jueves, 14 de junio de 2012

Intuición

Por la intuición nos acariciamos con palabras
Nuestros sentimientos anónimos
Son el roce de nuestras manos
Mientras nos sentamos en el taxi
Camino a cualquier lugar
Moviéndonos en cualquier momento.

Nuestros dedos entrelazados
Son los juegos de mis sentimientos,
Diez o más son los provocados
Jugueteando con tus dedos,

Y hacen la misma música
Que podrían hacer con tu guitarra
Que podrían hacer con tu acústica
Que podrían hacer con tu cara cuando se sonroja.

La intuición de tu mirada
En la curiosidad fijada
De tus labios que buscan
Los míos para besarnos
Son el cariño
Que tu dejaste abandonado.

Por Sebastián González de León y León.

miércoles, 13 de junio de 2012

Insolente marginación.


Lo iracundo de ser humano
es que se pierde razón,
voltear al musgo emocional
es ver lo retacado del corazón,
no es pretender ser lo que no,
por solo pasar a razón.

La insolencia parece crecer
dentro de la marginación
cuando piensas algo que no,
capricho se ha vuelto,
lo descubierto no forma algo,  
el desden sentimental pasa.

Anhelas el suceso aquel
donde ganabas con facilidad 
a la emoción yacente,
pero ahora estas ahí 
y pronto volverá
lo iracundo de ser humano.

martes, 12 de junio de 2012

Sucesión

Tarde invernal, te acercas. ¿Qué dices? Oh, ¿sigues con ello? ¿Cuál es el problema? Toma mi mano. Sí, tómala. No, no pasa nada... Ven, camina conmigo. Camina, sigue caminando. ¿Espinado? Pero, ¿de dónde? El camino no está espinado. Oh, ¿sigues con ello?


Prefieres mirarte, siempre cual reflejo en cielos. No tomará la vida entera, ¿lo entiendes? Solamente es una sacudida, tu punto de escape. Un escapismo, eso es. Sí, lo es. ¿Que no? No, espera, sé que al mirar ese azul iluminado pretendes sentires dulces e inimaginables. Lo sé, pero no te alejes. Ven, que yo también te necesito. ¿El cielo? De acuerdo, miraré el cielo mientras permanezcas conmigo.


Cerré por poco los ojos. Aquí seguías, ya no con cielos, de pronto convirtiéndote en uno mismo. ¿Por qué cambias de estado? Quédate, no te me esfumes. Sí, lo sé: no es sencillo. Pero, inténtalo. Tú sabes lo que dicen. ¿Que qué dicen? Oh, tú sabes: ¡Inténtalo, no perderás nada! ¿Se equivocan? Bueno, pues, tomaremos fotografías. No, deja de angustiar la vida. Ven, toma mi mano de nuevo. Ahora, juntemos las manías. Eso es. Solamente las manías.


Sonríe. ¿Escuchaste aquel obturador? Somos todos, sí. Aquellos, verás, que cristalizan silencios. Almas prestadas, tan sólo eso. No, si yo sé. No somos únicos.




Me miras. Vamos al mar. ¿Que no hay mar? Oh, pero si estamos frente a él. Eso es, perdurable, ¿no es así? El sol, tan sólo la luz. ¿Prefieres baño de luz o agua? No, no son la misma cosa. Te ríes. "¿Cosa?", me preguntas. Sí, cosa. De pronto, el cielo esfumado está ya en tu mirada. Caminas de pico abajo, corres. Gritas, lloras. No, es que no me apetece gritar irregularidades contigo.


Tu mano en el umbral del pecho. Fácilmente me abandonarás cuando propicio te parezca el tiempo. Casi como un chiste te irás. ¿Que no me preocupe? No tienes idea de lo que venía pensando. Ríes conmigo. Un magnífico evento habernos conocido. ¿Por qué alargas tu mano? ¿Qué hay dentro? De acuerdo, de acuerdo, no me preocupo. Cielos, mares, mareas. Seguiré contigo aquel impreciso tiempo vuelto seda ya.


¿Dónde estamos? ¿A dónde me has traído? No me lo dirás, vaya historia. No existe un sólo enlace, ¿te das cuenta? ¿Que entremos? No, me dolerá saltar tan alto. Sí, sé que estás conmigo, mas no me ubico. ¿En qué momento intercambiamos sedes? Tan sólo dime, ¿en qué momento lo diluido me perteneció? Y, ¿en qué momento lo constante es ya tuyo?


