domingo, 16 de diciembre de 2012

¡Ay Helena!


¡Qué bonito
     poema eres Helena!

Y que suceda una tragedia
     Tan sangrienta por ti, es triste

Pero no es tu culpa.
     Tu nunca llegaste a Troya…

¿Qué tan lejos podemos
     llegar por un fantasma?

¡Por un voto de
     Confianza!

No es tu culpa ser la tragedia
     Eras mi verdad
          Eres mi razón
               Eres mi mentira

Ojala no fueras un fantasma
     Yo sólo quería hacerte el amor en Troya…

Por Sebastián González de León y León.

viernes, 14 de diciembre de 2012

El engaño


No, no es sólo el engaño
Es descubrir el relleno
Que si para un rebaño es sueño
Para la verdad es veneno

En los inviernos helados
Lo que vida da,
algunas veces quita
Pues bajo no es suelo
Y por ahí la gente
Camina por algunos lados

Debajo del engaño
Es bajo el agua
Donde no sólo peces nadan, sino
También los cuerpos encerrados
Buscando ver un cielo
Pensando en el pasado invierno

Pues ellos, también
Sufrieron de un fantasma
De un pequeño engaño.

Por Sebastián González de León y León.

jueves, 13 de diciembre de 2012

Bocado de alcohol y manjar


Nada más 
que bocas
de sonrisas chuecas.

Bocas 
y besos en las manos,

besos en las manos
que besan de lengüita 
los dorsos de las manos,
como en la infancia,
para aprender a darlos.

Eres mi bocado 
de alcohol y manjar
que se siente en todo el cuerpo,
encaje pegado a la carne
de sudor y deseo.

Amables se saludan nuestros ojos,

ojos pequeños
que sonríen,
que se plisan.

Ojos ajenos
que caen mal
a veces.

Que se ponen sombreros diminutos,
que se desnudan
a veces.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Estar.

Hay confusiones de trivialidades,
pero nunca disturbios por decisiones,
los ríos caudalosos gritan,
los lagos tranquilos respiran.

La vida se pasa en eso,
respirando y gritando por conciencia,
dignificando cada acto producto de ella,
congratulando lo bueno y castigando lo cotidiano.
Amigo, nunca te separes de ella,
será tu fiel consejera, tu guía hasta la muerte,
dotará de color lo común
o hará los días mas negros
que una noche nublada.

Todo se va en cosas que pasan,
se hacen rancias o se avivan,
oler una espiga o caminar en fuego,
cada cosa es la construcción 
de ideas que juntas conforman 
el hecho de estar vivo.

Por Carlos Osorio.

martes, 11 de diciembre de 2012

Aquí estamos.

"Con tu puedo y con mi quiero,
vamos juntos compañero" 
 M. Benedetti.

Aquí estamos, huyendo,
caminando sobre las huellas
que siguen inertes en el suelo,
aquí estamos huyendo, como todos.

Vamos, sigilosamente hacía la derrota
agachando la mirada,
soportando la indiferencia,
aquí estamos sufriendo.

Nadie nos ha dicho
que somos libres,
tan libres como un ave
que alza el vuelo y disfruta del viento.

Nadie se ha dado cuenta
que podemos ser uno,
que juntos somos más fuertes aún,
hemos sido apagados
y eso nos ha convertido en hermanos,
estamos de pie.

Sin embargo,
seguimos huyendo.

lunes, 10 de diciembre de 2012

Sánchez, sus discursos públicos.


Al señor Sánchez, presidente de la república, dictador omnipresente del pueblo, le fascina dar discursos públicos sobre las acciones de gobierno, los valores inherentes del Estado y sobre el camino que se ha trazado en torno al progreso y al desarrollo de la nación. Su residencia, imponente palacio de grandes ventanales bordeados por cortinas de seda cuyas orillas puntiagudas y suaves relucían líneas delgadas de oro;  y las habitaciones, muebles de terciopelo importados de alguna ciudad templada del mediterráneo, probablemente de Francia  o de España, con vajillas de plata y demás utensilios domésticos de porcelana, demostraban la clase privilegiada y ostentosa de la que el señor presidente era el principal líder. La servidumbre se paseaba por el palacio con gracia y delicadeza: si su presencia era requerida se oía una campana resonando en algún cuarto oscuro, y las muchachas y hombres al servicio de la familia presidencial, se deslizaban con pies de siervos como si estuviesen en la pradera, hasta satisfacer las necesidades portentosas de las y los señores pertenecientes a la estirpe del jefe del ejercito y cabeza del ejecutivo.

