Capricho 2
Escrútame los ojos
sorpréndeme la boca,
sujeta entre tus manos esta cabeza loca;
dame
a beber veneno, el malvado veneno
que moja los labios a pesar de ser
bueno.
Pero no me preguntes, no me preguntes nada
de por qué lloré tanto
en la noche pasada;
las mujeres lloramos sin saber, porque sí.
Es
esto de los llantos pasaje baladí.
Bien se ve que tenemos adentro un mar oculto,
un mar un poco
torpe, ligeramente oculto,
que se asoma a los ojos con bastante
frecuencia
y hasta lo manejamos con una dúctil ciencia.
No preguntes amado, lo debes sospechar:
en la noche pasada no
estaba quieto el mar.
Nada más. Tempestades que las trae y las lleva
un viento que nos marca cada vez costa nueva.
Sí, vanas mariposas sobre jardín de Enero,
nuestro interior es
todo sin equilibrio y huero.
Luz de cristalería, fruto de carnaval
decorado en escamas de serpientes del mal.
Así somos, ¿no es cierto? Ya lo dijo el poeta:
deseamos y
gustamos la miel en cada copa
y en el cerebro habemos un poquito de
estopa.
Bien. No, no me preguntes. Torpeza de mujer,
capricho, amado mío,
capricho debe ser.
Oh, déjame que ría. ¿No ves que tarde hermosa?
Espínate las manos y córtame una rosa.
Alfonsina Storni
sábado, 12 de enero de 2013
viernes, 11 de enero de 2013
Se parecen
Uno igual,
el otro no tanto.
Uno grande y barbón
el otro sólo grande
pero con una gran barbilla.
Los dos con grandes ojos
y casi transparentes
Somos tres
no casi iguales
pero si muy hermanos.
Somos tres
sin mosquete
con gran barbilla
y uno sólo grande.
el otro no tanto.
Uno grande y barbón
el otro sólo grande
pero con una gran barbilla.
Los dos con grandes ojos
y casi transparentes
Somos tres
no casi iguales
pero si muy hermanos.
Somos tres
sin mosquete
con gran barbilla
y uno sólo grande.
jueves, 10 de enero de 2013
De los meses y las horas
Muriendo
de moretones
de maratones de mordidas.
Moribundo
de murmurios
de los muros que me oyen.
De madrugar a medias noches con morenas,
de merendar con madres mandonas
mermelada y mandarinas.
Y de morir más
en la medida en que más te voy amando.
Y de permanecer muda,
callada de las muelas y las manos.
De mi mugre muero
y de mi mala gana,
de mi mal aliento
y mis pómulos marcados.
De sentirte en la mandíbula,
en la médula y en las mamas.
Y de no poder mirarte
y mantenerme aislada.
De no merecer tu miembro,
y que merezcas con mi sexo el mundo entero.
Y mientras te lamo a solas,
me olvido de la muerte en que mi mente mora.
Y como a un molde,
te acaricio el cuerpo morbosa,
y en los minutos míos, me vengo
y termino por fin muriendo.
miércoles, 9 de enero de 2013
Quietas lecciones.
Corrientes de aire susurran
en la tosca conciencia de las decisiones,
lo sucedido queda ahí, muerto, inerte,
en cambio te retuerces del arrepentimiento
con lógica de lo que pudo haber sido,
sin respetar la inmovilidad y paz
que el sereno determinismo que tu alma
clama.
No apagues la luz de tus elecciones, no
soslayes,
confía en la risa autónoma de la memoria,
de los tuyos
que alguna vez alteraron el orden inerte,
no decidas sin la gana de escribirlo en
una lápida.
Por Carlos Osorio.
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Poemas colectivos.
martes, 8 de enero de 2013
Sin título.
Puedo nombrar una en una,
todas esas cosas que me enloquecen de ti.
Como esa mueca que haces cuando te sabes en lo correcto,
o ese caminar tan particular,
así justo como si el suelo no mereciera tus pasos,
pero más me enloquece cuando esos pasos se dirigen hacia mí.
Tus brazos escuálidos que saben el momento indicado para envolverme,
Acompañados de esas manos grandes con dedos largos y delgados,
que van dibujando cada uno de mis rasgos,
Y que delicadamente se pasean por mis largos cabellos castaños.
