jueves, 17 de mayo de 2012

Soneto


Y con esa figura que contemplo
¿Cómo puedo querer morirme ahora?
Ni siquiera recuerdo ¡Nueva Aurora!
Si yo estaba dormido o ya despierto

¿Cómo puedo olvidar este momento?
Pues el ser para estar despierto implora
Y aunque sé yo que ya ha llegado la hora
¿Cómo debo aguantar el sufrimiento?

Debo ser de mi muerte un fiel testigo
Debe el alma morir entristecida
Debe el cuerpo aguantar el cruel castigo

Debo ahora olvidar pasión querida
Debo ser mi asesino, ¡mas sonrío!
Pues yo sé: ¡te veré en próxima vida!

Por Ari Ben Ramírez Villegas.

miércoles, 16 de mayo de 2012

A ella.



Es que ahora soy parte de tu pasado,

comparto mi sosiega existencia contigo,

recorremos el sendero de los recuerdos,

y  caminamos hacia el infrecuente amor.


Es la incertidumbre de mis acciones,

mi pensamiento  ilógico y no secuencial,

lo que hace que comience a quererte,

las decisiones que prefiero son las de estar a tu lado,

y entrar en perfecta armonía con tu esencia, donde

peligrosamente me ahogo en hermosos sentimientos,


Los ademanes de mi, son por tu encanto,

contemplo la música que haces al actuar,

la más hermosa canción gesticulas al querer amar,

entonces, me poso en sortilegio de lo que no podemos presagiar,

solo espero poder amarte algún día, y si me lo permites,

seas confidente compañera mía.


martes, 15 de mayo de 2012

Peceras


Como claridad sublime, lo etéreo dejó atrás. Como silenciada clausura, sonrojada lubricó miradas faltantes. Como cristalizada madera, hirvió las nubes dentro sartén viviente. Como clásicos eternos, ubicó locuaz alumbrantes sinceridades. Como sintética medida, coloreó orillas intermedias. Como lunas brillantes, flores colorantes derrumbó con único corte. Como sonriente suicida, todo, lentamente. Como viviente, dibujado -apenas descubierto- todo.

Por Lucía Labra.

lunes, 14 de mayo de 2012

Pasional 7. Sobre sillones.


Los sillones son perfectos para entablar relaciones de diversa índole. Son cómodos, acolchonados y efectivos para sentarse comiendo besos y caricias casuales sobre o por debajo del pantalón. Se disfrutan entre los casados, los amantes, los amigos, los desconocidos  y todos aquellos que prefieren la sensación fugaz del momento, de las pelusas en la indumentaria; que la discrecionalidad y el misterio escondido de las camas matrimoniales.

A los sillones no les molesta que las pasiones se desaten sobre ellos, mientras los que estén encima no sean orondos robustos de intenso arrebato, o enamorados primerizos que dejen caer algún fluido desconocido en el terciopelo decolorado.

Alan Santos.

domingo, 13 de mayo de 2012

Trivialidades.




Entonces la vida esta posada ahí,

Tan inerte como la decisión que tomas,

y que es la vida, si no la condena de la libertad,

la libertad que a todos persigue y angustia.


Pero la angustia hace interesante todo,

decides lo indecidible, haces lo que eliges,

riges la vida misma, la vida que te rodea.


Es desear amar, querer conocer,

mirar, expresar, reconocer, enumerar…

encontrar la decisión es complejo,

nada más complejo que vivir.


Lo humano se crea decidiendo,

tu afinidad por lo trivial es tan importante,

como lo es tu más grande decisión,

creer que existe un dios,

o creer que existe un universo,

la eventualidad de las cosas, nos rige,

escoger erige el anhelo humano de alcanzar lo deseado.


viernes, 11 de mayo de 2012

El último horizonte


Despertó cuando el quinto rayo de luna acarició su párpado izquierdo suavemente y la brisa del mar le dejó un sabor de boca salado. Estaba completamente solo en su pequeña balsa, formada por no más de veinticinco palitos. Hacía frío y su abrigo yacía en las profundidades del océano; ni siquiera recordaba qué día lo había perdido porque el tiempo carecía de sentido para él. Ya no importaba si era lunes, martes, miércoles o qué. Estaban él y él, ahí sentados esperando ver tierra firme. Sus pies habían olvidado cómo caminar, y su voz había olvidado su nombre.

Era un náufrago, un pequeño náufrago.

Muchas veces imaginaba que era un pirata en busca de algún tipo de tesoro escondido en algún tipo de isla, para hacer el viaje más ameno.

El día que se marchó de casa no le dijo a su madre que la quería ni le dio un beso. Para ser más precisos, sí había salido en busca de un tesoro que no tenía nombre ni se parecía a nada que el ser humano pueda imaginar aún.

Su partida tuvo lugar el 23 de octubre de 2002. Una noche estrellada como ninguna otra en la que casi podía escuchar los cristales de las estrellas que clamaban su nombre con suavidad y le decían quedo, muy quedo -¡Ven! que aquí no estamos destinados a desmoronarnos- Y por alguna razón se le ocurrió que ir por mar hacia las estrellas era la mejor opción, no preguntemos por qué, pero así era, sonaba como lo más lógico y congruente.

