viernes, 12 de abril de 2013

Soy




Soy la piedra que ahora es polvo.

Soy la calva del bosque,

Soy la luz que cae en la calva

Soy la maleza que se comió las piedras

Soy el fondo del mar donde ya no brilla la luz

Soy los granos de arena al fondo

Soy los carbones en las minas que como tintas nos manchan

Soy el octavo día donde no se crea ni se descansa

Soy la luz invisible del eclipse

Soy el remolino en la cascada

Soy el río seco por el hombre

Soy la gota derramada en tu poema

Soy la palabra que te falta.


Por Sebastián González de León y León.

jueves, 11 de abril de 2013

Andreas. 16/10/09



Escucho estrellarse la llave contra el puño y escudete del pomo de la puerta, es Andreas que abre la puerta de nuestro lujoso hotel de la Herrengasse, aparece ensimismado y cojeando con la cara sombría, la misma que le encontré aquella vez en Grinzing. A pesar de la cojera, su andar es regular e insistente, al igual que su dolor.




Le conocí dos meses antes en el Café Central, a unas cuadras del Teatro de la Ciudad, sentado en una mesa de tres sillas, recargado a su izquierda sobre una columna de mármol, escribiendo endiabladamente en una libreta apenas tan grande como la mía, en su mano una pluma púrpura con terminaciones en oro. Yo entraba apenas, algo deslumbrado por el cambio de iluminación, él desvió la mirada de la libreta, parando en seco de escribir, y como habiéndonos esperado, nuestros ojos se encontraron violentamente. Dí una vuelta con la mirada a las mesas, sabiendo que Andreas no dejaba de enfocarme; dos mesas libres, y sin embargo me encontraba en Viena, habría de darle la primera historia a la ciudad.


Me senté frente a él con un delicado jalar del respaldo. Al acercarme en dirección suya, él ya se había puesto a escribir de nuevo, y para cuando me terminé de sentar el ya me leía su poema en voz alta.


-Ich habe verstehen nicht so gut, doch dein Rythmus ist bedeutsam, (palabra rebuscada que ansiaba usar alguna vez), ich bin mexicanischer, entschuldigung.- Hubo terminado y cuando le expliqué mi dificultad para comprenderle del todo, le pedí que lo leyera más lento -Nicht so schnell bitte- lo que resultó en que captara mucho más el aura oscura de ese poema de media mañana.
-So, what do you think, I've open my Dichtkunst for you. -Prefirió de ahora en adelante dirigirse en inglés con una profunda voz que se atoraba razgando lo hondo de su garganta. Inglés, con excepción de aquella palabra en alemán que me explicó su uso diciendo que prefería ésta contraparte alemana a la burda palabra "poetry" que bien podría ser potery -Now you open your opinions to me.
Y así pasamos una bella mañana, en un café digno de destronar al Café Flore (y sin duda al Tortoni) sólo gracias a nuestro intercambio de ideas, de poesía y una de narrativa muy suya que me sacaba de quicio cuando la traducía al inglés.


Salimos del café y mientras paseábamos silenciosamente por el Hofburg, se estiró con los brazos bien rectos hacia el cielo, cómo si pudiera superar las leyes de su carne y hueso y elevarlos hasta tocar esas pequeñas nubes aborregadas, con sonoridad inesperada preguntó:
-Do you enjoy Mahler?- Con una sonrisa torcida de un lado, ojos bien abiertos y manos regresando a la altura del pecho.
-Of course I do.- Afirmé con un tipo similar de sonrisa al recordar que de noche ayer, al pasar por la Iglesia de los irlandeses y su diminuta plazuela, jóvenes tocaban a Mahler frente a una estatua viviente de un Mozart decaído, como desplazado por la historia.
-We are going to his grave then.
-I'm not surprised to be resting here.- afirmé al plan de forma semitácita, hasta ahora, las pláticas tan cordials, tenían cierta inflexión alargada que me dejaba muy agusto por lo pedantes que podíamos sonar. Sonrío con solo recordar que parecíamos sacados de una película treintera.
-Almost here in downtown Vienna, it is in a town, now a suburb called Grinzing, a place worthy of his legacy, but now, lets just walk a bit.


