Me has hecho como has querido, infeliz.
me has alimentado, como a las a ves
de a poquito… con migajas.


Tengo la vista tan nublada. ¿Me has hecho llorar otra vez?
Siento tus dedos pasando por mis mejillas sonrojadas
             (el rojo que solo tú provocas)
los deslizas suavemente, secando las lágrimas, una a una.


Susurras a mis oídos: “aquí estaré y que no me iré”.
                 ya no te creo nada, blasfemo.
Pretendo disfrutar solo este pequeño momento.


Te enredo entre mis bazos, los ajusto a tu cuello
y poniéndome en puntitas intento besar tus labios.


         ¿Por qué eres tan alto?
                                        ¡No te alcanzo!
 
Por Arai G.





martes, 9 de abril de 2013

Hacia ti.

Camino, doy un paso tras otro;
no permito que la impaciencia
de los que pasan a mi lado, me atrape;
voy sin prisa.

Me hundo en el espacio,
tengo el tiempo que yo quiero;
disfruto del sol que me ilumina
y del viento suave que alborota mis cabellos.
Voy paciente a tu encuentro.

Observo todo y a todos, sus expresiones me intrigan;
quiero algo que contarte, pienso que mi trayecto
te puede resultar interesante.

Llego, con mis ojitos brillosos
los que te atraparon
desde el primer momento que te miraron.
Me acerco, poco a poco
y olvido quien soy, de donde vengo;
pero no olvido a donde voy…
Me dirijo hacia ti.
 
Por Arai G.
 

martes, 12 de marzo de 2013

Ojos misericordiosos.

Esos, tus ojos misericordiosos.

Me vez, y tus ojos me dan calor.
Siento que estoy en mi hogar;
me vez y tus ojos me dan paz.

Esos ojos color café
me dan la sensación
de que los he visto desde siempre.

Tengo el placer de mirarlos a diario
y resulta aun más placentero,
saber que yo en ocasiones cruce por ellos.

Pero me causa rabia, envidia, celos…
Le tengo hasta odio;
a la que tenga el privilegio de que tus ojos
(esos ojos que me encantan)
la miren con amor.
 
Por Arai G.

martes, 5 de marzo de 2013

Quiero hacer con usted, lo que la primavera con los cerezos.


Quiero hacer con usted, lo que la primavera con los cerezos.

 

Disculpe el atrevimiento, pero lo observo

pensativo, distante, ido.

Quiero preguntarle qué piensa, me intriga su mente,

y su voz apenas  la conozco.

 

¿Está usted vivo o sólo lo imagino?

 

Lo miro paciente, ahí, quieto, tranquilo,

inhalando y exhalando, y con cada paso de su respiración

s me eriza la piel.

Me atrae joven  de los ojos cafés;

Y lo único que tengo de usted es un ademán con su mano

     (l derecha para ser exactos)

y la sonrisa, que cada que me otorga la dicha de observarla

me siento realizada. En calma.

 

¿Me respondería una pregunta?

¿Podría sentarse a mi lado y brindarme su presencia?

 
Por Arai G.

 

miércoles, 27 de febrero de 2013

Bastó mirarte.

Sólo me basto mirarte de lejos,
casi pareciera que me ocultaba de encontrar tu presencia.

Mirarte, analizarte, imaginarte.
Sólo eres la idea que tengo.
Observarte, pensarte, creerte.
Tener tu concepción en mi mente.

Eres un total misterio, siempre mirando con ojos perdidos.
¡Que lejano estas! Y pareciera que te vas aún más.

Podrías pasar un rato, aquí a juntito, hablando sin hablar.
 
Por Arai G.

miércoles, 20 de febrero de 2013

Ghost

Me has dejado miles de fantasmas;
y cada uno lleva tu marca.

Las impresiones de tus manos surcando mis oleajes,
los fantasmas de tus ojos mirando fijamente a los míos
como si fuesen infinitos mares.

Me haz dejado, el fantasma de tu voz, inundando mis oídos,
y qué decir del espectro de tus labios adheridos a los míos.

¡Qué ironía!, te haz ido, pero aquí, te quedaste.
Te fuiste sin dejarme.
Y tengo la incertidumbre de que alguna vez exististe.
 
Por Arai G.

martes, 12 de febrero de 2013

Quiero leerte.

Quiero leerte, página por página;
quiero atreverme a descifrarte.
Indagar en cada una de tus líneas
y entender cada una de tus letras.

Explorarte e ilusionarme con tu principio.
Engancharme en el clímax de tu historia,
e imaginar el final indicado,
solo para llevarme la sorpresa,
de que tu final es mejor que el esperado.

Quiero leerte, como si fueras un libro
que cualquiera podría leer, pero
nadie, nadie excepto yo…
Llegara a entender.
 
Por Arai G.
 
 

martes, 5 de febrero de 2013

"The beggining"

Él la vio, sentada ahí, sola en aquella parada de autobús. Ella lo vio, cruzando la calle acercándose de pronto. Ellos, se vieron. Sin más preámbulos, sonrió y ella también. Se sonrieron por primera vez. No sabían que esa sería la primera sonrisa de muchas entre ellos.
Tomaron asiento, la acompañaba sin decir una palabra, Solo quedándose ahí, disfrutando del sol que iluminaba esa cara. Se animó a hablarle, justo cuando se alejaba, le dijo su nombre.
Ella jamás olvidaría ese nombre.

