martes, 10 de julio de 2012

Poema para ser leído a los policías enfrente de Televisa.


Policía,
nosotros estamos de tu lado.

Nosotros luchamos para que tu familia
no vea más violencia
para que tu casa esté segura
para que no tengas que escuchar nunca más
el disparo de otra arma.

Nosotros luchamos
para que tus hijos
puedan ir a la escuela,
para que tengan un mejor doctor
para que rían entre árboles y fuentes.
De alguna manera
nosotros también somos tus hijos
y queremos
que tengas el salario que mereces
para que no mates y no mueras
por dos kilos de tortillas,
arroz, huevo, frijoles,
sin poder comprarle un collar
a tu esposa en navidad.

Policía,
no tenemos armas,
sólo tenemos esta voz y estas palabras que no hieren.
Tú podrías ahora mismo sacar la pistola del cinto
y disparar tres tiros
llenarnos de sangre,
llenarnos de muerte,
matar a tus hijos, a los amigos y a los nietos que vendrán.

Pero, ¿para salvar a quién?
¿A quién estarías protegiendo?
A una empresa cuyo dueño
gana millones de pesos,
se llena de dinero y de banquetes
mientras nos llena de falsos sueños
de falsas historias
de telenovelas falsas
y falsos noticieros
que nada tienen que ver con la realidad
con tu calle, con mi casa,
con el barrio y la plaza,
con esta inundación.

Policía,
¿Nos matarías a nosotros
para salvarlos a ellos?
¿Golpearías nuestros cráneos
con tu bastón
hasta dejarnos paralíticos
para que ellos sigan
prostituyendo a las estrellas
del programa de las seis?

Policía,
¿Crees justo
que tú y yo nos peleemos
como perros de pelea, como gallos con navajas,
mientras ellos fuman un puro
y siguen con el noticiero?

Policía,
nosotros estamos de tu lado,
buscamos un México justo igual que tú,
estamos hartos de disparar al insomne,
al que no dejan dormir sus deudas
o sus dolores,
su falta o exceso de trabajo.

Policía,
sabemos que no puedes decir sí,
que tus órdenes te lo impiden,
Pero también sabemos que en el fondo
estás de nuestro lado.

Sólo entonces mueve la cabeza de arriba abajo,
ligeramente,
para que nos llenemos de fuerza
con ese gesto,
para que los ricos no se sientan tan seguros,
tan inocentes de lo que hacen, de lo que han hecho.

Mueve la cabeza
apenas un centímetro
y nos darás luz
nos darás fuego,
una confianza que no se compra.

Policía,
nosotros estamos de tu lado
tenemos el mismo color de piel
y las mismas tristezas:
También a nosotros nos duele México,
nos duele como una parte del cuerpo
que no nos podemos quitar
porque la amamos,
como un ala rota.

Policía,
nosotros estamos de tu lado
y tú también puedes estar del lado nuestro.

Sólo mueve un poco la cabeza
de arriba abajo.

Sólo hazlo.



Por Diego Christian Saldaña Sifuentes.

lunes, 9 de julio de 2012

La verdad, musa escurridiza.


En algún lugar de la razón humana, del pensamiento efímero, vivía el conocimiento. Éste había dedicado la mayor parte de su existencia a la eterna búsqueda de la verdad –indagación de por sí difícil, ya que la verdad gusta de jugar a las escondidillas entre los vericuetos y las calles de la duda y la mentira, por lo que encontrarla suele ser un periplo que pocos consiguen concluir.

            Duró varios años recorriendo diversos y tormentosos caminos. Encontrándose con los peligros del miedo y la superstición. Hasta que después de realizar un sinfín de investigaciones, de cruzar un torrente de experiencias y sufrir los achaques del error, creyó encontrar la verdad escondida entre un lecho de piedras, a las orillas de un rio.

