miércoles, 9 de mayo de 2012

Dibujando con palabras la libertad


Cegamos con palabras huecas la razón
Por amor falso de ideas que no existen
Sólo demagogias y palabrerios,
Balbuceos desesperados de engaño
(Y auto engaño)

Nos dibuja la libertad con palabras
Sin entenderla, sin conocerla
Como un maniquí sin opinión
Que viste por ser vestido
Que posa por vender
Por nada, por dinero

Parte el espíritu para hacer daño
Sobre lo inocente
Seca el corazón para regar
Lo que disgusta a nuestras almas
Que quedan ciegas por amor
Construido con palabras huecas

La pregunta de la vida ha desaparecido
Nos han llevado a caminar
Por un cementerio oxidado
Por lamentos que crearon un mar

Explotemos frente a la hipocrecía
Que parte el espíritu
Y seca el corazón con ímpetu
Matando la eterna adolescencia
Que con palabras la libertad profesa.

Por Sebastián González de León y León.

martes, 8 de mayo de 2012

Mátalo

El padre manda a la hija dormir temprano.
La madre manda a la hija vivir temprano.
El mayor hermano manda a la hija soñar tardío.
El menor hermano manda a la hija sonreír

Quien desea, no busca realidades.
Quien claridades, paciente enfermos cura.
Quien soledades, impaciente a varios enferma.

Soliloquio de madera, ven, abre tus
puertas. Convence mi juventud de
alegres venideras claridades.
Soliloquio de madera, ven, extingue al
padre. A la madre
transforma en melodía etérea.

Soliloquio de madera, ven, derrumba al
mayor de los equívocos hermanos. Hunde
su cuerpo maldito, transcribe la historia nuestra,
mátala. Mátalo.
Soliloquio de madera, ven, abraza al
menor de los ensimismados hermanos. Trata
de cubrir aquellos, sus ojos, con tal manto dorado.
Evapora la sal de aquellos, los míos.
Dásela en vaso crista
lizado.

Mandará a la hija dormir temprano.
Mandará a la hija vivir temprano.
Mandará a la hija soñar tardío.
Mandará a la hija sonreír.

Soliloquio, fallas en misión simple.
Soliloquio, fallas.
Soliloquio.

La hija, finalmente, sensibilizada
hasta las uñas, hundirá la certeza del
doquier al por qué.
Dormirá, finalmente la hija
tardío.
Vivirá, finalmente la hija
       tardío.
Soñará, finalmente la hija
               sin sol.
Sonreirá, finalmente la hija
                        sin.

Mátalo, soliloquio. Má
talo, átalo, sonroja sus etruscas
manías en fácil muerte, fácil.

Mátalo. Mátalo.
Mátalo, que ya muero.
Ya que muero,
mátalo.

Por Lucía Labra.

lunes, 7 de mayo de 2012

Sánchez, el que manda.



Y un hombre de ostentoso traje y carácter petulante camina con su sequito de lame botas por las calles de su ciudad. Señala lo ya creado, y lo que pretende crear vislumbrando mundos de fantasía e irrealidad. Pregunta los apelativos de diversas calles y avenidas sabiendo que no importan porque los nombres los conmuta a voluntad. Y al mirar su reloj, con enfado se da cuenta que se le ha hecho sumamente tarde. Molesto comienza a cuestionar la sensatez y credibilidad del tiempo, a lo que éste con la mirada fija en un punto vacío en el horizonte responde: «pues que quieres que yo haga, si el que manda aquí eres tú».
Por Alan Santos.

domingo, 6 de mayo de 2012

Tinta sobre tu espalda...


Tu piel inmaculada se presenta ante mis ojos, haciendo nacer una sensación inquietante. Una sensación perturbadora que así como me confunde me enamora, me enamora a cada instante. La superficie de tu cuerpo emana el aroma que ansiaba respirar desde hace mucho tiempo atrás, refleja el brillo del sol de una manera insospechadamente bella, que  cautiva el mirar de cualquiera que se deje, como yo, y seguro estoy que unos cuantos más. ¿Cómo no caer rendido ante la figura que proyecta tu silueta? ¿Cómo ser indiferente a tu andar? Si la tentación es imposible de vencer y tu imagen imposible de olvidar. De todo lo que eres, de todo lo que tienes, nada he podido probar, nada he podido obtener, ningún deseo he sido capaz de callar. Y no sé qué hacer. No sé qué hacer para quitarme estas ansías, estos deseos de conocerte tan sutil y profundamente  como parte  de tu cuerpo, de explorar tus deseos, compartir tus sueños, acompañarte en un viaje sobre las nubes, sin despegarnos del suelo. Estas ansías que me consumen por dentro, y por fuera las oculto.