Se fue, él se quedo, preguntándose si en algún momento volvería a encontrarla. No sabía nada de ella. Solo que estaba ahí, esperando.
Paso mucho tiempo hasta su siguiente encuentro, pero ninguno de los dos habría olvidado esas sonrisas, que prometían otro encuentro.
Sin adivinarlo, la casualidad más grande de sus vidas, los puso en el mismo lugar, como si hubiese sido algo más que eso, una casualidad.

Era un lugar enorme, pero a sus ojos parecía una pequeña habitación, lo vio cruzar por la puerta principal de ese salón, tal alto y distinguido, con un semblante de pocos amigos. Dudo por un momento de su presencia, pero abrió sus ojos y se dio cuenta que no era falso, no podía ser otro más que aquel chico de la sonrisa de niño. Con paso incierto, pero decidida se acerco a él, le toco el hombro con una caricia suave, instantáneamente el mundo se volteo para ellos dos. Se conocieron por un par de horas, pero no necesitaron más para saber que en ese momento comenzaría el resto de sus vidas.
 
 
Por Arai G.

martes, 22 de enero de 2013

Sin existir.

El furor de las mañanas reflejan la extrañeza de los días,
que vienen a mecerse como el oleaje del mar,
y pasan inciertos sin destino, sin final.


La bruma que hay me hace pensar en todo,
aparecen de pronto los recuerdos,
en ese momento todo lo cuestiono.


Mi mente se ha ido de ahí, ya no estoy,
pareciera que me estoy viendo como si fuese un espectador
del propio mundo que girando me rodea,
puedo verme libre de todo atavismo, libre de mi.
Desearía permanecer así, sin existir.


Por Arai G.

martes, 15 de enero de 2013

Recórreme la piel.

Recórreme la piel, como si estuviera escrita en braille,
con la yema rosada de tus dedos.
Recórreme la piel, como si fueran dulces palabras
que quieres pronunciar con tus labios.


Date un paseo por éste mi camino,
que fue hecho como laberinto
para que te quedes aquí.
Quietecito.


Tienes que observar cada detalle,
cada movimiento, seguido de una ojeada
porque no sólo mi boca te habla;
y mis ojos, guardan más que miradas.


Recórreme, como si fuera el último camino
que vas a cruzar.



Por Arai G.


martes, 8 de enero de 2013

Sin título.


Puedo nombrar una en una,
todas esas cosas que me enloquecen de ti.


Como esa mueca que haces cuando te sabes en lo correcto,
o ese caminar tan particular,
así justo como si el suelo no mereciera tus pasos,
pero más me enloquece cuando esos pasos se dirigen hacia mí.


Tus brazos escuálidos que saben el momento indicado para envolverme,
Acompañados de esas manos grandes con dedos largos y delgados,
que van dibujando cada uno de mis rasgos,
Y que delicadamente se pasean por mis largos cabellos castaños.


Me derrumbas con cada respiración que exhalas cerca de mi cuello,
pero ¡Oh vaya! Si de cuellos hablamos
el tuyo es un monumento de marcadas venas
y con una prominente montaña, ahí merito en el centro.


Sigo subiendo por ti y llego a esas orejitas, amor mío,
tan suaves y no dejo de besarlas,
voy escalándolas como si escalara el Himalaya.


Pero tu clímax, es tu carita de querubín,
bañada en inocencia y ternura…
¡Qué te lo crean otras! ¡Cínico!
Si estás todito lleno de una malicia quebrantadora
que me hace temblar las rodillas y caer en tus encantos.

¡Oh! Me haces dar los peores giros y desconocerme.
Me vuelves… Nos volvemos inciertos.


Por Arai G.

martes, 25 de diciembre de 2012

Éste diciembre frío.

Éste diciembre se siente más frío.

Escucho la música de los viejos,
la que hablaba del amor que duele,
del que se goza, el que se siente
por el que se muere.


El nuestro no fue así,
poco se gozó,
sin embargo ninguno murió…
Pero como dolió.


Han pasado ya tres diciembres y esté se siente más frío
¿Será por el calentamiento global?
Yo tengo mi teoría…
Yo creo que es porque te has vuelto más cruel.


Yo sólo espero que tú te estés cubriendo del frío.





Siento en el alma unas ganas inmensas de llorar,
tú me haces falta y juré no decírtelo jamás.
Yo quiero hacerte con mis lágrimas un collar de perlas,
déjame llorar porque hoy que te perdí.
Queriéndote olvidar me acuerdo más de ti.
Si es un delito amar, delincuente soy
porque no he de pagar las culpas de mi amor.
Yo quiero hacerte con mis lágrimas un collar de perlas,
déjame llorar, porque hoy que te perdí.
Queriéndote olvidar, me acuerdo más de ti.


Y repentinamente cruzas por mi mente
y deseo haber vivido aquellos años contigo.


Por Arai G.

lunes, 3 de diciembre de 2012

Poema sin título


¿Qué harías si estuvieras
leyendo todas mis líneas?
Estarías sentado, paciente
en calma, leyendo en silencio,
como quien disfruta de una lectura amena
de la que se siente ajeno.


O, podrías estar creyendo las palabras
esas, que estas plasmadas
en estas hojas blancas, y que alguna vez
tuvieron la dicha o la desdicha de ser
hechas para ti. ¿Las sentirás igual?
Me inquieta esa duda.


Mientras tanto…
Yo sigo escribiéndolas,
con la esperanza de que algún día
te topes con ellas.

Por Arai G.