viernes, 24 de agosto de 2012

NAVARRE T’ATTEND… (Navarra te espera)

Bajo el clásico rubor de las nubes,
antes que el pálido cristal celeste
se quiebre en estrellas esta noche,
parto al fugaz encuentro con mi abismo.

Se ausenta el ojo del entierro,
la boca gimiente de la vela,
el presto bramar del agua por la roca,
la tibia seda que broncea el Astro.

Por la prístina pátina disoluta
del agua bebida por mi boca,
urden las Moiras los hilos de mi vida,
me anudan con la roca bajo el buitre:
sol de oro negro que rutila, que burila
la áspera arteria de la terra, de la creta
que en monda recubre mi osamenta.

Regreso al decrépito chirriar del fuego
que me abrasa: tibia la sangre
de su cráneo estampada entre mis dedos;
la albugínea tela que en carmín se torna,
y la límpida lacrima que destilan
mis ojos e impregna mi epidermis:
sólo páramo antártico satinado…

Resuelta…
… bajo el sol que licueface su dermis,
la flor que la ahogó el prado de su origen,
fenece en el elíxir de su exilio…


Por Hernán Sicilia (19).

jueves, 23 de agosto de 2012

A... E... I... O... U...

A
Arriba o abajo
a mi me gusta

E
Encima, la cima
es un triunfo alcanzado

I
Iniciamos
creando un atajo

O
Opulento el bado
siempre en forma

U
Ubica con calma
Así es, así se atina.


Por Sebastián González de León y León.

miércoles, 22 de agosto de 2012

Es bello también.

Es un acto de crueldad no compartir,
es cruel no estar contigo, no besarte,
no poner un nombre a mis quehaceres.
Pero recuerdo que es algo bello,
es bello tomar tu alma y pegarla a la mía,
soñar y escurrirme en tu sudor,
conectarme, leerte y al final, besarte.

La suavidad de la tersa espiga,
se enreda en todo, en ello, en nosotros,
recorre todo, tus piernas, tus senos, tu rostro,
me quedo atónito, sólo admiro. Te gusta,
te conduces para ello, para mi, para mi gusto,
para el amor que te tengo.

Mis manos desnudas saben, te leen,
te gustan, dicen te quiero y,
le quitan la crueldad a las cosas,
porque te ven y me impregnan a tu ser.
Luego me voy, me esfumo, me convierto 
en pensamiento digno de ser respirado
sólo por el aire de tu nariz,de tu carácter,
ese aire que siempre estará ahí,
para que pueda proteger tu amor.





martes, 21 de agosto de 2012

Los miércoles son para lavar

Era una tarde otoñal muy común supuestamente. Al cuartel del pueblo entra una señora de algunos 40 años y pasa confiadamente hasta la oficina del oficial el cual estaba dormido en su silla. La mujer se sienta frente a la  mesa y le da unos golpes al escritorio para despertarlo, este naturalmente responde al acto con espanto.

- Hola oficial, soy Aurora y por favor no me interrumpa que en esta vida he hablado muy poco y cuando tengo algo que decir merezco ser escuchada. Vivo en las lomas que ve allá arriba, nunca me he mudado de allí para ninguna otra parte, ahí naci y cuando me case mi esposo se quedo con nosotros hasta que se fueron mis dos hermanos a la capital después de la muerte de mis padres.  Lo más lejos que he llegado ha sido al pueblo, usted sabe, por necesidad.  Y más después que mi esposo me abandono embarazada de mi  hija Cleotilde que ahora cumple sus 16 años.

La verdad es que este es un campo muy normal donde no pasa nada que Dios no quiera, pero vengo precisamente por algo muy importante que paso en contra de la voluntad del altísimo, nuestro señor. Y estoy segura oficial que el señor me ha enviado para que se le aplique justicia a aquel que  pretende ser el todopoderoso quitándole la vida a alguien. ¡Si mi oficial!, vengo a reportarle un homicidio.

- ¿¡Pero cómo es posible señora!? ¡Algo tan serio como un homicidio y usted comienza relatándome su vida! Ahora mismo hay que salir a…

- ¡Cállese! ¡O no le digo! Así que siéntese y déjeme explicarle que sin mí no podrá usted hacer nada.

