miércoles, 12 de septiembre de 2012

Tu dulce respuesta

Me has podido domar,
tus cabellos me cuidan,
corres y después bebes.
Agitas latitudes
encarcelas el gran mal,
te sientas en almas.

Es su conducta correr,
el viento lo nombra,
al caer de tu vuelo,
suero de humores
reflectan corrientes.
has sido y seguirás
tus modos me dicen tal.

Lo necesito sí, eso,
tal vez para existir,
para no estar aquí,
ser taciturno, más el
recorrer todo hondo,
sólo esperando una,
la respuesta tuya.

Por Carlos Osorio Hernández.

martes, 11 de septiembre de 2012

Una noche más.




Ésta, es otra de esas nochecitas… de esas que pensé que ya no pasarían, cuando el aire que se cuela por mi ventana es más frío, y la música que suena es aún más triste.
Y es que, no te has ido del todo, sigues aquí un poco y es porque me hiciste como quisiste, me traes y me llevas y me haces dar vueltas. Me transformaste en lo que soy ahora. No sólo me hiciste una persona diferente si no que también, te encargaste de que nada de lo que me diste se olvidara.
 Y si lo acepto, ahora tengo el sabor de ti.
 Sí, te fuiste, pero me dejaste esa sensación de que yo aún te pertenecía, me dejaste perdida, pero ya no sé si quiero buscar el camino de vuelta a ti. Aún tengo ese dolor que no se va, a veces me ocurre pensar que aún estamos juntos, pero regreso y me golpeo con la realidad,  como si fuera un espejo y no me gusta para nada lo que veo frente a mis ojos. Esto en lo que me convertiste, en esta persona incapaz de ver por sí sola, me convertiste en algo que nunca quise ser. Dime tú, cuando todo se olvida, ¿a dónde va? ¡Dímelo! Quiero saber, para enviarte al mismo lugar.
 Y así transcurre otra noche en la que te vuelves mi tormento, y muy probablemente te conviertas en la pesadilla de esta madrugada. Te sorprendería saber cómo mi mente te recrea exactamente, esos ojos que hipnotizan y esa sonrisa de niño que cautiva. No podría pedir más, sólo ahí puedes estar. 
Por Arai G.

lunes, 10 de septiembre de 2012

El mar se detuvo en sigilo


El mar se detuvo en sigilo,
se desvaneció el ritmo de sus olas
dejando entristecido al horizonte.

Dejó de calentar el sol en Julio;
anuncia el día y se retira
igual que un caballero desdeñado.

Salgo a la calle con la certidumbre
de que la lluvia fragua mi destino
y no cargo más abrigo que mi suerte,
pues, no quiero estar preparada
para cuando la tierra enloquezca conmigo;
aún no llegan las nubes negras de agosto
y ya siento el cuerpo mojado y entumecido.

No avanzo, sólo veo venir la noche
y me destierra de su calma;
llega el insomnio con sus mil voces
a entreabrir las puertas del infierno.

Aún con todo, tu aroma acústico
en mi mente somnolienta, se dilata,
y aunque todo es lento
llegas con la furia de un caballo desbocado.

Siento tus pisadas sobre los labios,
y el cabello suave que pasa por los dedos
con alguna palabra mía,
hecha del amor que yo te guardo,
del consuelo que te debo
de los días que no dormí a tu lado.

Contigo veo la locura y la deseo;
quiero batirme mil noches en vela,
fumar treinta cigarrillos con ron entre libros,
basura y botellas, que suene Frank Zappa,
que me muerda la existencia con rabia
y no me quede alivio alguno que tus ojos.
Exagerar las cosas al punto del drama
y salir gritando hacia arriba con euforia.

Volver a caer, levantarme y volver a volar,
hasta que la muerte
venga con su miembro erecto,
y me embista con la furia de un toro,
sobre tus brazos.

Por Tania Jaramillo.

domingo, 9 de septiembre de 2012

Te siento


Lo nuestro es como un viaje sinuoso
Obstáculos, caricias, inocentes coqueteos
Un amor joven, pero de tiempo canoso
Pasatiempo hermoso de caracteres alborozos.

Asaltaste mi mente, pletórica de imágenes lozanas
Besos en una fiesta, abrazos en mi cama
Me curas la adustez, la languidez de las mañanas
Esposa de mis deseos, del corazón… mi ama.

Nos conocimos en la cuna, el nadir de la vida
Un matrimonio arreglado, mi más grande bendición
Infantes de piel nívea, y de adultos, amantes de vocación
Nuestros cuerpos en la alcoba, nuestras almas, en una cima alumbrada.

Después de un pacto ríspido y aleve con los dioses
Les pedí que arreglaran un breve rencuentro
Segunda oportunidad, para unir nuestras pasiones
Y pergeñar un futuro de nuestros mundos en el centro.

Ahora eres madre, mujer digna y valiente
¿Frente a ti, quién soy yo sino un gran idiota con suerte?
Pero escucho perfectamente el mensaje del viento:
“Pelea por ella, amigo mío, que M. es tu felicidad”: así es hermosa M.; eso es todo lo que siento.


Por Ur el Goliardo.

sábado, 8 de septiembre de 2012

Érase un país donde todos eran ladrones de Italo Calvino

Por la noche, cada uno de los habitantes salía con una ganzúa y una linterna para ir a saquear la casa de un vecino. Al regresar, al alba, cargado, encontraba su casa desvalijada.
Y todos vivían en concordia y sin daño, porque uno robaba al otro y éste a otro y así sucesivamente, hasta llegar al último que robaba al primero. En aquel país el comercio sólo se practicaba en forma de embrollo, tanto por parte del que vendía como del que compraba. El gobierno era una asociación creada para delinquir en perjuicio de los súbditos, y por su lado los súbditos sólo pensaban en defraudar al gobierno. La vida transcurría sin tropiezos, y no había ni ricos ni pobres.

