jueves, 30 de agosto de 2012

Das tu sangre

Mujer, que me das tu sangre
mestiza, perfumada.
Mujer, que te manchaste
con la mancha de tu cuento,
el que te tuvo helada.

Mujer, ya no me tumbes
si te hace falta 
un desvelo, una bofetada,
una mano, una mirada.

Haz tu cuenta
abriendo tu ventana,
haz de cuenta
que no te he dicho nada.

La flor púrpura
de tu pie
en tu planta te reclama
con flecos en la frente
sentada en la morada.

Mujer, si mientes,
no se te entiende nada.

Mujer, 
tú me dijiste 
sobre la leche amarga,
envenenaste nuestro ambiente
con tu locura sabia
provocaste los ríos
que de nuestros ojos salieron,
nos contagiaste tu rabia.

Mujer, el ayer
compone una alborada,
mujer, haz tu cuenta,
mujer, abriendo tu ventana
haz de cuenta
que no te he dicho nada.

miércoles, 29 de agosto de 2012

Estaba.


Estaba soñando,
los latidos eran fuertes,
el imaginario débil,
yo no los creaba,
los creaba mi existir.

De repente vi,
observe, palpé
el gran azar,
ese albur,
todo estaba hecho.

Bastó despertar,
abrí los ojos y,
estaba soñando.

martes, 28 de agosto de 2012

El primer ardor


Quisiera saber en qué se convertirán
Tantas amarguras
Y tantas golosinas.
Sentirse así de despistado
En medio del auge.
Dejar las nuevas  costumbres
Quiere decir
Acostumbrase a desacostumbrarse.
Este momento
Estas acciones
Significan muchas cosas
Demasiadas cosas
Apagar los motores al iniciar la carrera
Por ejemplo.
No sé qué tan malo sea
Pero no será tan bueno
Como aquello que se esperaba.
De esto se aprende
Dolorosamente se aprende
A dejar de inventarse amores
A dejar de escribir historias
Se aprende
A dejar de emocionarse por la emociones
Tan traidoras que son
Tan insensibles que son
Tan deliciosas que saben.

Por Elba Caba.

lunes, 27 de agosto de 2012

Verte (o la intrépida forma de desnudarte con la mirada).


Te veo. Tú no me ves. Sólo caminas por la acera que te llama, que grita tu nombre a los cuatro vientos, y que te impulsa como un proyectil hacia tu destino. De entre la multitud, de la muchedumbre que camina absorta, mi silueta se distingue contemplando la tuya. Incitándote a que voltees y que me descubras admirándote, para que jueges a ratos con mis ojos que te buscan. Imagino tus pies delicados, esbeltos y tersos; suaves como seda importada. Dos pasos, tres, cuatro, das al contonear la cadera. Tus muslos saltones se pasean en un vaivén infinito que aletargado contemplo. Los pechos firmes, pequeños pero indiscretos, como dos copas de vino. El cuello oloroso a fragancias exóticas. Aroma de los dioses que se convierte en el más grande estupefaciente de mis deseos secretos, de mis pensamientos más profundos que fluyen como cascada. Tus labios rojizos color carmesí, se aprecian apetitosos, comestibles como una gran manzana que debe ser mordida sin prelación, sin preámbulo innecesario. La nariz respingada pero diminuta, finísima, que se dibuja por encima de la boca que tiembla, que grita: “bésame. No te detengas que soy tuya”.  Y los ojos almendrados. Ventana marrón que vislumbra todo lo que te rodea. Que ignora con una sencillez de sierva, mi mirada que aún busca jugar con la tuya, retozar a la distancia y entrar a tu alma sin tu permiso. Tu cabello castaño ondula con la brisa leve, solazando con los céfiros como un vástago con las criaturas enigmáticas del jardín.

De repente siento una turbación en el aire y me miras. Nuestros ojos chocan por un instante y me volteo nervioso. Finjo que no sabes que te miro cuando no me miras; y cuando me miras, niego mirarte. Y al negar que te miro, niego mi existencia y todo lo que creo ser para convertirme en lo que no soy cuando no te miro.  Me ignoras como el que ignora que respira: sabes que estoy ahí pero me desatiendes, distraes tu atención hacia las personas que caminan. Los ruidos se presentan como la orquesta citadina de nuestro encuentro. Se escuchan los cláxones de los automóviles deseando pasar, murmullos entre la gente que ríe, piensa, sufre, llora. Alguna figura solitaria me otea a instantes, pero se aburre de mi apariencia por algún momento prosiguiendo su camino.