            “Señoras y señores, hombres de buena voluntad pertenecientes a esta gran nación americana”, dijo el señor Sánchez al hablar desde su balcón y admirar a la multitud enardecida que gritaba desde abajo, “es para mi un honor dirigirme a ustedes como presidente de la republica, como líder del ejecutivo, haciendo honor a mis antecesores, los cuales velaron por el interés del pueblo y por salvaguardar las instituciones públicas de nuestro país, que como cabeza de este país noble y soberano, reconozco desde siempre mi obligación moral de velar por los intereses de todos los ciudadanos, por generar los empleos necesarios para todos, por garantizar la educación…”. Mientras hablaba por el micrófono del balcón, la gente desde el otro lado, desde la gran plaza de origen colonial y majestuosidad barroca escuchaba atenta las palabras del presidente. Los sonidos que emanaban de su boca de forma articulada, sus gestos de hombre decidido, sus movimientos corporales con vaivén estruendoso, se mostraban contundentes y certeros al hablar del rumbo que su patria habría de seguir. ¿O no? ¿Por qué habría de mentirle el señor Presidente al pueblo? ¿Por qué no habría de hacerlo? Hablaba de salvaguardar el interés del pueblo ¿Era verdad? ¿O era un truco, una estratagema vacía, uno de los muchos discursos sin sentido que el señor Sánchez ha dado y que no han pretendido mostrar la realidad social? Corrupción, desconfianza en las instituciones, nepotismo, empleomanía ¿No son también males que se deben erradicar?  

            Los cuestionamientos fluían como una lluvia torrencial sobre las cabezas de los disidentes del régimen, que escuchaban impotentes el discurso presidencial desde sus establecimientos públicos, hogares, o desde las calles mientras portaban sus audífonos de marcas internacionales y reconocidas, en el tráfico capitalino que se extiende por corredores y corredores interminables donde el sol quemaba y hacía sudar las carnes de la multitud que coreaba el nombre del señor Sánchez en la plaza. Sin embargo, como respaldo de aquél discurso vehemente, de los vocablos expresados con parsimonia, el régimen vivía momentos interesantes: la economía comenzaba a crecer de forma clara, las condiciones de vida de muchas familias parecían mejorar y las barrigas de los niños que corrían descalzos por los campos de cultivo devastados y olvidados parecían llenarse. ¿Era la estabilidad económica y el desarrollo más importante que la libertad y la democracia? La genta decía que sí sin decirlo, gritando bajo las campanas de la catedral, muy cerca del palacio legislativo, el nombre del hombre que los había llevado al progreso.

Y con un apabullante: “Y agradezco al pueblo de este gran país americano, haberme escogido como su representante, como aquél encargado de hacer valer las leyes y las normas que mantienen la seguridad de todos los ciudadanos. Que viva nuestro país, que vivan sus habitantes, que vivan las instituciones. Muchas gracias pueblo soberano, por escuchar mis palabras”, el presidente se consagraba una vez más y la gente lo apoyaba con chiflidos al ondear sus banderas de colores brillantes. Las señoras gigantescas gritaban como locas y sus voces hacían un eco sobrenatural que retumbaba entre las ramblas, y los hombres bebían y fumaban, guardándose para sí alientos y proclamaciones para el presidente: “este es el bueno” susurraban; y los niños de grandes labios y cachetes rosados correteaban por la plaza sin comprender nada, desentendiéndose por completo de la política y sus actores, porque era más divertido, mucho más entretenido soñar e imaginar. Vivir en mundos alternos, llenos de piratas y tesoros, de vaqueros y caballeros, todo menos que en la realidad. Alejarse de esa lastimera existencia repleta de discursos y palabrerías del hombre que controlaba todo lo que se llegue a encontrar dentro de los límites de aquél Estado dictatorial sin nombre,  de aquél rincón del mundo que se escondía sutilmente entre recónditas selvas y misteriosos arrecifes.

Alan Santos.

domingo, 9 de diciembre de 2012

Piedra en polvo

Nunca vi cambiar mi rostro
Así como nunca veo nacer las flores,
El momento de la primavera
y el final de un largo invierno

La piedra dejó de ser polvo
Ahora es ceniza
Ahora es tierra

Y la caída de la cascada
es sólo un río
que fluye como la tinta
de una fuente y una pluma

Terminó el invierno
y el carbón ya no mancha
pues ahora es diamante

La tierra crece flores
y una que otra planta,
pues las piedras dejaron de ser polvo
y ya no falta la palabra del poema
Sólo falta la respuesta
de la primavera
Pues mi rostro nace
y es ahora diferente.

Por Sebastián González de León y León.