Y seguimos hasta habernos relatado de todas todas, embobados por la belleza de la ciudad, que aunque él no era nuevo en ella, seguía tan embelezado como yo. Veintimuchos años había vivido en la ciudad y sin embargo, nunca dejaba de frenarse por detalles nuevos, prístinos y sin embargo permanentes. Por lo demás, la ciudad había cambiado abismalmente desde que yo llegara ayer por la noche: hay ciudades que con tan sólo olerlas se te antojan imperiales, París, Londres, Petrogrado, Ámsterdan (hasta cierto punto) pero de la única que no dudaría de éste caracter es Viena, que por la noche es un dulce y penumbroso vals y por el día una vitrina irredenta a los Habsburgo.


Quería picar algo, le dije, así que caminando por la plaza de San Carlos dimos mediavuelta y nos encaminamos al Naschmarkt: un mercado más cercano a mi idea de Estambul que de Europa Central, en plena calle, que después me explicó Andreas, era un viaducto. Encontramos el bazar: especias, platería, vidriería, pero entre todo eso, palachincas, una especie de crepas (que para ese momento comenzaba a cuestionarme la galicidad de las crepas, puesto que ya en México había probado blini polacas y rusas, y una versión miniatura japonesa) enrolladas con gruesa mermelada de frambuesa. Y con eso vino el hambre; y sin más le expresé mis ganas de comida típica vienesa, a lo que respondió
-Then we're going to eat like real Habsburgs.


Strandhaus, me pidió que pidiera lo que se me antojara, y al ver los precios me ví inclinado a pedir más pan y vinagre, tras haber depredado la canastita. Salmón a la plancha, vieiras de todos tipos, cangrejo y langostino; en realidad le dije que me sorprendiera, entendiendo que invitaba, y así fue. Por mi parte, esperaba que nos fueramos a medias, pues era responsabilidad, diciendo el dicho que “si andas con labriegos te encallas las manos:
-Are you really hungry?
-Trully I am
-Then our fest will be trully imperial.- dijo con ese tono tan secuencial que poseía
Mi sorpresa fue evidente al oír la cantidad de platillos, y su atención y delicadeza al pedir los vinos solo la hizo más notoria. Y bien supo que no sabía que pedir, más por el precio que por nada, amablemente pidió, y al pedir me guiñó el ojo como otra oración tácita.


Al terminar con los postres, Apfelschmarrn (pedazos de panqueque caramelizado con almendras y manzana horneadas) y Buchteln (gorditas con azúcar glas y rellenas otra vez de la pesada mermelada de frambuesa). Saciados del todo, pidió la cuenta. Las oraciones tácitas que emanaba parecían escribirse en el aire como sellos. Lo menciono por ser una de las grandes marcas de mi relación con Andreas, aquella posibilidad de comunicación imposible de negar y casi telepática, con que una sonrisa se convertía en un párrafo y un guiño en una explicación.


Salimos a caminar reanudando nuestra marcha y para bajar la comida (me dijo alegremente), esta vez por Neubau y Josephstadt, dos barrios culturales de finales del XIX (aunque esto en Viena es difícil de determinar; el rococó y neoclásico se combinan en cada esquina y al final están siempre los edificios de la etapa republicana, todo entretejido y en completa armonía, una armonía del todo integrista que hallaría únicamente en Buenos Aires).


Y así, nos dieron las cinco en lo que hubiera parecido media hora, pues de no tener el sol escondiéndose tan rápidamente a esta altura del hemisferio habría alargado la caminata hasta llegar a Eslovenia. Llegando a los hospitales sugirió tomáramos un taxi a Grinzing, así que paró uno de esos pequeños Mercedes del año de la canica.


Llegamos al pueblillo en un santiamén. Sin embargo, de nuevo, y no habría de olvidar ese efecto, esta ciudad tenía la capacidad de frenar y acelerar el tiempo y aquel santiamén me sonó a liturgia, credo, rosario y sermón. Y en aquél indeterminado tiempo y conforme avanzábamos al norte, noté cambio de humor, Andreas dejó de hablar y volteaba cada vez más por la ventana, con una mueca intentando ser desdibujada por un fuerte esfuerzo tuyo.
-Rudolfshof, here we are.- Su voz se redujo a las cenizas.


Su historia, haciendo apología a "Dónde habita el olvido" de Sabina, o peor aún "Kupa kızi ve Sinek valesi" de Teoman, (quizá yo tanto en ese momento como ahora, figuré su historia tal como el video de Teoman la presenta, influido por tantas veces haber sentido esa misma melancolía que produce. Incluso ahora que lo veo me produce la misma vaga, profunda y sosiega tristeza) me fue contada con un amargo trago de un joven vino.