Pero he aquí que, no se sabe cómo, apareció en el país un hombre honrado. Por la noche, en lugar de salir con la bolsa y la linterna, se quedaba en casa fumando y leyendo novelas.
Llegaban los ladrones, veían la luz encendida y no subían.
Esto duró un tiempo; después hubo que darle a entender que si él quería vivir sin hacer nada, no era una buena razón para no dejar hacer a los demás. Cada noche que pasaba en casa, era una familia que no comía al día siguiente.
Frente a esas razones el hombre honrado no podía oponerse. También él empezó a salir por la noche para regresar al alba, pero no iba a robar. Era honrado, no había nada que hacer. Iba hasta el puente y se quedaba mirando pasar el agua. Volvía a casa y la encontraba saqueada.

En menos de una semana el hombre honrado se encontró sin un céntimo, sin tener qué comer, con la casa vacía. Pero hasta ahí no había nada que decir, porque la culpa era suya; lo malo era que de ese modo suyo de proceder nacía un gran desorden. Porque él se dejaba robar todo y entre tanto no robaba a nadie; de modo que había siempre alguien que al regresar al alba encontraba su casa intacta; la casa que él hubiera debido desvalijar. El hecho es que al cabo de un tiempo los que no eran robados llegaron a ser más ricos que los otros y no quisieron seguir robando. Y por otro lado, los que iban a robar a la casa del hombre honrado la encontraban siempre vacía; de modo que se volvían pobres.
Entre tanto los que se habían vuelto ricos se acostumbraron a ir también al puente por la noche, a ver correr el agua. Esto aumentó la confusión, porque hubo muchos que se hicieron ricos y muchos otros que se volvieron pobres.
Pero los ricos vieron que yendo de noche al puente, al cabo de un tiempo se volverían pobres. Y pensaron: "Paguemos a los pobres para que vayan a robar por nuestra cuenta". Se firmaron contratos, se establecieron los salarios, los porcentajes: naturalmente siempre eran ladrones y trataban de engañarse unos a otros. Pero como suele suceder, los ricos se hacían cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres.
Había ricos tan ricos que ya no tenían necesidad de robar o de hacer robar para seguir siendo ricos. Pero si dejaban de robar se volvían pobres porque los pobres les robaban. Entonces pagaron a los más pobres de los pobres para defender de los otros pobres sus propias casas, y así fue como instituyeron la policía y construyeron las cárceles.
De esa manera, pocos años después del advenimiento del hombre honrado, ya no se hablaba de robar o de ser robados sino sólo de ricos o de pobres; y sin embargo, todos seguían siendo ladrones.
Honrado sólo había habido aquel fulano... y no tardó en morirse de hambre.


jueves, 6 de septiembre de 2012

Impulso inconsciente

puto, 
de nada,
no fue nada...
puto inmensamente,
el chingao más alto
del ambiente chacal.
resbalado cielo intacto,
inalcanzable...
resbalado cielo manoseado
sobrepoblado de sexo.
puto, chingao,
no mames,
no te digo!
repente 
impulso
inconsciente.
remate de besos,
madre
fluido preparado entre las yemas de los dedos.
reto de brazos recios
para quebrar huesitos
mmm
prácticas conjuntas
de perreo.
ensayos frente al espejo...
tonterías,
puterías,
paraísos.

miércoles, 5 de septiembre de 2012


Abrió las aletas a un mundo extraño y nadó en el aire, la inexperiencia lo llevó abajo pero la invitación a lo desconocido lo impulso a flote otra vez. Luz, movimiento, brisa y luz; sobre todo esa luz. Un universo encima del suyo estando escondido tanto tiempo sin nadie que se percatase. Sólo segundos tenía para aletear a través de ese mar de gases antes de descender sin fuerza para oponerse y sumergirse de nuevo a su antiguo mundo, todo nuevo, todo extraño. Un sólo vistazo a la diferencia y te hace dudar de todo lo que creías verídico. La curiosidad le bloqueo el paso al sentido común y sin pensar en peligro, cautela, en que tenía frente a él un espacio que jugaba con sus propias reglas; el pez brincó otra vez. La obscuridad de la noche era tan parecida a la de su hogar, pero la luz... Volteo al infinito firmamento sintiendo ahogarse con sólo ver su profundidad, las estrellas aquí no bailan... la luz aquí no baila. No es como la que él conocía, pero al parecer era la real; luz estática, suave, casi blanca percibida, irradiada por esa gigante y hermosa... ¿Hermosa qué?

Trató de subir más hasta el punto en que sus aletas ya no daban para ascender. Desesperado, pero no menos decidido, continuó. ¿Cómo podía estar seguro que ese "arriba", apenas descubierto, no era sino el abajo de otro arriba, también con sus propias reglas, diferente a todos los demás? Y de otros aún más diferentes, otros incluso escondidos más arriba. ¿La luz bailaría allá arriba? ¿Golpearía? ¿O no existiría?. Dirigiéndose a esa cautivadora esfera blanca, saltó... Y volvió a hacerlo hasta que voló, con aire siempre en las aletas y su esfera blanca en los ojos esperando algún día llegar a su mundo y poder pertenecer. A veces sabe que no podría, a veces le gusta creer que se equivoca. Mientras su luz siga esperando radiante allá arriba existirá un motivo más para volver a saltar. Para ver si allá también bailan, también vuelan. También creen.

Por Sebastián Alberto Pascual Schultze