Fíjese que esta mañana, bien tempranito, como todos los miércoles desde que tengo 10 años, me he ido al rio a lavar. Y  fue ahí cuando vi el cadáver de un joven de piel clara, así, un poquito más quemadito que yo, cabello lacio  y abundante y vestido muy elegantemente con un ramo de flores metido en la boca.

¡Ay oficial! Perdone usted si no es ahora hasta las 3 de la tarde que les vengo a decir lo que ha pasado, pero debí moverme a otro lado del rio a lavar y en la casa me esperaban mis quehaceres, además, tenía que consultarlo con Dios el siempre me dice que hacer.

- Señora discúlpeme, pero le ruego por favor que trate de ser objetiva y colabore con nosotros. Debemos tomar carta en el asunto lo antes posible, así que  venga usted conmigo y con los demás oficiales al lugar de los hechos.

- ¡Ah no oficial!  Si en el lugar de los hechos no ha quedado nada. Yo misma me encargue de dejarle todo eso limpiecito, con ayuda de  la Cleotilde enterré al pobre hombre como se debe, hasta le oramos, y las flores que llevaba en su boca se las he puesto encima de su tumba. Además le he lavado la ropa, claro menos  la interior porque sería deshonroso delante de mi hija y delante del señor.

- ¿¡Esta usted loca!? Ese cuerpo debe ser entregado  a los forenses para ser estudiado e investigar el caso.

Al pronunciar estas palabras suena el teléfono.

- ¿Si?  Aja, entiendo (mira a la mujer con cara de desesperación  mientras tomaba unas notas), lo llamo enseguida, ya trabajaré en eso. Bueno, adiós.
Señora, -le dice entre un suspiro mirando las notas-  ¿puede detallarme como era el hombre que encontró a orillas del rio?

- Mire, era un poco mas quemadito que yo, no mucho, imagínese como si hubiese pasado una tarde bajo el sol. Tenía mucho cabello lacio y oscuro. Era joven de peso común, no muy alto, con un golpe en la cabeza. Vestía una camisa azul  la cual me dio mucho trabajo para sacarle el sucio de tierra pero soy hija de mi madre ya sabe ella era…

- ¡Señora concéntrese!

- Y unos pantalones negros.

- Escúcheme…

- Aurora, mi nombre es Aurora, como la madre de mi padre.

- Escúcheme Aurora, al parecer el joven que ha encontrado a orillas del rio es el novio de la hija del acalde del pueblo y la iba a visitar, por eso las flores. Según el alcalde el muchacho  también cargaba  en la suelas de sus zapatos la combinación de una caja fuerte que habían sacado la muchacha y él para lo de su casamiento. Algunos rufianes se habrán enterado y lo han seguido sin poder conseguir nada por suerte, pero por desgracia matando al pobre muchacho. Aurora, debe llevarme a donde enterró  al muchacho y conseguir esa combinación.

- Ay oficial mire que mi memoria no es vaga ni despierta pero hare lo posible. Ah! Pero si lo encontraremos en seguida por el ramo de flores.

- Vamos entonces.

Al llegar a orillas del rio   encuentran las flores dispersas por todo lugar, el viento las había pateado dejándolas desorganizadas en  la orilla. El alcalde se agarro la cabeza y miro a Aurora que en ese momento miraba al cielo con las manos juntas orando.

- ¿Y ahora oficial? ¿Que hacemos?

- Búsquese un pico y una pala, empecemos a cavar y hasta que no demos con el cuerpo del joven ¡de aquí no nos vamos!

- ¿Que!?

- Como acaba de oír  Aurora, por su culpa estamos en este lío! ¿¡A quien se le ocurre hacer tal cosa!?

- ¡Ay Dios mío! Por estar yo de entremetida, si bien me lo ha dicho mi madre, ¡los miércoles son para lavar!

Por  Elba Caba.

lunes, 20 de agosto de 2012

Fiestas del Carnaval. Río de Janeiro.


1992.