Sin aviso, lo invadió una tristeza prácticamente infinita; lo abrazó con tal fuerza que llegó a pensar en bajar de la balsa y convertirse en parte de los secretos que oculta el mar. Y a lo lejos, en el horizonte magenta una estrella descendió y flotó hacia él seguida por un delgado hilo de plata que la mantenía pendiendo del cielo,  le informó que estaba cerca y besó su enrojecida mejilla como si fuera su madre. Una sonrisa saltó a su rostro y tomó el único remo que le quedaba, avanzando hacia un destino incierto, guiado por la suave voz de una estrella. Resulta que todo su viaje había sido nocturno, los rayos del sol jamás se asomaron para guiarlo. Y eso le parecía bien, le parecía perfecto, inigualable. Único.

Un ruido, y después una gran burbuja que estuvo cerca de voltear su nave. ¡Ya debía estar cerca! ¡Los confines del mundo le esperaban! ¡Qué gran emoción invadió su pequeñito corazón de escasos 10 años! Y todo apuntaba a que su teoría de explorador experimentado era cierta: La tierra es cuadrada. En algún punto la humanidad inventó que ésta era redonda para que no se perpetuara ese miedo por caer al infinito, a la nada, a la oscuridad, al vacío.

Las nubes se arremolinaron en torno a la luna, creando un tornado estático, inmóvil. Una gran ola se incorporó frente a su pequeña balsa y vio la cola de lo que aparentaba ser un monstruo marino, que rugió como un estómago que no ha comido nunca, y dijo “¿Quién eres tú para pretender acercarte a la última esquina del mundo? ¿Acaso eres tan valiente? Repito, ¿Quién eres tú?”  El aliento de lo que parecía ser un dragón movió su rojiza cabellera y el pequeño no supo contestar a la pregunta. -¿Quién soy yo? Podría decirte qué hago, más no quién soy. Pero intentaré contestar... soy un experimentado marinero, que fue pirata por más de cien años, el sol nunca calentó mi pálido corazón, y justamente voy en busca de algo certero, que no se encuentra aquí, no en este tablero de juego.-


Aquella respuesta dejó atónito al monstruo. siglos atrás los marineros con gran preparación habían intentado herirlo y en el mejor de los casos asesinarlo, mas jamás habían contestado a su pregunta.  Una pesada lágrima verdosa bajó por su hocico, cayendo sobre el pequeño, dejándolo sentado en su barca, por la fuerza. El niño lo miró con sus grandes ojos oscuros, lo analizó muy bien. Se dio cuenta de que el monstruo sólo necesitaba un amigo y nada más. Le abrazó, y lo hizo con tanto amor que a la criatura marina no le quedó mas que regresarle el gesto con un suspiro tan profundo y hondo como el mar, se sumergió de nuevo, le dio el paso. De su existencia no quedaron mas que los sonidos de las burbujas que reventaban en la superficie.

Y ahí lo vio, el último horizonte, su barquito estaba ya con la mitad fuera de la tierra, sólo faltaba un último empujón que fue proporcionado por una ola. Se dejó llevar. Lo que vio después lo dejó perplejo: eran miles y miles de cristales, brillaban tanto que tuvo que cubrir sus ojos con un brazo, ¡jamás había visto tantos! En la ciudad donde solía vivir sólo se veía una bruma espesa que hacía imposible el avistamiento de los cuerpos celestes. Quedó maravillado, eufórico. Continuó remando. A lo lejos vio el grupo de estrellas que lo llamó la noche en que partió de casa, y con gentileza hicieron ademanes para que las acompañara.

Una melodía metálica formó una corriente que lo llevó rápidamente y sin titubear hacia su destino. Y cuando llegó, abrazó a cada una de las estrellas presentes, como si las conociera de vidas atrás y las hubiera extrañado como se extraña a quien muere inesperadamente. Llenó el vacío de su corazón, y lloró de felicidad.

Durmió recordando que todo lo anterior había sido mundano, efímero, pasajero, y que se lo había llevado el viento. Durmió sabiendo que los horizontes habían desaparecido, que los límites no existían ya, que vivía con las estrellas. Sintió cuando ensartaron en su espalda el hilo de plata tejido por las magníficas arañas que tejían el universo y la existencia. También sintió cuando comenzó a flotar y se convirtió en otra estrella que brillaría por casi toda la eternidad, y que, cuando se apagara, la luz viajaría por miles de años para iluminar el planeta del que fue parte una vez.

Y así se extingue la aventura del pequeño marinero que guiado por sueños viajó hasta el fin del mundo para colgar de un hilo de plata por el resto de sus días.



Por Natalia Monterrubio.

jueves, 10 de mayo de 2012

El Águila no puede volar


El águila alza la vista, no puede volar
Intenta hallar el nopal, no encuentra a la serpiente
En vano bate sus alas, no cabe en su mente
Que al pueblo que tanto la busca le ha de fallar

El pueblo pierde esperanza, ¿cuándo va a parar?
Sufre de impotencia y de miedo hacia lo inminente
Pues corre peligros, se ensangrienta su presente
La inseguridad va suelta, ¿quién ha de escapar?

Lanzan preguntas al viento, quieren una pista
Buscan la solución donde sólo habrá terror
Cuando la respuesta la tiene el joven artista

El águila ve al joven, reconoce valor
Y a éste al mirar al águila le brilla la vista
Sabe que la ha de salvar por borrar el temor

Por María Fernanda Rodríguez Toral.