domingo, 9 de septiembre de 2012

Te siento


Lo nuestro es como un viaje sinuoso
Obstáculos, caricias, inocentes coqueteos
Un amor joven, pero de tiempo canoso
Pasatiempo hermoso de caracteres alborozos.

Asaltaste mi mente, pletórica de imágenes lozanas
Besos en una fiesta, abrazos en mi cama
Me curas la adustez, la languidez de las mañanas
Esposa de mis deseos, del corazón… mi ama.

Nos conocimos en la cuna, el nadir de la vida
Un matrimonio arreglado, mi más grande bendición
Infantes de piel nívea, y de adultos, amantes de vocación
Nuestros cuerpos en la alcoba, nuestras almas, en una cima alumbrada.

Después de un pacto ríspido y aleve con los dioses
Les pedí que arreglaran un breve rencuentro
Segunda oportunidad, para unir nuestras pasiones
Y pergeñar un futuro de nuestros mundos en el centro.

Ahora eres madre, mujer digna y valiente
¿Frente a ti, quién soy yo sino un gran idiota con suerte?
Pero escucho perfectamente el mensaje del viento:
“Pelea por ella, amigo mío, que M. es tu felicidad”: así es hermosa M.; eso es todo lo que siento.


Por Ur el Goliardo.

sábado, 8 de septiembre de 2012

Érase un país donde todos eran ladrones de Italo Calvino

Por la noche, cada uno de los habitantes salía con una ganzúa y una linterna para ir a saquear la casa de un vecino. Al regresar, al alba, cargado, encontraba su casa desvalijada.
Y todos vivían en concordia y sin daño, porque uno robaba al otro y éste a otro y así sucesivamente, hasta llegar al último que robaba al primero. En aquel país el comercio sólo se practicaba en forma de embrollo, tanto por parte del que vendía como del que compraba. El gobierno era una asociación creada para delinquir en perjuicio de los súbditos, y por su lado los súbditos sólo pensaban en defraudar al gobierno. La vida transcurría sin tropiezos, y no había ni ricos ni pobres.

Pero he aquí que, no se sabe cómo, apareció en el país un hombre honrado. Por la noche, en lugar de salir con la bolsa y la linterna, se quedaba en casa fumando y leyendo novelas.
Llegaban los ladrones, veían la luz encendida y no subían.
Esto duró un tiempo; después hubo que darle a entender que si él quería vivir sin hacer nada, no era una buena razón para no dejar hacer a los demás. Cada noche que pasaba en casa, era una familia que no comía al día siguiente.
Frente a esas razones el hombre honrado no podía oponerse. También él empezó a salir por la noche para regresar al alba, pero no iba a robar. Era honrado, no había nada que hacer. Iba hasta el puente y se quedaba mirando pasar el agua. Volvía a casa y la encontraba saqueada.

En menos de una semana el hombre honrado se encontró sin un céntimo, sin tener qué comer, con la casa vacía. Pero hasta ahí no había nada que decir, porque la culpa era suya; lo malo era que de ese modo suyo de proceder nacía un gran desorden. Porque él se dejaba robar todo y entre tanto no robaba a nadie; de modo que había siempre alguien que al regresar al alba encontraba su casa intacta; la casa que él hubiera debido desvalijar. El hecho es que al cabo de un tiempo los que no eran robados llegaron a ser más ricos que los otros y no quisieron seguir robando. Y por otro lado, los que iban a robar a la casa del hombre honrado la encontraban siempre vacía; de modo que se volvían pobres.
Entre tanto los que se habían vuelto ricos se acostumbraron a ir también al puente por la noche, a ver correr el agua. Esto aumentó la confusión, porque hubo muchos que se hicieron ricos y muchos otros que se volvieron pobres.
Pero los ricos vieron que yendo de noche al puente, al cabo de un tiempo se volverían pobres. Y pensaron: "Paguemos a los pobres para que vayan a robar por nuestra cuenta". Se firmaron contratos, se establecieron los salarios, los porcentajes: naturalmente siempre eran ladrones y trataban de engañarse unos a otros. Pero como suele suceder, los ricos se hacían cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres.
Había ricos tan ricos que ya no tenían necesidad de robar o de hacer robar para seguir siendo ricos. Pero si dejaban de robar se volvían pobres porque los pobres les robaban. Entonces pagaron a los más pobres de los pobres para defender de los otros pobres sus propias casas, y así fue como instituyeron la policía y construyeron las cárceles.
De esa manera, pocos años después del advenimiento del hombre honrado, ya no se hablaba de robar o de ser robados sino sólo de ricos o de pobres; y sin embargo, todos seguían siendo ladrones.
Honrado sólo había habido aquel fulano... y no tardó en morirse de hambre.