            En su lugar sólo se encontró con un grupo de refutaciones que se dirigían al mercado de ideas, para discutir los precios de los productos. El conocimiento, indignado, se sentó junto a un árbol a llorar, y decidió renunciar a su búsqueda de la verdad. Al escuchar el llanto del conocimiento, uno de sus viejos amigos, cuestionamiento, se acercó para tratar de descubrir el motivo de aquella tristeza. “Qué te pasó hombre”, dijo el cuestionamiento. “Renuncio a la búsqueda de la verdad, es imposible”, respondió el conocimiento. “Pero si por eso es que debes seguir tu búsqueda. Si no fuera por el escudriñamiento que has hecho, tratando de buscar la verdad, jamás habrías descubierto todas las maravillas del mundo que nos rodean, y yo no podría dudar y rebatir de todo lo que me has dicho. Amigo mío, quizás la verdad no existe, pero tratar de encontrarla es lo que nos hace levantarnos una y otra vez, para seguir adelante”.

Alan Santos.
             

domingo, 8 de julio de 2012

Un paisaje urbano


Miro por la ventana, ya no está el camellón.
Aquel camellón que separaba la avenida.
Ancho, hermoso, lleno de árboles.
En el centro, su pasillo de arena.
Imagino la tristeza de tus ojos verdes.
Reflejado en el cristal, que está frente a los míos.
El camellón ha sido sustituido… arrancado.
Ahora hay cemento, un puente, una vía rápida.
Los carros pasan incesantemente.
Y en la vorágine de mi pensamiento.
Recuerdo cuando jugaba de niño.
De los pájaros que alimentábamos por las tardes.
De los árboles llenos de nidos.
Sentado en el sillón de tu recámara.
Leyendo el periódico, recibiste la noticia.
Te describían perfecto el proyecto.
Y lo vislumbraste en tu imaginación.
Qué golpe tan fuerte para un ingeniero.
No hubo tiempo de reclamar o protestar.
La decisión estaba tomada.
La suerte de esos árboles estaba echada.
No se pudo retroceder el tiempo.
Es implacable, avanza aunque no quieras.
Las máquinas llegaron, arrasaron.
Los camiones se llevaron todo.
Hasta el color del paisaje.
Ahora hay más ruido… son los motores.
Dejan escapar el humo que asombrese el paisaje.
Ya no hay pájaros, ni tardes contigo.
La rapidez de los autos hace que se nuble mi mente.
Podemos decir que es el progreso.
Que evolucionamos los humanos.
O simplemente así es la vida.
Pero yo sé en el fondo.
Que tú no lo hubieras querido.
Qué suerte tuviste.
Ya no estás aquí para verlo.

Por Efraín Reynoso.

viernes, 6 de julio de 2012

Ella sueña a un desconocido

Ella lo había citado. Le escribió un mensaje un tanto inexpresivo, en palabras más o palabras menos, le había dicho que tenía que contarle algo. Sinceramente aquello a él le perturbó un poco, tenían mucho tiempo sin verse, aunque existía una relación amistosa entre ambos, no solían frecuentarse a menudo.

Llego puntual a las 5 pm, vestida sencillamente, pero con ese dejo de gracilidad y aquella sutil elegancia totalmente inconsciente. Como siempre el ambiente se impregnó de su perfume, un toque inconfundible de ámbar y madera de oriente. Estaba delgada como siempre, sin embargo tenía un cuerpo bien proporcionado, suaves formas y unos ojos tan inmensos y negros que a veces desconcertaban. Es guapa, pensó él, pero lo ignora.

Lo saludó con afecto, y al cabo de unos minutos le dijo:

“No sé si sea lo mejor revelarte esto a ti, pero intuyo que es lo único que me falta por hacer. Hace un año que vivo aquejada de un mal extraño, una enfermedad onírica, por así llamarlo.”

Su mirada denotaba ansiedad, pero estaba totalmente seria. El tema realmente parecía ser bastante grave.