No, no quiero. Te digo que no. Por favor, no me obligues. ¿Que por qué? Oh, ¿te parece poco desaparecer aún más? Estás nadando en vacías laderas. No me conoces, nunca me has conocido. Es eso. No, sigo sin desearlo. No me obligues, por favor.


Me prometiste el amanecer. Ahora tomas de mi mano. Ya no debo pedirlo, lo haces sin aviso incluido. Claramente, el día pretende nacer nuevamente. El problema es que no lo miro. Yo, sabrás bien, ya no existo. Después de matar toda confianza mía, prometiendo amaneceres sin dolor, yo ya no existo.


No puedo mirar algo sin difuminarlo. Me has causado tanta tristeza, tanta desolación. Ya nada más miras hacia adelante, dejándome de lado. Desesperación me invade. No te vayas, espera. No, por favor. ¿Cómo lo explicaré? Si tan sólo tuviera una razón, si tan sólo existieran aún las palabras. Lloro, pero no escuchas. Grito, entonces, grito en demasía. No mueves la mirada.


Prefiero no tener conciencia. ¿Cuándo será ya el preciso momento? Ya debes irte. ¿Que no? ¿Por qué? Déjame, tan sólo déjame. Ya no te necesito. Me has marcado, y eso jamás lo preví. Ahora, sigilosamente te pones a llorar. ¡Ah, me viene pareciendo tan absurdo! Casi como un lío de luciérnagas a pleno día pleno. Vete, que ya aqui te has quedado por siempre. Con esta parte tuya tengo, sí, con esta y nada más.


Cuento hasta tres. Si no te has ido para entonces, te mataré. Sí, lo haré. Para luego morir de tristeza yo. ¿Cuánta tristeza puede llevar dentro el cuerpo? Uno, dos, tres...


Abro los ojos, tan sólo viendo un pergamino. No quiero mirar, ya no. Los entretengo un poco, sin desear buscarte. Pero, te siento. Y tan sólo eso es suficiente. Estás, sucesión. Estás ahí, aqui, en todos lados.


Por Lucie Labra

lunes, 11 de junio de 2012

Sánchez, su afán de poder.


Al señor Sánchez le fascina el poder. Tanto es así que para obtenerlo de forma contundente, convocadas las elecciones en su pequeño país, con una victoria electoral apabullante consolidó poco después un régimen dictatorial. Las tensiones tras esta acción crecieron de una forma tan catastrófica, que las clases medias estuvieron a punto de iniciar una revolución armados con botellas de vidrio, palos de beisbol y estandartes de libertad ferviente.

            Sánchez apaciguó la incertidumbre cooptando a algunos dirigentes del movimiento incendiario, mientras que los hombres y mujeres que se negaban a ser corrompidos, eran asesinados o desaparecidos misteriosamente en hoteles baratos, restaurantes de comida tradicional, o en eventos culturales promocionados por los intelectuales comprados por el sistema. No dejaban huella alguna, más que fantasmagóricos quejidos que sólo eran oídos por los niños pobres de  cinco años o más.

            Sánchez sonrió desde su balcón presidencial. Su plan había salido a la perfección. Eliminar a los disidentes era uno de sus objetivos principales. Su séquito de lame botas susurraba en silencio a sus espaldas. Se escucharon pasos provenientes del pasillo. Uno. Dos. Tres. Alto. Lo buscaban los banqueros y empresarios más importantes del país. Un subordinado entreabrió la puerta.  «Señor Presidente, lo buscan el señor López, dueño de la empresa tabacalera; el señor Fernández Preciado,  presidente ejecutivo en nuestro país de la corporación multinacional de refresco; el señor Gutiérrez Santamaría, accionista mayoritario de la institución bancaria “el Banco del Pueblo”, y algunos destacados empresarios más». El señor Sánchez admiró por el enorme ventanal de su despacho la arquitectura colonial; los edificios barrocos que resaltaban con el paisaje de urbanización de la capital de su patria. Le dio una gran fumada a su cigarrillo casero. «Hazlos entrar Ignacio. Prepara varias tazas de café. Los señores y yo tenemos muchas cosas de que hablar».

Alan Santos.

domingo, 10 de junio de 2012

¿A qué sabe un beso robado?