Y todo esto, es por tu piel.

El color indescriptible de tu tez, el tacto que aún en sueños desconozco, el sabor que me imagino y el aroma de tus poros. Crean en mi imaginación un sinfín de escenarios, todos teniéndote a ti como protagonista, y a mí como un vulgar espectador que es invitado a participar en la puesta en escena, quien no sabe qué hacer, pero disfruta cada momento.

Y cuando me doy cuenta que no te tengo, prefiero ponerme a pensar. Pensar en cómo, si te tuviera a mi lado, vaciaría estas palabras sobre tu piel con tierna celeridad, convirtiendo mis deseos en tinta sobre tu espalda y mis sueños en una gloriosa realidad.

Por Flavio Reyna.

viernes, 4 de mayo de 2012

De qué hablamos cuando hablamos de mi verga

Había humo sobre todo el pastizal, sin embargo el espacio era aún visible, incluso podríamos notar los agujeros que algunas hormigas con grandes vergas habían cavado con ellas. Ambos se encontraban en una esquina del  amplio jardín, evitando que el insecticida los alcanzara.
  • ¿Volviste a fumigar? Te dije que esperaras por lo menos dos meses -dijo la mujer mientras trataba de depilar la gran verga que el correo le había traído en bandeja de plata.
  • Sí, volví a fumigar, te lo dije ayer pero no me escuchaste
  • A ver sácate la verga ¿o qué, pensabas guardarla todo el día?
  • Pues no, pero aun ni terminas de tragar la verga que te acaba de llegar.

La mujer, con la verga en la boca, fue incapaz de contestarle, de todos modos a él poco le importaba si ella se moría asfixiada por el grosor del pene en ese mismo instante. Eso había dejado de importar hacía mucho tiempo. Comenzaron su amor jalando vergas en parques públicos a quien se ofreciera, después pasaron a chuparlas en secreto, y más tarde, tras probar un sinfín de texturas de alta costura, volvieron a ellos mismos.
  • ¿Viste eso? – le preguntó la mujer con la respiración entrecortada después de haber colocado casi todo un dildo dentro de su boca.
  • No, no vi.
  • ¿Qué no puedes prestarme ni una mirada?
  • No, ya no puedo.
  • Entonces atragántate con tu verga negra y ve a coger analmente a otro lado.
Ambos permanecieron en silencio. La mujer metía sucesivamente, a su boca, distintos objetos con distintos tamaños. Esporádicamente se escuchaba el regurgitar de la saliva por su garganta para evitar volcar el contenido de su estómago, o inclusive para evitar perder el aire al cabo de una simple mamada.
La mujer paró de mamar y volteó curioseando hacia el hombre. El hombre se encontraba sentado, dubitativo, subiendo su pene aguado y dejándolo caer sobre el único testículo que le quedaba. Había perdido el otro hacia veinte años atrás en la guerra de Vietnam, antes de conocerla, cuando no tenía quien lo atosigara todo el día, cuando podía caminar tranquilo en la calle por la noche y disfrutar del ofrecimiento que la oscuridad contenía. Recuerda haber cogido con una puta en una velada fría, era el día anterior al reclutamiento, tenía miedo de no poder lograr la erección, de perder semen valioso en una ofrecida de tan baja estirpe como aquella que había encontrado chupando obsesivamente un dildo en un callejón a poca luz.
  • ¿Qué estas murmurando?- pregunta la mujer al otro lado de la mesa del jardín.
  • Nada
  • ¿Cómo que nada? ¿De qué hablas?
  • De mi verga
  • Creo que me lastimé la garganta, me acabo de meter con mucha fuerza este dildo que encargué ayer.
  • ¿Recuerdas cuando nos conocimos?
  • Creo que sí, ¿fuiste tú el que me mandó una caja con un ano de plástico antes de pasar a recogerme en la primera cita? Ah, no, creo que ese fue Jerry, vaya verga que tenía, esa sí que era una verga ¿sabes?

