lunes, 23 de julio de 2012

Pasional 22. Casualidades.


Lo hicieron rápido, apresurado. Y sin darse cuenta, como autómatas al terminar, se pusieron el pantalón, las medias, los zapatos, el calcetín, la blusa. Se dieron un beso fugaz, beso a la plancha, o quizás al vapor: sabor salado o agridulce. Habían entrado a la habitación para descubrirse mutuamente, para conocer entre las sábanas su verdadera naturaleza. Y salieron de ella como un par de desconocidos, extraños jugando a conocerse. Partieron del hotel cual estampida errante, y al despedirse regresaron a pretender ser todo aquello que no son. Todo aquello que se erige como la antítesis de un ser misterioso que vive entre las sudorosas sábanas, y las pringosas almohadas de una solitaria habitación.
Alan Santos.

viernes, 20 de julio de 2012

Antes del día en que no sueñe contigo…

Llevo ya varias noches durmiendo de manera profunda para sólo despertar sobresaltado, sintiendo un vacío que no puedo explicar, sintiendo una carencia en mi vida que no he sido capaz de suplir, sintiendo tu ausencia. Una ausencia que me pega cada vez con más fuerza al haberte tenido ya, pero sólo en sueños.

Todas estas noches de temblores incontrolables, sudores fríos y sensaciones inconexas han estado plagadas de tus visitas en lo más profundo de mi mente. Y no sé cómo sacarte de ahí, no sé siquiera si quiero hacerlo, ya que esa es la única manera en la que puedo tenerte cerca.

Suena un tanto extraño, medio obsesivo quizás, lo sé, pero si algo he de admitir, es que ahora que te conozco, ya no puedo estar sin ti. No sé que tengas que me haya conquistado, no sé qué te haga tan especial pero no puedo sacarte de mi mente, todo el día pienso en ti, y cuando no, tu recuerdo me persigue en las noches, me acecha entre sueños y no me deja dormir en paz, me provoca sueños multicolor en los cuales yo provoco en ti lo mismo que tú en mí, provoco de manera natural que te enamores de mí y compartimos momentos únicos, hasta el momento en que abro mis ojos a la realidad y me encuentro en mi cama, solo, sin ti.

A veces me he puesto a pensar largo y tendido sobre esto y llego a la conclusión de que ésto no es sano. Estas ilusiones nocturnas se han vuelto recurrentes, incontrolables, tan poderosas que he empezado a perder la noción de la realidad, he comenzado a creerme los cuentos que mi imaginación crea, a caer en los juegos que mi mente crea y a perder lentamente la cordura.

¡Ya no te quiero en mis sueños!

Siendo sinceros, te prefiero en mi realidad.

En una realidad tangible, tan tangible como tus labios pegados a los míos y no una simple ilusión que se puede acabar con el timbre de un despertador. Pero eso no es posible, al menos no ahora y es por eso que debo conformarme con esta dulce aflicción que me provocan tus visitas nocturnas, visitas que me alivian por momentos para luego destruirme al desvanecerse con la facilidad con la que abro mis ojos.

Ojalá que llegue el día en que no sea necesario soñar contigo, pero antes de que ese día llegue, antes del día en que no sueñe contigo, sufriré y gozaré a la vez cada una de esas noches en las que eternamente estarás conmigo.

Por Flavio Reyna.

jueves, 19 de julio de 2012

Manías adoptadas


Un vaso de plástico grabado me basta para recordartodas las manías adoptadas que tengo.
O debería decir, todas las manías que te adopté. 
Tengo la teoría de que todas las personasque conocemos se llevan una parte de uno y viceversa. 
Tú no te llevaste una  parte, te llevaste y medejaste un todo. Un todo que huele a vainilla, un todo lleno de gustos,preferencias y manías. 
Me pregunto si algún día olvidaré que son maníasadoptadas y se convertirán en hábitos, hábitos quealguien más se llevará.

Por Santa Irais Chamorro.

miércoles, 18 de julio de 2012

Revuelos de latidos.



Todo y nada ha sido diferente,


la armonía de tus latidos retorna,


un chasquido lo rompe todo,


vuelvo a tocarte, regreso a acariciarte,


cada tacto te doy resulta de afecto


una exaltación de ti, de tu cuerpo,


sólo me fundo contigo Mariposa,


revuelo mi mente y aun así te quedas,


camino por tu piel tersa morena,


sólo quiero amanecer y besar tu esencia.

martes, 17 de julio de 2012

Serie de haikús #2


Morder el aire
Hacerlo gemir
Trozarlo, saborearlo y escupirlo.

¿Soy, estoy?
¿ importa?
bla bla bla bla bla

Dos piedras bajo el río
me pidieron la hora
les enseñé mis muñecas vacías.    

Imito las cosas, imito el viento
Canto escondido
En la cueva de las nubes

Llorar por nada
Sonreír de todo
Perder la memoria.

