viernes, 25 de enero de 2013

Difícil


Yo sé lo difícil que es,
voltear hacia un lado
y ver los ojos de esa persona.
Sin embargo,
yo lo hice
y te encontré.
No buscaba nada
y ahí estabas
con tu risa boba
y tus ojos cafés.
Mencionabas cosas,
no entendía mucho
pero me hacías reír.
Te metiste en mí,
en mi mente.
¿Acaso es muy difícil
que tú,
ojos bonitos,
voltees a un lado
y sientas
lo que yo sentí?

Anónimo.

miércoles, 23 de enero de 2013

La bruma en los labios partidos.

En el ayer vivía, recorría siempre su cabeza
esa imagen nítida del perfumado atardecer,
que los labios agrietados hoy ya no sentían.

Pensaba en esa bruma;
Las manos exaltadas y el correr,
los versos, las risas, ese recuerdo.
Miles de nociones recorrían su cuerpo,
guardaban ese secreto tan ambicioso de ser.

El viento fue el único testigo,
la tierra no quiso saber más,
el recuerdo escapó cansado de tanto regresar,
todo se tornó amorfo en aquella melancolía.

Deseaba seguir fuera de ese recuerdo,
quizá hubiese podido, pero la vida misma
no encontró una razón para dejarla.



Carlos Osorio.

martes, 22 de enero de 2013

Sin existir.

El furor de las mañanas reflejan la extrañeza de los días,
que vienen a mecerse como el oleaje del mar,
y pasan inciertos sin destino, sin final.


La bruma que hay me hace pensar en todo,
aparecen de pronto los recuerdos,
en ese momento todo lo cuestiono.


Mi mente se ha ido de ahí, ya no estoy,
pareciera que me estoy viendo como si fuese un espectador
del propio mundo que girando me rodea,
puedo verme libre de todo atavismo, libre de mi.
Desearía permanecer así, sin existir.


Por Arai G.

lunes, 21 de enero de 2013

Amor en cuatro tiempos (Segunda parte).


Fuck the presents might as well throw em out.
 