jueves, 6 de septiembre de 2012

Impulso inconsciente

puto, 
de nada,
no fue nada...
puto inmensamente,
el chingao más alto
del ambiente chacal.
resbalado cielo intacto,
inalcanzable...
resbalado cielo manoseado
sobrepoblado de sexo.
puto, chingao,
no mames,
no te digo!
repente 
impulso
inconsciente.
remate de besos,
madre
fluido preparado entre las yemas de los dedos.
reto de brazos recios
para quebrar huesitos
mmm
prácticas conjuntas
de perreo.
ensayos frente al espejo...
tonterías,
puterías,
paraísos.

miércoles, 5 de septiembre de 2012


Abrió las aletas a un mundo extraño y nadó en el aire, la inexperiencia lo llevó abajo pero la invitación a lo desconocido lo impulso a flote otra vez. Luz, movimiento, brisa y luz; sobre todo esa luz. Un universo encima del suyo estando escondido tanto tiempo sin nadie que se percatase. Sólo segundos tenía para aletear a través de ese mar de gases antes de descender sin fuerza para oponerse y sumergirse de nuevo a su antiguo mundo, todo nuevo, todo extraño. Un sólo vistazo a la diferencia y te hace dudar de todo lo que creías verídico. La curiosidad le bloqueo el paso al sentido común y sin pensar en peligro, cautela, en que tenía frente a él un espacio que jugaba con sus propias reglas; el pez brincó otra vez. La obscuridad de la noche era tan parecida a la de su hogar, pero la luz... Volteo al infinito firmamento sintiendo ahogarse con sólo ver su profundidad, las estrellas aquí no bailan... la luz aquí no baila. No es como la que él conocía, pero al parecer era la real; luz estática, suave, casi blanca percibida, irradiada por esa gigante y hermosa... ¿Hermosa qué?

Trató de subir más hasta el punto en que sus aletas ya no daban para ascender. Desesperado, pero no menos decidido, continuó. ¿Cómo podía estar seguro que ese "arriba", apenas descubierto, no era sino el abajo de otro arriba, también con sus propias reglas, diferente a todos los demás? Y de otros aún más diferentes, otros incluso escondidos más arriba. ¿La luz bailaría allá arriba? ¿Golpearía? ¿O no existiría?. Dirigiéndose a esa cautivadora esfera blanca, saltó... Y volvió a hacerlo hasta que voló, con aire siempre en las aletas y su esfera blanca en los ojos esperando algún día llegar a su mundo y poder pertenecer. A veces sabe que no podría, a veces le gusta creer que se equivoca. Mientras su luz siga esperando radiante allá arriba existirá un motivo más para volver a saltar. Para ver si allá también bailan, también vuelan. También creen.

Por Sebastián Alberto Pascual Schultze

martes, 4 de septiembre de 2012

Méx-ic

Multiplicidad

  de tiempos
   de lenguajes
de identidades
 de afecciones.


   El ser es multiplicidad:
muchas modalidades del ser
    (mexicano)
    en el mismo
    (mexicano).

Está siempre esa posibilidad de que el ser devenga en algo fijo,
dijo Deleuze.

Fuerza
Choque.

o.

Por Luciano Concheiro San Vicente.

lunes, 3 de septiembre de 2012

Parada del Bus.


