miércoles, 6 de junio de 2012
Olvidar lo recordado.
Quiere estar al tanto
debe buscar la manera
del inicio de algo
que en vida trasciende.
Narra el tiempo
pasan los momentos
corren muy lejos
escupen recuerdos
y llegan a él.
Sostiene el pensamiento
funde sentimientos
moldea la reminiscencia
y todo lo cuenta.
Regresa a recorrer
el colosal espacio
cosas que solo
pueden ser eso.
Pasa el tiempo
regresa ese momento
y moderniza el pensamiento.
martes, 5 de junio de 2012
Tiempo
Impenetrable instante, dos segundos para percibirte y pensarte.
Eres aún. No logro descubrir cómo percibir tus engaños de tartufo y sus mediciones.
Minuto: Maestro místico de meridiano, mueve su mirada muda en mascaras muertas de la mañana.
Pido a gritos, rezo en rodillas, ahogo en fuego el cielo, sucumbo ante la palida pared del mundo.
Por Darío.
lunes, 4 de junio de 2012
Pasional 15. Infidelidades.
Monserrat
amiga del vecino y dueña de la tienda de lencería, siempre cierra a las siete
en punto su local. Se hace veintidós minutos de la tienda a su casa, sin contar
los días en los que el tráfico es insoportable y los limpia parabrisas llueven
como cascada sobre los vidrios de los automóviles. Cuando arriba a su hogar
siempre lo encuentra solo, por lo que la mayoría de las veces hace lo que le
plazca con la casa. Aquella vez decidió invitar a unas amigas para festejar su
futura boda, la cual estaba tan próxima que se podía oler el champagne y
saborear el pastel de bodas en la boca.
Las amigas arribaron a la casa
con prontitud y entre copas y canciones de Timbiriche, a alguna de las mujeres
más animosas se le ocurrió llamarle a uno de sus amigos por teléfono para que
trajera una manada de hombres y reavivara la reunión. Los hombres se
aparecieron cual bandada por la puerta, y al entrar, encendieron la velada con
su masculinidad congénita.
Monserrat disfrutaba de la jarana como si esta fuese la última de su vida. Bebió menjurjes y mezclas
extravagantes, bailó de formas que en sus cinco sentidos nunca se le hubiesen
ocurrido bailar. Y conoció a un sujeto
guapo y sensual que la invitó a bailar y con quien comenzó a entregarse a la
pasión y los deseos carnales. Se manducaron los labios con celeridad, y
mientras se desvestían el uno al otro, el delirio los llevó hasta el cuarto de
ella en el segundo piso. Abrieron la puerta, y de la habitación sólo salió un
fuerte grito inesperado. Era su prometido semidesnudo sobre otra mujer. El
silencio se propagó en el ambiente cual ventisca helada. Lo peor fue que la tipa
aquella tenía ropa interior provocadora, misma que Monserrat vendía en su lencería
todos los días.
Alan Santos.
domingo, 3 de junio de 2012
Ceba
Tragando puro lodo cementerio
en un agujero con sarna
envuelto de nubosa oscuridad
ahogándose en escarcha impertinente
asco de ceba nauseabunda
el término de todo
la mirada vacía.
Acabada la noche
repentina madrugada agria
sola y eterna
cólera enlamada
sopor insoportable
decadente y blanco
amanecer tardío
podrido
residuo
sobras de los días,
noche prostituta
esbelta
mirada disuelta.
Pelos arrancados
demencia a tercer grado
vinilo
cianuro
veneno de rata
esqueleto
costra de corazón
coágulo de vagina
la mirada perdida.
Retrato de tristeza
saliva que resbala constante
piso sudado
peste
charco
de escrupuloso semen
masturbado
se arrastra la angustia
pecho bañado
con sangre revuelta
espesa
mirada perversa.
Por Jarana Mosquito.
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Jarana Mosquito,
Poemas
viernes, 1 de junio de 2012
Lucía...
Esa noche cuando
Lucía se sentó frente a su computadora no podía pensar en otra palabra para
describirse a si misma que no fuera "patética". La razón por la cual
esto ocurría es que dentro de Lucía se habían desarrollado una serie de
acontecimientos órgano-sentimentales que la habían colocado en aquel peculiar
estado.
Cuando Lucía se
levanto aquella gélida mañana de octubre se quedó paralizada, no debido a
alguna condición fisiológica si no que la parálisis que ella sufría era debido
a una, por llamarlo de alguna manera, incomodidad del alma. Verán, cuando Lucía
abrió los ojos y las líneas paralelas que formaban las persianas de su cuarto
con la ventana se definieron en sus pupilas, el pensamiento que arribó como
mensajero matutino a su mente fue que no tenía absolutamente ninguna razón para
levantarse de la cama y "vivir".