Nos encontrábamos en una taberna tradicional del oriente austríaco, un mesón de color amarillo brillante por fuera y de tenues colores barrocos que iban desde el béisch de las paredes con sus molduras color leche, a la madera oscura del negral por dentro. Antes, Andreas ya me había explicado acerca de este viejo lugar: Heuriger es el nombre en alemán para estas tabernas que evocan el completo significado del Gemütlichkeit austríaco: el buen humor, la tranquilidad, la paz interior y exterior.
Pero conforme le saqué a flote el opresor fuera del corazón, la Gemütlchkeit se fue a pique, y por más que la orquesta tocara tras terminar ese monólogo que me dejó ciertamente agotado en sentimientos y perdido en laberintos de cabilaciones al absurdo, él no obtuvo sonrisa, ni se veía que disfrutara lo que (me contó) antaño le apasionaba tanto como ir al café a los poetas parisienses.



Por Sergio M. Đ H. y T.

miércoles, 10 de abril de 2013

Bellas ideas de alguien.

Te conocí velando a la luna, perdiendo el tiempo nada más,
estabas llena de falso desprecio, a cada palabra que decía,
parecía más lejana la idea taciturna de estar contigo en aquel instante.
Nos besamos el alma gacha de los sentimientos que pedían salir
de tu cuerpo, para vivir una vez más ese amor latente.

Me enamoré de ti, ganaste el juego de los cortejos
que sin saber, tú misma propiciabas en cada mirada 
otorgada después de juntar aquellos labios sojuzgados, 
sólo quería estar contigo, no con un mujer rezumada.

Te has perdido entre la bruma, yo en las tinieblas,
sé que estás ahí, en la obscura redención de
un profundo sentimiento que rodea tu credo,
porque quieres estar conmigo, pero la bruma
que te acongoja, te convierte en una idea
y es que vivo enamorado de ti...
enamorado de una idea.


Por Carlos Osorio

martes, 9 de abril de 2013

Hacia ti.

Camino, doy un paso tras otro;
no permito que la impaciencia
de los que pasan a mi lado, me atrape;
voy sin prisa.

Me hundo en el espacio,
tengo el tiempo que yo quiero;
disfruto del sol que me ilumina
y del viento suave que alborota mis cabellos.
Voy paciente a tu encuentro.

Observo todo y a todos, sus expresiones me intrigan;
quiero algo que contarte, pienso que mi trayecto
te puede resultar interesante.

Llego, con mis ojitos brillosos
los que te atraparon
desde el primer momento que te miraron.
Me acerco, poco a poco
y olvido quien soy, de donde vengo;
pero no olvido a donde voy…
Me dirijo hacia ti.
 
Por Arai G.
 