 

Me desperté como de costumbre a las seis de la mañana. El bullicio capitalino me levantó como  todos los días: con sus cláxones, gritos desenfrenados, y ruidos intermitentes de  automóviles al pasar. Runrún runrún se escuchaba por mi ventana. Entré al baño aletargado y con una delicadeza y suavidad irresistible, acaricie los bordes de la llave que abrió como un chasquido, la regadera. De ella brotó un líquido frío que se fue matizando hasta volverse caliente, abrasador. Me sumergí en él y descubrí la profundidad de mis pensamientos bajo la lluvia cálida que escurría por mi cara hasta chocar y disiparse en el suelo. Como un androide que se mueve automáticamente, fui limpiando, enjuagando y frotando todas y cada una de las partes de mi cuerpo. El jabón rechinaba pulcro contra mi espalda. El shampoo de frutas se deslizaba por mis cabellos. Y al terminar de asearme, sequé mi figura con la docilidad de un gato siamés.

            Me recosté perdiéndome en la oscuridad de mis parpados, hasta que los ladridos de un perro me hicieron reaccionar como un transeúnte que ha sido sorprendido por un intrépido ladrón. Bajé las escaleras de la casa asimilando el caminar de un zombi, y me serví veloz un plato con cereal y algunos pedazos de plátano cortado. Comí desganado la sustancia sin sabor, admirando el tic toc del reloj que me indicaba que mi tiempo se reducía a pasos agigantados. Dejé los platos en su lugar. Tomé un poco de jugo de naranja, y cogí mi portafolios café cual bólido hasta arribar a la puerta. La abrí; y la puerta crujió. Se escuchó un chillido demencial y la cerré tras de mí, implorando llegar a tiempo a mi destino: la insoportable y eterna parada del bus.

            Corrí azuzado a la parada, y me detuve al perder el aliento frente a una señora oronda y más inmensa que el  mundo. La miré con recelo y sorpresa, y ella lanzó una oteada de desconsuelo. Nos sentamos, juntos, sobre las frías banquitas de metal de la parada, y aguardamos la llegada del transporte colectivo de nuestros anhelos. Observé las apariciones repentinas de varios autobuses que se dirijían a mi destino, pero, en ellos brotaba un problema: iban tan llenos de gente, de masa humana, que las personas salían de las ventanas como cascada. Mi angustia incrementó al observar el mismo patrón una y otra vez. Un autobús, dos, tres, quizás el cuarto se dirigía a otro destino, cinco. Me conmocioné. Los  nervios treparon hasta mis orejas. Y las ganas de que el mundo me tragara y que apareciera por arte de magia frente a mi oficina saludando a mi jefe como el lame botas que a veces soy, me desconcertó. El mundo giró infinitas veces. Hasta que un sentimiento de alegría me invadió al observar un solitario autobús apareciéndose en la otra esquina. Se acercó raudo a la parada, y cuando estuve a punto de tocar la puerta y darle al señor el dinero de mi viaje, la obesa señora se me adelantó y con su terrible masa acaparó todo el espacio sobrante. Lo peor fue la respuesta del chofer ante mi situación tan adversa. “Híjole joven, ya no cabe nadie más. Tendrá que esperar el siguiente”, dijo el maldito. “No se preocupe que ahorita vienen varios más de la base” expresó después de verme tan abatido. “Jódete, maldito imbécil”, respondí iracundo, levantando el dedo cordial de mi mando derecha, y bajando del transporte despechado, a esperar en la parada al siguiente autobús que me transporte a mi destino, sin la odiosa necesidad de compartir espacio, con una gorda inmunda que me respire en la nuca.

Alan Santos.

domingo, 2 de septiembre de 2012

Poema Surreal

Una esfera luce tan bella como el camaleón,
Que con tanto desdén es destruido con un estallido sorpresa
Nadie puede pensar en quien hizo esa terrible mutilación
Pues ya no se puede distinguir entre una esfera y el cuadrado
Ni tampoco un ángel o un camaleón

Ya extraño aquellos días en los que tomaba el pulso a la sucia marrana
No es lo mismo eso a tragarte la acción de una guasca
Extraño los días en los que el Sol tapaba las nubes
Y no existían las paranoias que ahora flotan en el Cielo
Con alguien que solia llamar DiosY aunque por fín, se calló la muda voz del hombre de algodón
Y ahora vive la mujer de mármol, tan fria y tan dura…
como una hoja de maíz.

No vale la pena guardar esas lágrimas de ceniza
Solo conservar el recuerdo de aquella bella esfera.


Por Sebastián González de León y León.