Me derrumbas con cada respiración que exhalas cerca de mi cuello,
pero ¡Oh vaya! Si de cuellos hablamos
el tuyo es un monumento de marcadas venas
y con una prominente montaña, ahí merito en el centro.
Sigo subiendo por ti y llego a esas orejitas, amor mío,
tan suaves y no dejo de besarlas,
voy escalándolas como si escalara el Himalaya.
Pero tu clímax, es tu carita de querubín,
bañada en inocencia y ternura…
¡Qué te lo crean otras! ¡Cínico!
Si estás todito lleno de una malicia quebrantadora
que me hace temblar las rodillas y caer en tus encantos.
¡Oh! Me haces dar los peores giros y desconocerme.
Me vuelves… Nos volvemos inciertos.
Por Arai G.
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Poemas colectivos.
lunes, 7 de enero de 2013
Bianca y el portafolio misterioso.
Bianca
es tan hermosa a la luz de la noche. Su deslumbrante y resplandeciente figura
resalta en el suburbano horizonte. El contorno de su figura es de un color
blanco como la leche espumosa, y sus ojos almendrados color turquesa son inimitables
en el mundo terrenal.
Siempre carga ese misterioso e insólito portafolio negro, tan
viejo como la vida misma, tan maltratado como el mundo que nos rodea. Así es
aquel maletín extraño de bordes plateados y estropeados que suele formar parte
de ella como una extensión de su cuerpo. Su esbelto trasero, sus magníficos
senos, su delgada cintura y sus inmejorables labios carmesí, crean junto al
portafolio un ser que no puede ser separado; que funciona como un todo, como un
reloj suizo en sincronía perfecta. Al caminar y al mostrar su excelente porte
de suntuosa dama convierte su organismo en la maquinaria impecable de
seducción.
La noche se adueña de Villa Cruz y los gatos pardos y callejeros
salen de sus escondites para maullar sus canciones sonámbulas a la luna. No hay
ni una sola señal de vida humana en la calle. El silencio de la noche es
abrumador y extenuante. Únicamente es posible apreciar los ligeros susurros del
viento nocturno y a los diminutos grillos, eternos barítonos de la penumbra.
Ellos son los afortunados seres irracionales que contemplan a Bianca en toda su
magnificencia, en el
cenit de su esplendor.
Pero… ¿Qué hace tan bella chica a tan altas horas de la noche?
Ella observa el cielo. Contempla las pocas estrellas en el cielo desierto. Las
aprecia con la mirada y juega con ellas transformándolas en su mente, retozando
con las figuras y formas. Aquel corazón apenas palpita, con dificultad se
contrae una y otra vez. Su color es pálido y desabrido: es blanca como la
harina. Si no fuera por su débil respiración que apenas se aprecia asimilándose
a pequeños susurros de mosquito que sólo los caninos de gran oído pueden
captar, la confundirían con un cadáver. Con un hermoso cadáver.
Su cándida mirada se pierde en el cielo, en el manto negro de la
noche que la rodea. Es el eterno observador de lo que sucede en la tierra. De
lo que hacen las criaturas y los hombres. Al final ella reacciona, se mueve,
despierta como de un largo sueño sin sentido y decide utilizar sus extremidades
para moverse a un compás de musa por la calle que la llama. Que le dice:
«Bianca ven. Continúa tu interminable periplo. No te detengas más, no aguardes
nada. Sólo sigue el camino que tienes predestinado. Espera. Detente. No olvides
el portafolio. No olvides tu alma. Recuerda que aun tienes cosas que hacer. Tu
limbo espera, te habla, no pretendas ignorarlo porque de él no puedes huir. No
puedes escapar como un mortal no puede engañar a la muerte».
Alan Santos.
miércoles, 26 de diciembre de 2012
Tardes nubladas de agosto.
Tremendos pensamientos,
brisas que repegan en el rostro,
días espesos que han des ser
lúgubres ansiosos de desaparecer,
abismos que reparan en el corazón
ansioso de librarse alguna vez...
No saber en qué pensar,
llorar susurrando las penas
que salen de la difícil alma,
saber que el molesto recuerdo
durará como una tarde nublada de agosto.
Por Carlos Osorio.
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