lunes, 8 de abril de 2013

CARTA PRIMERA


¿Por qué no terminamos de una vez con lo que nunca comenzamos? Si ya son muchas las pruebas que no superamos, y si sirviendo tanto así, nunca pudimos suspirar sintiendo los aires del amor. ¿Por qué nos dejamos llevar por ese mar de sentimientos, que a primera vista parecían enervantes; y después fueron la peor catástrofe del mundo? Eso, mi amor, es lo que nunca comprendimos. ¿Por qué no dijimos no desde la primera vez? Tan fácil que parecía, azul de mis días, luna de mis noches. No comprendés que la vida, si no es para vivirse, no es para dos. Tal vez presumimos de saber lo que hacíamos; tal vez nos jactamos de amarnos mutuamente. Pero al final comprendimos, que las cosas hermosas, no eran para nosotros. Vos fuiste siempre tan auténtica, mientras que yo, solía ser el ser menos flexible de la Tierra. ¿Cuál fue mi atrevimiento? pregúntome siempre. ¿Qué fue de lo que no nos percatamos? Si siendo la vida tan bella, ¿Por qué escogimos tergiversarla de forma tal? La respuesta la tenés vos. Aunque vos, tan fresca siempre fuiste, me engañabas todo el tiempo, pero no duró mucho nuestro juego. ¿Por qué jugar un juego, cuando nunca tuvimos las instrucciones? Mi dulce bien, esta carta, aunque triste en sus líneas, no es más que la pauta, de lo que mi corazón teje, queriendo evadir la verdad de nuestro error. ¿Podremos amarnos siempre? ¿Podremos amarnos, tanto? ¿Por qué es que te veo en mi mente, pasando por un jardín paradisíaco, cantando los valses que te compuse? Será el tiempo quién me lo diga. ¿Será que te cansaste de bailarlos? Oh, cruel destino, ¿Por qué me quitás la fortuna déste amor? Era exquisito el sabor de tenernos siempre juntos, mi amor, la más bella de mis melodías. Cerramos las puertas, aunque sintiéramos lo mismo. Dejamos al destino sufrir a nuestros pasos, ya que nuestros pasos, no quisieron sufrir con el destino. Y ahora que caminamos, siempre juntos mas distantes, planeo hacerte esta confesión. Yo un día te amé tanto, que a la vida transgredí. Te quise tanto y te veía mía que solo me redargüí. Más ahora, dejáme que te diga, que cómo te amo ahora, nunca he querido. Sos la luz de mis días, y la memoria de mi mente. Sos los ojos de mi alma, y los oídos de mi corazón. Mas más aún, sos vuestra piel, pegada a mi piel. Y yo sé que para vos, también soy yo, tan inmenso como el mar, tan grande como el cielo. También sé, que vos me querés con la misma intensidad, con que he descrito mi amor aquí. Eran tan penados mis días antes de conocerte. Después mi vida se transformó, vos la llenaste de color y de alegrías. Todo recobró la luz para mí. Y vivía pegado a tu memoria cuando no estabas conmigo. Solía caminar por las calles, lloviendo, nubladas, porque la lluvia me evocaba tu recuerdo. Y quería, y deseaba, que estuvieras junto a mí; ay, cómo anhelaba, estrecharte entre mis brazos, y fundirme en tu ser. Todo el tiempo, respiraba yo tu aroma; escribía tu nombre en todos lados; en el periódico mientras leía, en el mantel mientras comía, en mis poemas cuando escribía…Eras todo para mí, mis ilusiones, mis esperanzas, mi mundo entero. Pero después, la suerte cambió, y habéme aquí. Muerto, con este amor que no me deja respirar. Con este ardiente anhelo que calcina mis entrañas. Con esta suerte que se clava entre mis venas. Mis penas, mis tristezas. Pero no se aparta como siempre tu recuerdo de mis obras. Pero después, nos dimos cuenta, que la historia había terminado, sin antes comenzar. Y yo sé que vos también, me veías hasta en sueños. Siempre alegre te encontraban, y cuando te preguntaban, que por qué esa alegría, les contestabas: es que lo amo mucho, es el mundo para mí, es la estrella más lejana, que en deseos yo pedí. Y seguías caminando. Vos bien sabés que nunca recordabas el nombre de tus pacientes, por estar pensando en mí en vuestras consultas. Y si llovía, te preocupabas por mí si no volvía. ¿Recordás ahora? ¿Cuánto nos quisimos? ¿Te acordás de aquellas promesas que nos jurábamos? ¡Cómo olvidar aquellas tiernas palabras, que proferíamos, y protegíamos contra todos! Ay, aquellas tardes en la plaza. Esta añoranza que ahora mitiga lo que fue ese momento. ¿Por qué tuvimos que haber sido tan diferentes? Pues nuestro destino ya estaba marcado. Ya estaba nuestro azar prescrito por nuestras acciones, por nuestros actos. Pero no fue hasta el acto final, que se dictó la sentencia para este sentimiento que despertó en nosotros no hace tanto tiempo, ni hace tan poco. Mejor no recordar malos pasajes de aquélla ópera que fue nuestra historia. Pero aquí, en la distancia, no creás que te has ido de mi vida, seguís tan presente como antes, o más. Y no dejo de reprocharme, ni reprocharle al destino haber dejao quésto se haya dado. Fue la situación, y no podíamos hacer nada al respecto. Aún sigo lamentándome, pues era intacto y puro esto que hubo entre los dos. Es que bien lo sabés, yo era un volcán contenido en una roca, y vos eras una roca brincando por la lava de un volcán. Siempre estabas como un mar a media tormenta. Y yo como un bloque de mármol. Pues, para qué ya me atormento, si sintiendo esto que siento sin poder estar juntos, es suficiente infierno para mí. Ha sido el calvario que agobia las horas de vida que me quedan, que por desgracia, son muchas. Y sabé que este dolor que siento, con todo respeto, ni vuestra profesión me lo cura. Cada vez que recuerdo aquellas travesías por el mar, vuelvo a vivir el tenerte frente a mí, el decirte que siempre sería vuestro, y vos siempre serías mía. Y así ha sido hasta la fecha, la tragedia es, que ni yo siendo vuestro estoy con vos, ni vos siendo mía podés estar conmigo. Y es que río a veces, y a veces lloro en tu retrato, te acordás, aquél que me diste como sello dése pacto. Ese retrato donde salís de tres años, tan hermosa siempre vos; vuestros ojitos siempre vivos, atentos, con ese color verde e inigualable; tu nariz que apenas y se distinguía; los labios, queran como una cereza que apenas se asomaba del árbol, como la flor que apenas florecía; vuestra tez, tan pura y diáfana, blanca y anacarada, como la más bella de las perlas; y tu cabello, tan brillante, y el corte que te tenían, se veían hermosos en el retrato tus rizos espesos y más dorados que el sol. Cómo no enamorarme de aquélla pequeña, que inocente y tierna, con su paletita y con su esclava, veía hacia mis ojos desde ese trozo de papel. ¿Te acordás, que me quedé pasmado viéndola por más de quince minutos? Y en pago por el detalle, una cena te esperaba. Ay, aquella velada, tan llena de suspiros y miradas que se entrecruzaban en el telar del amor. Sabés, sigo teniendo ese retrato junto a mí. Sírveme de inspiración en mis poemas cuando no estoy inspirado. Y la luna me exige que escriba. Cuando la noche llora, me acuerdo de vos. Y recuerdo tu voz a través de tus labios susurrando en mis oídos, unas palabras suaves que apenas y se percibían. Me decías cuán especial era yo para vos. Pero esos tiempos se terminaron, tras la cruda realidad, ésta suerte no me deja vivir en paz. Y por eso te escribo, para recordar de alguna forma, y no te extrañe que sí te dé a leer estas cartas, porque espero sean varias, aunque sea en mi lecho de muerte.