Regreso a observarte y para mi sorpresa, te comienzas a evaporar como un chubasco ligero que se pierde en el trayecto. Te descubro de espaldas, tan imponente y radiante, tan hermosa y sensual. Ya no me miras y decides olvidarme. Dejarme en algún rincón milimétrico de tu memoria, como recuerdo efímero. En cambio tú, vivirás por más tiempo en mi cabeza, en mis pensamientos como la musa que consiguió que un instante de inspiración, se convirtiera en una eternidad de deseos y sensaciones, que viven aún, en un universo alterno donde tu mirada y la mía se encuentran por siempre.
Alan Santos.

domingo, 26 de agosto de 2012

Dime que sí, M


Desde hace mucho tiempo que me tienes aquí
En un cuarto oscuro y lleno de sombras
Anquilosado por el deseo de ti
Amor, que jamás comprendí
Y que mucho placer regaló a mí ser

Así es: fueron 10 años de ausencia
De miedos, incertidumbres, y estelas
Más jamás abandoné tu recuerdo
Y ahora, en nuestro sagrado reencuentro
Sentí tu amor, pero no tu cariño

Me sedujiste, sin mayor razón
Que la experiencia de la arrogante belleza
De tus ojos, cuerpo y esencia
Que sin vacilar contemplé, y ahogado en tu imagen
Atrapado, nuevamente
                                          Con todo mi ser quedé

Entiendo tus reclamos y tu coraje
Tú presencia conmigo distante
Más después de mil perdones
Por mis culpas y mis errores
                                                    ¿Qué he hecho para que me evadas, para que me ignores?

Mira, que
                    Seducir sin querer
Es pecar sin haber pecado
Desgracia que un dios, enloquecido y cegado
Debió dictar para mi destino infeliz

¡Dime que sí, oh, hermoso Jazmín!
Que este amor nació para madurar
No me castigues ya
Que triste es despreciar
Al amado sincero que te desea sin más

El dilema, ahora, no es mío,
                                                               Se que temes el amor que tengo para ti

Si; El que te abre las puertas de su profundo rostro
Que yo he contemplado en tus divinos ojos
Y que huyes sin pudor, del camino brumoso
Por miedo a la realidad
                                           …o al final de una ilusión

Por fin, me he sacudido los miedos
Ya no hay dudas, ni problemas con el pretérito
Soy un guerrero sin armas, de voluntad inquebrantable
Dispuesto a conquistar el palacio más alto:
                                                                               El santuario de tus ojos, felices y enamorados

¡Dime que sí! Dame una oportunidad
Encuentra por fin, lo que has perdido:
                                                                    Tu primer amor: el que jamás dejará de amarte
                                                                         Tu prometido de cuna, El amante de sangre
                                                                              Tu dulzura de vida… nuestro destino 
inevitable

Dedicado a M,
Por Ur el Goliardo.
 

sábado, 25 de agosto de 2012

Ella

Es una intensísima corriente
un relámpago ser de lecho
una dona mórbida ola
un reflujo
zumbo de anest
esia

una rompiente ente florescente
una voraz contráctil prensil corola entreabierta
y su rocío afrodisíaco
y su carnalesencia
natal
letal
alveolo beodo de violo
es la sed de ella ella y sus vertientes lentas entremuertes que
estrellan y disgregan
aunque Dios sea su vientre
pero también es la crisálida de una inalada larva de la nada
una libélula de médula
una oruga lúbrica desnuda sólo nutrida de frotes
un chupochupo súcubo molusco
que gota a gota agota boca a boca
la mucho mucho gozo
la muy total sofoco
la toda ¡shock! tras ¡shock!
la íntegra colapso
es un hermoso síncope con foso
un ¡cross! de amor pantera al plexo trópico
un ¡knock out! técnico dichoso
si no un compuesto terrestre de líbido edén infierno
el sedimento aglutinante de un precipitado de labios
el obsesivo residuo de una solución insoluble
un mecanismo radioanímico
un terno bípedo bullente
un ¡robot! hembra electroerótico con su emisora de delirio
y espasmos lírico-dramáticos
aunque tal vez sea un espejismo
un paradigma
un eromito
una apariencia de la ausencia
una entelequia inexistente
las trenzas náyades de Ofelia
o sólo un trozo ultraporoso de realidad indubitable
una despótica materia
el paraíso hecho carne
una perdiz a la crema.


Por Oliverio Girondo (1891-1967).

viernes, 24 de agosto de 2012

NAVARRE T’ATTEND… (Navarra te espera)

Bajo el clásico rubor de las nubes,
antes que el pálido cristal celeste
se quiebre en estrellas esta noche,
parto al fugaz encuentro con mi abismo.

Se ausenta el ojo del entierro,
la boca gimiente de la vela,
el presto bramar del agua por la roca,
la tibia seda que broncea el Astro.

Por la prístina pátina disoluta
del agua bebida por mi boca,
urden las Moiras los hilos de mi vida,
me anudan con la roca bajo el buitre:
sol de oro negro que rutila, que burila
la áspera arteria de la terra, de la creta
que en monda recubre mi osamenta.

Regreso al decrépito chirriar del fuego
que me abrasa: tibia la sangre
de su cráneo estampada entre mis dedos;
la albugínea tela que en carmín se torna,
y la límpida lacrima que destilan
mis ojos e impregna mi epidermis:
sólo páramo antártico satinado…

Resuelta…
… bajo el sol que licueface su dermis,
la flor que la ahogó el prado de su origen,
fenece en el elíxir de su exilio…


Por Hernán Sicilia (19).