Prosiguió su relato y yo la escuché, aún más atento:

“Hace un año conocí a alguien, un hombre. No me demoraré en darte sus señas, ni te explicaré como lo conocí. Creo que lo mejor, será que ahorre estos detalles y vaya pues directo a lo que deseo contarte.  Antes de continuar, he de decirte que yo me he examinado muchas veces, antes de contarle esto a alguien, sabes y me conoces  que soy una mujer bastante racional y que no me gusta enfrascarme en cosas inverosímiles. Soy de un talante más bien práctico.”

Y  no mentía, ella realmente siempre se había caracterizado por ser muy inteligente y por poseer un pensamiento analítico y lógico. Una mujer con los pies bien puestos sobre la tierra. Por ello cuando me mencionó lo de su “enfermedad onírica”, quedé pasmado, aunque traté de disimularlo de la mejor forma posible.

Continuó su relato y esta vez, presentí no haría más aclaratorias, ni inducciones. Puede deducirlo gracias a la fuerza de su voz, y por el fulgor misterioso de sus pupilas.

“Este hombre que conocí, hace un año, sólo lo he visto una vez. (hizo una breve pausa, visiblemente afectada). Pero en mis sueños, lo he visto muchas veces…diría que infinitas veces.

El por supuesto  ignora totalmente esta circunstancia, para él solamente soy una conocida, o mejor dicho una desconocida, con la cual la cual se cruzó fugazmente. Yo no sé mucho sobre él. La interacción ha sido inconstante y como te comenté, en persona sólo lo he mirado una vez. He de reconocer que en ese breve y único encuentro “real” sentí algo de perturbación al mirar sus ojos, muy hondos, esos que parecían saber algo sobre mí. La conversación fue breve y extraña, y al marcharse dejó un eco  de  su perfume, no lo sé. Sus manos, estaban perfumadas, o era su olor personal. Se había marchado y su olor estaba allí. Sin embargo traté de olvidar todo esto, el encuentro y sus efectos no tenían mucha lógica ni consistencia. Y así fue, olvidé todo en la cotidianidad de mis días siempre ajetreados. Lo que no sabía es que este olvido era muy temporal.

Pasó un mes exacto. Allí comenzó lo insólito. Lo soñé. Dormía a mi lado, y podía sentir su respiración, los latidos de su corazón, su cuerpo vivo y tibio a mi lado. Mi cara estaba casi sobre su pecho, que estaba desnudo como todo su cuerpo.  Recuerdo con precisión  que sobre su pecho colgaba un crucifijo, era una cruz, no demasiado pequeña, que pendía sobre una tira de cuero, o algo similar. No era una cadena común con el crucifijo, no. Desperté y aún sentía la tibieza de su cuerpo y la imagen de esa cruz flotando en mi cabeza. Sin duda, era el mismo desconocido, ese el del encuentro breve, que ahora había invadido mi sueño, pero lo que me sobrecogió, fue el grado de intimidad de ese sueño y de los siguientes.  No te abrumaré en contártelos todos, pues han sido muchos en el transcurrir de este año.  Son tantos que uno parece crear al otro, se perpetúan. No he de describirte algunas cosas, que son íntimas, me imagino sabrás comprenderme.

Aunado a ello, me he sentido ansiosa, he tenido algunos problemas para conciliar el sueño, y cuando sueño con él, es algo tan vívido que parece sobrenatural.

En el sueño, he sentido mi corazón dentro de su cuerpo. Él se ha perdido en el mío. Hasta soñé en una ocasión que me regalaba un libro: París era una fiesta de Ernest Hemingway .”
En este momento, se vinieron a mi mente muchas interrogantes, entre ellas: ¿Ésto podría ser posible acaso, soñar con un perfecto desconocido de esa forma?

No pude evitar preguntarle.

¿Te atrae este hombre? Su mirada demostraba confusión. Hizo un silencio y sólo alcanzo a decir. “En el sueño, somos como dos cuerpos imantados.”