Cuidáte mucho luz de mis días y luna de mis noches.


                          Hernán Sicilia (16)

domingo, 7 de abril de 2013

PIES JODIDOS


Forrado de tela
Apretado por algodón
Cómo aprietan los calcetines
Apretados como un condón

No sin duda me duelen
No hay cuestión del dolor
Ganas dan de vestir otro color
Puesto que dulcemente, huelen

De tanto caminar
Mis pies se ven muy coloridos
Y es por eso que escribo
Una oda  a mis pies jodidos

viernes, 5 de abril de 2013

De día a la vida


Aquellos sinuosos modos de cuando escuchando esa canción tuya te encuentras. Tal canción con cual no puedes detener llanto alguno –aún sólo dentro-. Aquellos modos andando me llevan esta noche, luego de beber un tanto mucho.

No lo sé de cierto, pero nosotros andamos siempre en busca de amor. Algunos encontramos su llegada lo bastante distante para, más allá de la inexistencia de la vida tal cual es, percibir. La vida como, tal vez, habría de ser.
Algunos encontramos el sentido de vida en algún lugar intermedio del evento y la palabra. A veces encontramos pequeñas chispas en risas, juegos, roces de mano, comunicación. Pero nunca siendo suficiente, escondemos el lento paso con prisa hacia las palabras cual único recurso que perdura. El único y último modo de confidencia con alguien, con ustedes, lectores. Porque, probablemente nunca lleguemos a notarlos siendo mientras leen. Porque, probablemente sólo encontremos al amor viajando con distancia por doquier, hacia lugares que podremos haber vislumbrado, pero jamás alcanzado.
Así que, sí. Bebí un tanto mucho sólo para encontrar camino. No encuentro amor. La familia ha sido siempre otro viaje del amor al que invitada no he sido. Y, en mi búsqueda, he muchos errores cometido con ilusorios amores, provocando e induciendo ilusorios sentidos.  
Bebí un tanto mucho. Esperé, busqué un tanto mucho. Nunca encontré un tanto poco, tal cual el alcohol se diluye tan pronto. Tal vez la cirrosis me alcance antes. Tal vez, entonces sea capaz de olvidar el daño suyo y de sus manos. De su cuerpo y mi cuerpo tan a su alcance, de tres años. De su cuerpo y sus manos que tomaron mi hogar y me desecharon. De sus manos y cuerpo que lo transformaron todo, ubicándolo a él cual elegido de protección y… amor.
Tal vez tan sólo despierte un día de todo esto, encontrando una no tan distanciada vida del hogar en todo.
Tal vez encontraré amor en pequeñas chispas de risas, juegos, roces de mano y comunicación sin la inutilidad coexistente. Hasta entonces, agradezco a ustedes dejar esconder mi lento paso con prisa. Agradezco a ustedes ser parte de mi único y último modo de confidencia con alguien.
Porque, probablemente, nunca podré notarlos ser mientras leen.
Porque, probablemente, sólo encuentre al amor viajando con distancia por doquier, hacia lugares que podré haber vislumbrado, pero jamás alcanzado.

Por Lucie Labra.