Lucía juzgó que
la mejor estrategia era convencerse de la falsedad de este juicio acarreado por
la nubosidad del pensamiento al alba, por lo que comenzó a hacer una lista de
cosas que quería, cosas como "una cámara fotográfica nueva", "un
par de zapatos de tacón alto" y otros sustantivos que la sociedad nos ha
inculcado que al poseerlos se es feliz. Sin embargo pronto se dio cuenta de que
este tipo de cosas no valían la pena ni siquiera que ella parpadeara una vez
más.
Prosiguió y en un
cambio de planes comenzó a pensar en toda la gente que dependía de ella, sin
embargo, de la misma manera que la estrategia anterior había fracasado, esta
estrategia para convencerse de que valía la pena continuar con la farsa diaria
fracasó.
La lista
"personas que me necesitan" fue a hacerle compañía a la lista
"cosas que me harán sentir bien", ambas se encontraban en ese lugar
al que van a parar todos esos pensamientos que juzgamos inútiles, pensamientos
que nos defraudan, pensamientos como "Para el mes próximo habré perdido 10
kilos" o "El próximo año sí voy a estudiar francés".
De alguna manera
Lucía en un momento de inspiración logró dar media vuelta en la cama y se
encontró con la proyección de las persianas contra la pared del cuarto, al
tiempo que el relieve de su cuerpo rompía la simetría de la escena sobreponerse
este a las sombras que habitaban la pared...
Levantó un brazo
con su respectiva mano y abrió los dedos, observó la manera en la que fluían y
convivían la geometría de la sombra de las persianas con las formas curvilíneas
de su anatomía, y fue en este momento en que Lucía experimento una sensación de
lo más particular.
Sintió que ella,
Lucía, había dejado de existir, existían la pared, las persianas, la sombra de
las persianas y las sombras de los dedos, de la mano y del brazo de Lucía, sin
embargo, ella misma Lucía, no existía.
Era un espectador
que observaba la pared y al mismo tiempo habitaba un edificio celular que los
demás edificios celulares llamaban Lucía, pero ella misma, la entidad capaz de
decir "esa es mi sombra y estos son mis dedos" no pertenecía al mundo
de las sombras y los dedos y las paredes.
En ese momento
cayó en cuenta que no existía en el universo entero (el universo de las
sombras, dedos, paredes y gente hecha de células) ni una sola razón por la cual
Lucía (la persona pensante y no la persona celular) debiera pararse e ir a
trabajar, que ella tenía infinitas opciones, una de las cuales era quedarse en
esa cama, en esa posición, con la sombra de su mano en la pared, por el resto
de la eternidad; y otra de las infinitas opciones era levantarse de la cama y
salir al mundo material.
Acto seguido
Lucía se levanto y corrió las persianas, recibiendo un baño de luz dorada sobre
su cara, dispuesta (más que nunca) a vivir la vida, sabiendo que era ella y
solo ella en un acto de suprema autonomía la que lo decidía así, por si misma y
para si misma.
Por José Patiño.
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Cuento corto,
José Patiño
jueves, 31 de mayo de 2012
Nit de tempesta
Trona, plou.
És tard i tinc son.
Un llamp per la finestra,
assegut, sol.
Les gotes, els vidres.
Un tro i els vidres.
El llum vacil•la i tremola,
m'endormisco tota sola.
Negre, llampada.
Negre amb la pluja.
Sola no, envoltada,
de la nit, de natura.
Coixí, badall.
M'estiro i un llamp.
Avui dormire tranquil,
acotxat al teu jaç.
Por Ferrán Quer.
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Truena, llueve.
Es tarde y tengo sueño.
Un relámpago por la ventana,
sentado en el piso.
Las gotas, los vidrios.
Un trueno y los vidrios.
La luz vacila y tiembla,
me adormezco toda sola.
Negro, destello.
Negro con la lluvia.
Sola no, rodeada,
de la noche, de la naturaleza.
Cojín, resquicio.
Me estiro y un relámpago.
Hoy dormiré tranquilo,
a tu costado yazco.
Por Ferrán Quer.
miércoles, 30 de mayo de 2012
Rubor.
Una inminente aventura comienza,
respuesta de gusto atracción y torpeza,
ahora me recuesto en tus piernas,
y te digo algo mientras el silencio reina.
Robé ese inconveniente beso mientras me despedía,
cuando el rubor de tu rostro se impregnaba al mío,
tu cara de asombro me dejaba tranquilo.
Pero la aventura apenas comienza,
que incierta se avecina la andanza,
pues la naturaleza tuya y mía,
no son más que contradicciones de humanías.
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