–Lucero, don Santiago, cómo están. Qué grata sorpresa –dijo Julieta al abrir la puerta de su casa.
–Es tu cumpleaños, querida, jamás podríamos faltar –respondió doña Lucero al abrazar calurosamente a su nuera.
–Gracias. La verdad no saben  lo agradecida que estoy al verlos aquí en nuestra casa.
–Muchas felicidades –mencionó don Santiago con afabilidad.
            Familiares, amigos y conocidos se reunieron en la calle de Efebos número cuarenta y dos para festejar el cumpleaños de Julieta, la embarazada esposa del notable Santiago. Las felicitaciones llegaron a su puerta por montones. Abrazos por aquí de las tías lejanas de la familia, obsequios por allá de los amigos que poco se dejan ver, y la grata felicidad de una pareja, de  compartir nuevamente un cumpleaños. Los regalos se amontonaron en una esquina mientras Julieta agradeció, sonrió y abrazó a cuanta persona se presentaba por la puerta principal para congratularla con afecto.
            Los padres de Santiago disfrutaban de platicar con las demás personas del lugar, sobre sus experiencias personales, sus logros y las historias más curiosas de la cotidianeidad.
            –Sí, mi esposo una vez luchó contra un cocodrilo cuando viajamos al Amazonas –dijo doña Lucero–  por poco y pierde el brazo entero.
            –No exageres tanto querida –corrigió don Santiago– sólo hubiese sido la mano.
Mientras doña Lucero contaba las historias inverosímiles de sus viajes a Sudamérica, Santiago rondaba por las orillas de la cocina sazonado los bocadillos varios que ofreció en la fiesta. Iba y venía en un constante periplo entre la sala y el patio; y la inalcanzable cocina. Algunos se detenían a felicitarlo por su próxima paternidad, otros se burlaban pensado que era el mesero. Sin embargo el disfrutaba del ambiente tan alegre que custodiaba su hogar y en especial que merodeaba a su adorada esposa. 
Julieta se desternillaba en pláticas enredadas con sus amigas de la adolescencia, en las cuales recordaban aquellas vivencias acompañadas de los novios inmaduros y las fiestas inmemorables. Recibió consejos de maternidad y hasta la terrible experiencia de una de ellas y su hijo autista que pintaba caballos en los baños de la casa.
Al pasar un par de horas, Santiago se ubicó en una silla solitaria de la cocina y se sirvió algo para tomar. Jugó en la mente con los puntos del techo y sin percatarse, su padre lo sorprendió por la espalda como lo hacía en los días de su niñez.
–¡Santi apaga las luces nos atacan los ogros! –gritoneó don Santiago.
Santiago dio un pequeño brinco en su asiento y volteó con una sonrisa a abrazar a su padre.
–Nunca cambias papá –respondió– siempre tan alegre.
–Pues este día es para festejar Santi –contestó su padre– es el cumpleaños de la bella señorita que tienes por esposa.
–Gracias padre –exclamó Santiago al dejar en la mesa un plato de bocadillos–. No sabes lo feliz que soy al estar con ella.
–¿Cuánto tiempo llevan de casados? –preguntó don Santiago.
–Dos años y medio papá –dijo Santiago.
–Cuídala mucho hijo –enunció el hombre de pronunciadas entradas–. Mujeres como esas sólo se encuentran una vez en la vida.
–Claro papá –aseguró Santiago.
            En la sala y el jardín la reunión se tornaba animosa. Algunos amigos de Julieta se acercaban para preguntar si podían tocar su pansa y sentir al bebé en su vientre. Ella encantada se los permitía. Tras algunos vasos de limonada y bocadillos de queso y fruta, Julieta tuvo la necesidad de usar el baño. Se desplazó a paso ligero pero veloz por el mar de gente de la sala, y llegó con disimulo. Al ver que la  mujer embarazada necesitaba usar el baño, los integrantes de la fila se hicieron a un lado y la dejaron pasar sin alegar. Al salir del cuarto de aseo la sorprendió por la espalda la fría mano de uno de sus amigos de infancia, al cual no había visto en años.
            –Julieta, ¿Te acuerdas de mí? –dijo el amigo misterioso.
            –Sí, claro, cómo podría olvidarme de ti si estuvimos tres años en la secundaria –respondió Julieta con gran entusiasmo.
            –Qué bueno –contestó el sujeto–. Por un momento pensé que se te había pasado. Me da gusto verte después de tantos años y además embarazada. Qué rápido pasa el tiempo.
–Sí –sostuvo la animada esposa–, los giros que te da la vida. En un momento juegas con los niños en fantásticas aventuras en el jardín, y al otro te conviertes en una mujer decidida, trabajadora y con un hijo en camino.
            –Me da mucho gusto por ti Julieta –aseveró el sujeto–. Espero que a pesar de todo aún podamos seguir viéndonos.
            –Por supuesto querido –dijo Julieta–. Me fascinaría que retomáramos contacto.
            –Pues entonces te dejo mi número –respondió el hombre–. Tienes dónde apuntar…
            –Julieta, cariño, ven a ver el regalo que te compró Santiago –gritó don Santiago al acercarse a Julieta e interrumpir su conversación.
            Todos se amontonaron en la entrada principal esperando la llegada de Julieta. Entre cánticos de las mañanitas y el entusiasmo de varias personas se vislumbró un automóvil plateado último modelo. La nueva dueña del vehículo, emocionada saltó por los aires y se acercó a su esposo.
            –Feliz cumpleaños mi vida –recitó Santiago.
            –Gracias mi amor, es el mejor regalo que me han dado –exclamó Julieta al tomar las llaves del carro y encenderlo con apuro–. Eres el mejor esposo del mundo.

Alan Santos.

domingo, 20 de enero de 2013

No hay

No hay regreso para ti
No hay regreso para nada
Y no hay nada en tí.

Me despedí con esperanza
De ver regresar
Las hojas como tapete
del pasto.
Pero no hay hojas
Sólo tierra

Y ya no hay árboles que crezcan
Sólo troncos que mueren
Como los pobres de invierno
Sin piel y sin sueño

No regresaste tu
Regresaron los gusanos
Que comieron de mis ojos

No regresé yo
Sólo las palabras desairadas.
Sólo mis ojos ignorados.

Por Guy.

sábado, 19 de enero de 2013

Carta a Diego Rivera desde el hospital

fridaencoyoacan:


Carta a Diego Rivera desde el hospital

Sr. mío Don Diego:
 