Derretirnos al sol del éxtasis
Que no eclipsa
Los eclipses son vistos desde una perspectiva.

Verse iluminado
Por algún reflejo
En la noche

Las palabras, el mundo
Yo, la naturaleza
Todo, nada

Por Omar Aguilar.

lunes, 16 de julio de 2012

Como se escuchan los objetos al impactar el suelo.


EL RUIDO DE LAS COSAS AL CAER es más que un relato anecdótico de las memorias de un hombre frustrado. Va más allá de la búsqueda obsesiva del personaje principal Antonio Yammara, que no sólo es un individuo solitario que vive continuamente la realidad colombiana, sino que es el arquetipo más representativo de su sociedad, de su país y de un sentimiento que prevalece en los habitantes de aquella región sudamericana: el miedo. Es mediante el dañino ejercicio de la memoria, del dolor al recuerdo y a todo lo que representa el pasado, que Antonio Yammara nos cuenta su historia, la historia de las personas que nacieron junto al narcotráfico, que vivieron en carne propia sus acciones y consecuencias más terribles. Además de la lenta transición de la inquina, de la rabia, de la locura criminal de esos años, de la violencia descarnada; al miedo, un miedo que se acrecienta conforme pasan los años, el miedo a volver al pasado, y la incertidumbre del futuro mediato e inmediato que se avecina.

            Antonio Yammara se nos presenta como un hombre de mediana edad, cansado, atribulado, inclusive afligido, que tras observar en una revista importante la imagen de la matanza de uno de los hipopótamos que escaparon de la antigua Hacienda Nápoles, propiedad del difunto narcotraficante Pablo Escobar, cierra formalmente en su vida ese capítulo negro de la historia de Colombia. Y a su vez, inicia un proceso de reflexión en donde el eje rector de sus recuerdos resulta ser una persona que conoció por muy poco tiempo pero que lo marcó para siempre: Ricardo Laverde.

            Aquella persona que entró en su vida mediante los encuentros casuales de ambos en las mesas de billar de Bogotá, esconde dentro de sí un oscuro secreto, un mundo alejado y olvidado, de viajes turbulentos por los cielos; de un piloto que preferiría olvidar el cargamento que poseía en su avión, y el de un ex convicto que dejó su alma en algún lugar del firmamento. Todo ello representa la figura lóbrega de Ricardo Laverde, que por la casualidad del destino, o la cotidianeidad de la vida, se cruza con la de Antonio Yammara. Dos individuos que sufren los últimos resquicios de la violencia colombiana, que son arremetidos con pistolas por motociclistas sin rostro. Y que trágicamente mueren para siempre: uno, Ricardo Laverde, muere físicamente dejando para siempre el plano terrenal; otro, Antonio Yammara, muere emocionalmente para dejar de ser lo que alguna vez fue. Para convertirse en un ser totalmente diferente, dominando por el naciente temor de salir a la calle, el continuo pánico de salir en la noche, y  por el  profundo miedo a recordar.

            Antonio Yammara se transforma en un personaje complejo, confuso, entristecido por su realidad tras la muerte de Laverde, obcecado por conocer la razón de aquel atentado y por el pasado del piloto que murió a su lado. Sus indagaciones y búsquedas lo llevan a una grabación sobre un vuelo fallido, un vuelo tormentoso que terminó en tragedia y donde viajaba un personaje trascendental para la vida de Laverde y su familia. Un personaje que se convierte a lo largo del relato, en el pilar fundamental para entender la novela y la profundidad de la misma.  

            El ruido de las cosas al caer resulta ser un reflejo vivo de Colombia, de la cicatriz que han dejado los años más implacables de los cárteles de la droga; de los sonidos de los proyectiles, de las explosiones, de los atentados, y de todos aquellos ruidos que persisten como ecos mudos de un pasado catastrófico. Leer este libro es vislumbrar el estado de cosas en una región azotada por los exabruptos del tráfico de estupefacientes. Leer El ruido de las al caer es entrever una situación triste y esperanzadora, una situación que nos presenta un país que ha conseguido hacerle frente, con inverosímil esfuerzo, al crimen organizado y sus efectos. Pero, que ha permitido la prevalencia en la idiosincrasia de la población, de sentir temor a los ruidos desconocidos, de sentir miedo al escuchar como los objetos bruscamente se impactan contra el suelo.  

Por Alan Santos.

domingo, 15 de julio de 2012

Serie de haikús #1

Hay que desbordarnos

Olvidarme, decir sí a todo, ¡sí!.
Que todo se me adhiera
Que todo me atraviese.

Salta desde el precipicio de ti
hacia al fondo de ti
que llega a nada.

Llover y hacer crecer

Morir y hacer crecer

Disolvernos.

Horadando el cimiento antenatal
por la inercia elíptica del Yo
me atravieso como la sombra-reflejo de mi acción

Mi reflejo me dijo:
“Nací desde siempre
y lo eterno no existe”


Por Omar Aguilar.