¿Sabrán a miel sus labios? ¿Tendrán impregnado el sabor de su brillo labial? ¿O será un beso insípido, doloroso? No lo sé, pero me gusta preguntarme esto cada que la veo pasar enfrente de mí. ¿Cómo será el besarla? ¿Será algo mágico? ¿Será algo único? ¿Será algo fantástico? ¿Será algo público? Tantas dudas se ciernen sobre mí al pensar en ella y en lo que he planeado hacer desde hace mucho tiempo.

Simplemente robarle un beso.

Es fácil decirlo, aún más pensarlo, pero hacerlo me resulta casi imposible. He estado tan cerca de conseguirlo, de ir hacia ella y sin dudarlo plantarle un beso sencillo, sincero, con la esperanza de que sea correspondido, mas no puedo. Mi ser parece flaquear en el momento en que su mirada se encuentra con la mía. Todo el valor que había parecido reunir se desvanece con la simple visión de sus ojos, y me alejo, con la mirada gacha, sin decir una sola palabra. Ella ha de pensar que soy raro, a pesar de que me conoce de hace tiempo ya.

Pero hubo una ocasión irrepetible, en la cual llegué un poco más lejos que las demás. Alcancé a oler su perfume y tan pronto me di cuenta de lo que estaba a punto de hacer me hice el desentendido, excusando mi cercanía a que tenía algo entre sus pestañas. Qué cobarde, lo sé.

Ya estoy harto de mi indecisión. Ella está ahí, sentada, sola, esperando a que alguien llegue a robarle el corazón. Es hora de actuar.

Llego a su lado sin sentir haber tocado el piso, como si me elevara por los aires para estar a su lado y tan pronto alza su mirada para verme acerco mi rostro al suyo y, ojos cerrados, la beso.

Difícil olvidar ese sabor, tan inolvidable como inexplicable. El sabor de lo prohibido, de lo deseado; El sabor que uno espera nunca borrar de su paladar. El sabor de sus labios, tan único como cautivador, que me obligaba a mantenerme prendido de él, mostrando en un beso todos mis sentimientos.  Con que así sabe un beso robado.

Me aparto de su rostro con una ternura, creo yo, insospechada en mí y espero encontrarme con sus ojos al abrir los míos, pero no los encuentro.

Solo la encuentro a ella, en la distancia, sentada, sola. La miro desde el mismo lugar en el que estaba.

Me comienzo a alejar de ahí con un nerviosismo incontrolable que me hace trastabillar. Ella voltea a verme y me saluda animosamente con la mano, yo no puedo más que regresarle el saludo levantando tímidamente la mía, para después voltearme e irme de ahí lo más pronto posible.

Estaba soñando despierto, creo; Pero se sentía tan real, tanto que aún siento su sabor en mis labios. Ya no sé qué pensar.  Ahora además del deseo de tocar tus labios, me queda la duda, ¿a eso sabe un beso robado? ¿O es ese el sabor de sus labios? 

Escrito por Flavio Reyna

viernes, 8 de junio de 2012

Yo no soy 451



"Hay peores cosas que quemar libros, una de ellas es no leerlos."                              Ray Bradbury                                                                                                                             (22 de agosto de 1920 - 5 de junio de 2012).

En los días posteriores al 2 de julio de 2012, acá en Buenos Aires y Montevideo mucha gente me preguntó acerca de cómo fue que por fin México se hizo de un gobierno no de derecha. Les respondí, ahora sí con una sonrisa, que en gran parte fue un asunto de letras. Por supuesto que me pidieron más detalles y yo con gusto se los di:

Empecemos con Fox que era un analfabeta funcional. En las elecciones del 2000, México no salió de la tiranía de siete décadas del PRI, sino que cambió de fachada y perdió lo único valioso que entonces tenía, un extraordinario entendimiento de las relaciones exteriores.

Luego, las letras siguieron desaparecidas durante el gobierno espurio de Calderón (desaparecidas igual que las garantías de los periodistas, los empleos prometidos, y tantas otras cosas subsumidas por un mar de violencia).

Como un exceso de mal gusto en el uso de la ironía, EPN, en la feria del libro en la que presentaba su "propio"  y reciente ejemplar, no fue capaz siquiera de nombrar 3 libros, ¡con todo lo que eso significa!

Entonces las letras reaparecieron, esta vez indignadas y del lado de la sociedad civil. Así empezó la campaña en las redes sociales contra la desinformación sistemática nacida de los medios –que de medios no tienen nada–.