Y se desata la juerga en la ciudad de Río de Janeiro. El carnaval ha llegado con variados y gustosos ritmos de samba, axé y swinguera celebres que deleitan a los incautos visitantes y la gente que está acostumbrada a la fiesta nacional. Las personas zapatean, se divierten, la pasan bien entre canticos ajenos y danzas misteriosas. Y dentro de los blocos el retumbar de los timbales y tambores, hace eco entre las casas y edificios. La jungla de concreto y luces se llena de vida, de fantasías y personas que bailotean desenfrenadas por las gigantescas avenidas y vericuetos más estrechos de la ciudad. En las calles se respira el olor a bebidas alcohólicas; bebidas exóticas y embriagantes, que obligan a sus consumidores a cantar canciones que no conocen. A deleitarse con mujeres extravagantes. La libertad se vive en su máxima expresión, como si los límites de la moralidad y la decencia nunca hubiesen existido. El sexo se respira como algo cotidiano. Y las parejas de enamorados y desconocidos inundan los burdeles, los coches de sonido, y las avenidas y aceras públicas de Janeiro.

            Sin embargo, bajo la sensualidad de los encuentros casuales, sobre la avenida presidente Vargas, yace un cuerpo inanimado. Un mulato sin zapatos ha sido asesinado sin razón aparente. Con la verga de fuera y una cara de satisfacción inmutable, los curiosos lo encuentran desangrado en el piso. Una patrulla se acerca para disipar a los fisgones y entrometidos. La fiesta sigue, se acrecienta, cobra fuerza. La muerte de un pobre hombre no es suficiente para detener el furor desmedido de la verbena popular. El Cristo Redentor luce impresionante bajo el cielo estrellado. Vigila la ciudad, ecuánime, imponente.



Alan Santos.


domingo, 19 de agosto de 2012

Instantáneas sonoras.


Hemos sido fuera y dentro compartimos por menores que viajan en el viento soltamos aves habitamos cuerpos en formas suaves campos abiertos les doy mis mares les doy mis miedos el frío oído del desconsuelo me suelto toda y me relajo, les doy mis horas sonido encanto o un torrente  sonido urbano sonido fuerte sonido piano el ruido el coche el ruido el llanto el ruido el niño el ruido en vano. No es poesía, quiere ser lo que ha sido, hemos sido juntos y hemos somos olvido, yo quisiera que un día esas aves se atrevieran a pasearse locas  por  ramas ajenas, que entendiéramos que viene y dejaremos que va, el ruido de los camotes, los gritos de tu mamá. El ruido de tus pies al pisar un charco el ruido de la lluvia que hace un manto. El motor del coche, las sirenas, un teléfono público que nunca suena. Yo soy detengo pongo mis pies firmes en el cemento alzo los ojos, abro los oídos capturo detalles que nunca olvido. Fotos sonoras regalo ciego, una caricia que trajo el viento, que se ha llevado pero me quedo. Suave permeando cuerpo y cerebro, yo abro mis labios y griiiiiiito FUERTE cierro mis labios y recojo ___________ dulce y  coraje, risas aliento, creo que encuentro en los silencios, refugios duros de encontrar, amigos ciertos, vuelos serenos.

Por Mariana Montero.

sábado, 18 de agosto de 2012

El amenazado

Es el amor. Tendré que ocultarme o huir. 
Crecen los muros de su cárcel, como en un sueño atroz. 
La hermosa máscara ha cambiado, pero como siempre es la única.
¿De qué me servirán mis talismanes: el ejercicio de las letras,
la vaga erudición, el aprendizaje de las palabras que usó el
áspero Norte para cantar sus mares y sus espadas, 
la serena amistad, las galerías de la biblioteca, las cosas

comunes, 
los hábitos, el joven amor de mi madre, la sombra militar de mis
muertos, la noche intemporal, el sabor del sueño? 
Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo. 
Ya el cántaro se quiebra sobre la fuente, ya el hombre se 
levanta a la voz del ave, ya se han oscurecido los que miran por
las ventanas, pero la sombra no ha traído la paz. 
Es, ya lo sé, el amor: la ansiedad y el alivio de oír tu voz, la
espera y la memoria, el horror de vivir en lo sucesivo. 
Es el amor con sus mitologías, con sus pequeñas magias inútiles. 
Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar. 
Ya los ejércitos me cercan, las hordas. 
(Esta habitación es irreal; ella no la ha visto.) 
El nombre de una mujer me delata. 
Me duele una mujer en todo el cuerpo.



Por Jorge Luis Borges (1899-1986).