Acababa de descender del avión, a su frente estaba la enredada vegetación y una carretera de terracería. Junto al pequeño aeropuerto que habían construido se encontraba el centro médico para casos extremos. Sus botas pisaron tierra firme, comenzó a andar detrás de sus demás compañeros, a lo lejos vio acercarse a varios hombres cargando cinco camillas. El ajetreo de las voces le impedía concentrarse en los heridos. Parece ser que le ha caído napalm en la verga, dijo un comandante, así es Vietnam.


-¿Viste como casi me entra todo este dildo? Me faltó la cabeza.
-No, no vi- dijo él.
-Ayer por la noche, después de que te durmieras, vi por el ventanal cómo Gordon, el señor de enfrente, se metía un paquete de pizzas congeladas por el ano, creo que se lo dilató con esa cremas que ayer pasaron a vender de casa en casa. Debimos haberlo comprado, ¿no John?
- ¿Recuerdas cuando nos conocimos?
-Ya te dije que no, no me acuerdo. ¿De qué estas hablando? ¿Por qué estas tan raro hoy?
-  Es importante saber de qué hablamos Marianne, no recuerdas cuando nos conocimos, sólo sigues ofreciéndote más con esas vergas de plástico que las chupas todo el día; si crees que te entrará la verga de Gordon estas equivocada, eres igual de puta que todas las de esta cuadra, crees que no me doy cuenta que cada dos noches Gordon te coge analmente, crees que no me doy cuenta que nos hemos dejado de querer; sé que lo has intentado, sé que has querido cortarme el último puto huevo que me queda, ya no recuerdas cuando nos conocimos, y eso es lo que he tratado de decirte toda la tarde, toda la puta tarde, de eso hablamos cuando hablamos de mi verga,  de este inframundo atado a lo que ha caducado entre nosotros, de esta circuncisión mal hecha que tengo, todo por haberme quemado ese testículo  con napalm. He hecho mal en tragarme todo este semen con el que debí haberte cogido y despreciado en el mismo momento, eres una ofrecida barata, tu nombre debería ser Consuelo, en lugar del puto nombre que tienes. De eso hablo cuando hablo de mi verga, del sentido que la verga tiene cuando hablamos  de hablar sobre la verga.
El hombre entró a la casa precipitadamente. Pronto salió de entre la bruma que el insecticida había creado, cargando un cuchillo en la mano. Ella cayó al suelo de donde se encontraba sentada, trató de incorporarse lo más rápido que pudo mientras John se acercaba paso a paso con la verga de fuera y el filo en la mano.  La mujer corrió hacia el final del jardín, pero al tratar  de saltar la cerca que los separaba de la casa vecina, al mismo tiempo que sus gritos de temor retumbaban por entre todas las casas vacías del vecindario, su falda se atoró irreversiblemente en los largos picos de la cerca. La suerte había sido echada,  no habría más noches de sexo anal con Gordon,  ni podría pedir más dildos por correo; tal vez acaba de retribuir lo que costaba no haber amado, o  tal vez acababa de pagar el precio del napalm contemporáneo: la venganza.

Por Consuelo Muz.

jueves, 3 de mayo de 2012

El Autista


Morelia, 26 de abril. desaparecido está desde
el día, hasta el momento sin tener indicios
de su paradero.

por última vez, de la semana
pasada el miércoles él fue visto,
terminó su jornada cuando a
su domicilio se dirigió a bordo
sin llegar a su destino en una patrulla.

Después, días, la unidad oficial
localizada intacta cercana en una
de Copándaro brecha a la comunidad
en el tanque de gasolina con las llaves.

Álvarez Elías, reconoció su ausencia
hay interpuesta una denuncia.

Por Alberto Cabrero.

miércoles, 2 de mayo de 2012

Verme un niño.


Mirando todo con detenimiento te asombra el mundo,

es tan puro el entendimiento tuyo,

encuentras lo que yo no y eres tan sublime como neutro,

pero te olvido por el tiempo nato que nos obligan a entender,

el mundo voraz te carcome, lo hace porque no interesas,

pero tú me necesitas, bella parte mía.  


Me olvidé tanto de ti, que ahora eres ajeno,

encuentro mi sufrimiento en tu sufrimiento,

el mismo que siento por perderte en vano intento de ser hombre,

pero cuando me veo, tu ausencia hace estrago amargo en querer 

vivir.


Te encontraré en fragancia de verme,

te abrazaré y nunca dejaré marcharte otra vez,

seré fiel a tu pureza natural,

veré las cosas con nuestros ojos,

y tomaré siempre el amor que dulcemente me das,

quiero estar contigo y verme un niño.