Desde las universidades, moradas de las letras, se fraguó un nuevo nombre:  #YoSoy132. Sin embargo, en vísperas de las elecciones este movimiento  aún no había hecho explicito sus compromisos políticos. Se argumentaba, incluso, que esto era una ventaja, que el apartidismo era garantía de espontaneidad, de ser incluyente.

No obstante,  en junio llegaron más letras y conceptos. Por fin, la hasta entonces lentísima toma de conciencia se aceleró. El movimiento hizo explícitos sus compromisos políticos en dos sentidos: descalificando al PRI-AN-Gordillo por una parte  y apoyando un proyecto, un gabinete, un  candidato de izquierda por otra parte.

Apoyar a AMLO vino con vuelta de tuerca. No significaba echarnos a su bolsa, significaba echarlo a la nuestra. No era renuncia, era estrategia. El movimiento tenía un fuerte peso en las elecciones; al otorgar ese peso a un candidato como AMLO lo que se estaba haciendo era obligarlo a firmar un contrato. Desde entonces quedó claro que o se distingue y manda obedeciendo o se va. De ahí el famoso lema 'Yo soy 132 antes y después de las elecciones'.

Es así que en estos efervescentes días posteriores al 2 de julio de 2012, habiendo ganado AMLO, estamos más en la lucha que nunca, porque el país sigue igual de mal que siempre, pero al menos ahora sabemos que sí podemos salir a las calles a transformarlo sin que la silla presidencial nos estorbe.

Y sí, ahora México está más en la izquierda porque la está reinventando. A diferencia de EPN, México se está alfabetizando.

Por Alan Heiblum.

jueves, 7 de junio de 2012

Tiempo

... Tenía la pluma en la boca, se encontraba pensativo y decidió no prestar atención a las voces que lo rodeaban. Las figuras se fueron transformando en sombras que poco a poco fueron desapareciendo de su memoria. Una idea lo consumía, lo tenían envuelto, no lo dejaba concentrarse en lo que por el momento parecía ser poco importante, al levantar la mirada, se percató de los ojos de una joven que en seguida lo rodearon de misterio; una boca, unos ojos.
    Continuó con su escrito, ahora teniendo en mente la idea que lo consumía y los ojos de aquella chica, sobre sus hojas de color café, con tinta negra vació sus ideas en el cuadernillo ya manchado por el tiempo y el uso, estuvo sentado allí, más de 40 minutos, se levantó y caminó hacia una tienda de velas, extrañas, bonitas, grandes, pequeñas, de todo tipo! miró una color verde, tenía el diseño de un hombre y una mujer, desnudos y abrazados saliendo del tallo de un árbol y al mismo tiempo que otra mano, extendió la suya para alcanzarla, ambas manos se encontraron al tocar la vela; una boca, unos ojos, una mano.
    Se disculpó en seguida, y la señora con quien había compartido gustos, también dijo lo siento, el joven tomó otra vela del mismo lugar donde había encontrado esa y salió de la tienda. Caminando, caminando, caminando... pasaron más de 2 horas, se entretenía mirando el cielo y cuando se percató, ya estaba en otro lugar, recostado en la arena, el pasto, el pavimento, en ese momento, un niño que iba caminando, sin darse cuenta de que el joven, estaba tirado en el suelo, lo pisó, ante tal acto el hombre se molestó en gran manera y se incorporó bruscamente; una boca, unos ojos, una mano, un pie.
Con el coraje en la cabeza, decidió dirigirse a su casa para descansar. Al llegar casi a la esquina de su residencia, una mujer chocó contra él, provocando que su libreta y su pluma cayeran al piso, su reacción fue gritar, ¡Señora, tenga cuidado! A lo que la señora no contestó, el joven, lleno de rabia, continuó con los gritos, pensando que el silencio de la mujer era una provocación, cuando se calmó, la señora se llevó la mano a la boca y al oído dando a entender que era sordomuda Al percatarse de esto, el joven, se sintió avergonzado; una boca, unos ojos, una mano, un pie, un oído.
    A dos pasos de su casa, un conductor, desvío el volante de su auto para no pasar sobre un niño, lo que hizo que atropellara al joven.
 
 
    Llevaba 10 años en estado vegetal, su nombre era Ignacio. El médico diagnosticó que moriría a la mañana siguiente, mientras estas palabras sonaban en su mente, él recordaba el día que lo habría de atar a la cama en la que se encontraba en ese momento, se encontraba sentado en una banca frente a una fuente, estaba escribiendo sobre la libertad, se quedó pensativo un momento y…
 

Por Milca Hosanna.