¿Lo has visto en otras ocasiones? ¿Le has visto ese crucifijo?. Su respuesta fue. “Solamente lo he visto una vez en mi vida. No he intimado con él, no puedo decirte si el posee esa cruz o no, tendría que haberlo visto en una situación íntima, o con una ropa holgada, o que lo hubiese llevado por fuera, pero cuando le vi, no alcancé a ver nada, ningún crucifijo, estaba vestido… bueno creo que ya te he explicado, no hemos intimado para nada”

Reconocí que mi pregunta fue tonta. Si sólo lo vio una vez, no tendría mayores datos sobre él, que lo que lo escaso que arrojó ese breve encuentro. Me quedé sin palabras, no podía expresarle nada, todo aquello resultaba muy confuso.

Ella me miró y supe que iba a marcharse.  Solo atiné a decirle un poco balbuceante.

¿Y si él te sueña también?. Ella me miró algo dubitativa, pero luego sin más me dijo. “Eso es imposible. Si él me soñara como yo a él, ya habría venido en mi busca”. Luego de esto, seria e inquebrantable, se despidió de mí con afecto.

Y  agregó por último:

Te lo conté porque eres escritor, haz algo con esta historia. O simplemente no sé, quizás, al decírselo a alguien más los sueños vayan mermando, quizás todo se evapore. Quizás el secreto sea el combustible de estos sueños. Tarde o temprano han de desaparecer, aunque mi corazón lata dentro de él, aunque yo sienta a veces conocer los rincones de su espíritu, aunque casi palpe su piel, aunque me inunde siempre su olor y aunque sé perfectamente que conozco ese cuerpo como nadie, como ninguna otra mujer… Toda esta enfermedad onírica se desvanecerá en un un soplo. Porque ya lo sabemos “Los sueños sólo sueños son.”

Después de esto comenzó a caminar, segura, precisa, se llevó consigo sus formas gráciles, su aroma de ámbar y solo me dejó en un mar de perplejidad.

Por Mariela Cordero.

jueves, 5 de julio de 2012

Felicidad


Existe una palabra en el diccionario que me recuerda a ti. 
Sin dudas, la representas. 
En ti se ve reflejado su significado. 
En tu manera de caminar, en tu boca, en tus ojos. 
Cualquiera puede verte y no percibir tu luz. 
Sin embargo, quien te observa, consigue en tu piel un motivo para sonreír. 
Cualquiera puede observarte y no ver más allá de tu piel, pero quien te lee no podrá entender cómo cabe tanta inspiración en un sólo ser. 
Quien se refleje en tus letras, querrá ser la protagonista, querrá ser musa cada uno de los días de tu vida. 
Eres más de lo que muestras y con tu mirada me dices más de lo que imaginas. 
Transmites energía a través de tu sonrisa. 
Es por eso que me recuerdas el significado de una palabra. 
Porque tiene un sentido muy amplio y la veo en tus gestos más sencillos. 
Porque cuando estás cerca de mí, indudablemente, me la transmites. 
Para mí eres la palabra FELICIDAD. Porque la llevas dentro de ti y porque es más que un sentimiento. 

Por Yasdelia Mongua.

miércoles, 4 de julio de 2012

Recorrido.

Desnuda se muestra, 


corriendo ha caido,


víctima del ocaso


su vida escurre,


ha ido muy lejos.




Retiene su memoria


corriendo a otro lugar,


pero tropieza cada vez


con el humo recordado.




Ahora sola se deja ver,


queriendo ser normal,


normalidad inuscitada


de tierras aras de algo.




Viendo su induvidualidad


es sagaz y preferible,


ahora sólo respira 


y se dice: seguiré caminando.







martes, 3 de julio de 2012

1-2-3


1-2-3 es el jabón. 
Un dos tres. 
Un dos tres.
Tiempo de vals, tiempo para soñar.


1-2-3 es el jabón. 

Un dos tres.
Un dos tres. 
Un dos tres por mis amigos y yo.


Por José Aurelio Vargas.