Escribo esto desde el cuarto de un hospital y en la antesala del quirófano. Intentan apresurame pero yo estoy resuelta a terminar ésta carta, no quiero dejar nada a medias y menos ahora que sé lo que planean, quieren herirme el orgullo cortándome una pata… Cuando me dijeron que habrían de amputarme la pierna no me afectó como todos creían, NO, yo ya era una mujer incompleta cuando le perdí, otra vez, por enésima vez quizás y aún así sobreviví.
No me aterra el dolor y lo sabes, es casi una condición inmanente a mi ser, aunque sí te confieso que sufrí, y sufrí mucho, la vez, todas las veces que me pusiste el cuerno…nó sólo con mi hermana sino con otras tantas mujeres…¿Cómo cayeron en tus enredos? Tú piensas que me encabroné por lo de Cristina pero hoy he de confesarte que no fue por ella, fue por ti y por mi, primero por mi porque nunca he podido entender ¿qué buscabas, qué buscas, qué te dan y qué te dieron ellas que yo no te di? Por que no nos hagamos pendejos Diego, yo todo lo humanamente posible te lo di y lo sabemos, ahora bien, cómo carajos le haces para conquistar a tanta mujer si estás tan feo hijo de la chingada…
Bueno el motivo de esta carta no es para reprocharte más de lo que ya nos hemos reprochado en esta y quién sabe cuántas pinches vidas más, es sólo que van a cortarme una pierna (al fin se salió con la suya la condenada)… Te dije que yo ya me hacía incompleta de tiempo atrás, pero ¿qué puta necesidad de que la gente lo supiera? Y ahora ya ves, mi fragmentación estará a la vista de todos, de ti… Por eso antes que te vayan con el chisme te lo digo yo “personalmente”, disculpa que no me pare en tu casa para decírtelo de frente pero en éstas instancias y condiciones ya no me han dejado salir de la habitación ni para ir al baño. No pretendo causarte lástima, a ti ni a nadie, tampoco quiero que te sientas culpable de nada, te escribo para decirte que te libero de mí, vamos, te “amputo” te mi, sé feliz y no me busques jamás. No quiero volver a saber de ti ni que tú sepas de mí, si de algo quiero tener el gusto antes de morir es de no volver a ver tu horrible y bastarda cara de malnacido rondar por mi jardín. 
Es todo, ya puedo ir tranquila a que me mochen en paz.
 
Se despide quien le ama con vehemente locura,
 
Su Frida.


Sr. mío Don Diego:
 
Escribo esto desde el cuarto de un hospital y en la antesala del quirófano. Intentan apresurame pero yo estoy resuelta a terminar ésta carta, no quiero dejar nada a medias y menos ahora que sé lo que planean, quieren herirme el orgullo cortándome una pata… Cuando me dijeron que habrían de amputarme la pierna no me afectó como todos creían, NO, yo ya era una mujer incompleta cuando le perdí, otra vez, por enésima vez quizás y aún así sobreviví.

No me aterra el dolor y lo sabes, es casi una condición inmanente a mi ser, aunque sí te confieso que sufrí, y sufrí mucho, la vez, todas las veces que me pusiste el cuerno…nó sólo con mi hermana sino con otras tantas mujeres…¿Cómo cayeron en tus enredos? Tú piensas que me encabroné por lo de Cristina pero hoy he de confesarte que no fue por ella, fue por ti y por mi, primero por mi porque nunca he podido entender ¿qué buscabas, qué buscas, qué te dan y qué te dieron ellas que yo no te di? Por que no nos hagamos pendejos Diego, yo todo lo humanamente posible te lo di y lo sabemos, ahora bien, cómo carajos le haces para conquistar a tanta mujer si estás tan feo hijo de la chingada…

Bueno el motivo de esta carta no es para reprocharte más de lo que ya nos hemos reprochado en eésta y quién sabe cuántas pinches vidas más, es sólo que van a cortarme una pierna (al fin se salió con la suya la condenada)… Te dije que yo ya me hacía incompleta de tiempo atrás, pero ¿qué puta necesidad de que la gente lo supiera? Y ahora ya ves, mi fragmentación estará a la vista de todos, de ti… Por eso antes que te vayan con el chisme te lo digo yo “personalmente”, disculpa que no me pare en tu casa para decírtelo de frente pero en éstas instancias y condiciones ya no me han dejado salir de la habitación ni para ir al baño. No pretendo causarte lástima, a ti ni a nadie, tampoco quiero que te sientas culpable de nada, te escribo para decirte que te libero de mí, vamos, te “amputo” te mi, sé feliz y no me busques jamás. No quiero volver a saber de ti ni que tú sepas de mí, si de algo quiero tener el gusto antes de morir es de no volver a ver tu horrible y bastarda cara de malnacido rondar por mi jardín.
Es todo, ya puedo ir tranquila a que me mochen en paz.
 
Se despide quien le ama con vehemente locura,
 
Su Frida.

viernes, 18 de enero de 2013

(I)Intuición

Desaparecemos en un momento
En aquel que cerramos los ojos
Tus manos dejan de tocar
y la luz que entra por tu ventana desaparece

A veces faltas
A veces sería mejor que no estés
Pues la mirada que te tengo
es de puro deseo y placer

No hacen falta caminatas en un parque
Para saberlo
Ni agarrar mi mano cuando estoy cansado

Falta sólo una mirada
Que siga la intuición.

Por Sebastián González de León y León.