domingo, 17 de marzo de 2013

Y empiezo a escribir con una pluma renegada a hacerlo



Y empiezo a escribir con una pluma renegada a hacerlo
(Arriba la prueba)

Yo como la pluma; reniego,
de todos los cadáveres vejados,
de las cabezas tiradas en el cemento,
de las gotas de sangre salpicadas en mi rostro.

Me rehúso a hacer la analogía, entre las cabezas esparcidas en la calle
Y los granos de arroz esparcidos en el umbral de las iglesias

Reivindico a la muerte,
quiero morir como se debe ,
quiero morir de vida y no de muerte
a manos de la naturaleza
y no dejar mi vida en una cifra
         
        38000 muertos

Hoy un poeta decidió no volver a hacerlo ,
por lo menos delante del papel;
pero yo se que seguirá
Disparando,
Perforando cerebros y corazones;
Porque su grito es el silencio…..

SILENCIO
        SILENCIO
                  SILENCIO
                            SILENCIO
                                                    SILENCIO
                          !KABUM¡
                               !RATATATATATATATA¡
                                     !TRRRRRRRRRRRRRRR¡
                                           !ABCDEFGHHHHHHHHHHHHH¡
Y aquí la diferencia
Sus balas son palabras no pólvora,
Sus granadas desprenden versos, no esquirlas
Y aunque apuñala corazones les da vida.


Por Jorge.

jueves, 14 de marzo de 2013

En mi muerte (no te quiero)

En el bosque,
entre el quebradizo café
y el puro verde
y la puerta 
y tu nombre,
la luz y la sombra pisada
y una nube,
tu cabeza y la lumbre
de la noche antepasada/atempestada,


                       No te quiero

          no te quiero

                                              no te quiero

no te quiero.


En mi muerte
(no te quiero),
en la laguna,
en las rosas y en los pueblos,
los olores y los humos,
en el cuento y en el viento.

En la cadencia del zumbido silencioso de la cama oscura,
tu cabeza y mi cintura,
tu cabeza y la lumbre,
y la lumbre
y la fiebre de la noche atempestada/antepasada,

                           
                                  No te quiero

                                                 no te quiero

                no te quiero

no te quiero.

miércoles, 13 de marzo de 2013

La hojarasca.

La hojarasca que ha caído
es la palabra muerta,
vacía de sí, se ha ido.
!Que ironía¡
La armonía que mostrabas
se queda en el lodo 
de tu insolvencia,
se queda media muerta.

Los árboles fijan raíces,
su lenguaje es eufonía,
contrario a las acciones
que de mi disponías,
urdiste una trampa,
donde luego naufragaría. 

Ahora le pido al camino 
me lleve a lo normal,
a lo ordinario, 
que me aleje de los árboles,
de la hojarasca que 
haces al dejar caer tu sed.

Carlos O.

martes, 12 de marzo de 2013

Ojos misericordiosos.

Esos, tus ojos misericordiosos.

Me vez, y tus ojos me dan calor.
Siento que estoy en mi hogar;
me vez y tus ojos me dan paz.

Esos ojos color café
me dan la sensación
de que los he visto desde siempre.

Tengo el placer de mirarlos a diario
y resulta aun más placentero,
saber que yo en ocasiones cruce por ellos.

Pero me causa rabia, envidia, celos…
Le tengo hasta odio;
a la que tenga el privilegio de que tus ojos
(esos ojos que me encantan)
la miren con amor.
 
Por Arai G.

lunes, 11 de marzo de 2013

AMÁNDOLO HASTA EL PLAGIO


Puedo escribir los versos más nuestros este día.

Escribir, por ejemplö: "El sol esplende al cielo,
Y revuelan, doradas, las aves, a lo lejos."

Los capullos en flor se reabren al viento y danzan.

Puedo escribir los versos más nuestros este día.
Yo lo quiero, y a veces él ya también me quiere.

Largos días como este lo tengo entre mis brazos.
Y lo beso mil veces bajo el cielo infinito.

Cuánto me quiere, es cierto, así también yo lo quiero.
Cómo no amar la luz de sus grandes ojos fijos.

Puedo escribir los versos más nuestros este día.
Pensar que siempre es mío. Sentir que no se aleja.

Oír el día inmenso, más inmenso con él.
Y el alma brota en versos como el árbol al ámbar.

Qué importa que mi amor no consiga guardarlo.
El día está en parvada y él está aún conmigo.

Eso es todo. En nosotros alguien canta. En nosotros.
Mi alma se abre contenta con tenerlo a mi lado.

Como para gozarnos mi mirada lo encuentra.
Mi corazón lo encuentra, y él está aún conmigo.

El otro día que cobreará los otros árboles.
Nosotros, los de ahora, aún seremos los mismos.

Cuánto lo quiero, es cierto, cuánto más lo querré.
Mi voz se abrasa al aire para encender su oído.

Tú mío. Serás mío. Tan siempre de mis besos.
Tu voz, tu cuerpo terso. Tus ojos abismales.

Cuánto te quiero, es cierto, que tan mío te quiero.
Es eterno el amor, y es tan corta la vida.


Porque en días como este te tengo entre mis brazos,
Mi alma se abre contenta con tenerte a mi lado.

Aunque este sea el únicö amor que alguien me inspira,
Y estos sean los versos donde habitemos siempre.

      Hernán Sicilia (22)

domingo, 10 de marzo de 2013

Esperamos a Godot

Te esperé pensando que era verdad.
Esperé y sigo esperando.

Limando el tiempo
Que uno pretende que nunca pasa
Es la búsqueda de un deseo

“Esperaron a Godot
Pero Godot
Nunca llegó”

Sin decirnos nada
Sólo una espera de dos palabras
Que se juntan
Como la idea de lo que uno espera

La idea que nos enajena
Y nos hace perder lo único
Que es importante.

“La vida
no esperó
a Godot”

Ya pasó
el momento
de esperar
a Godot.

viernes, 8 de marzo de 2013

Los exiliados del humo


En medio de la noche, en un cuarto prácticamente oscuro en el que la única luz era la pequeña lámpara sobre la mesa de madera Julián decidió volver a sus viejas andadas. Tomó un cigarrillo con la mano derecha y lo sujetó suavemente con sus labios rojos; sacó el zippo de su bolsillo trasero y lo encendió mientras la mano izquierda cubría el fuego que encendería el cigarro.

    Julián estaba confundido, no sabia cómo empezar. Jaló fuertemente el humo del cigarro y lo contuvo unos segundos dentro de su cuerpo para después poder exhalarlo suavemente. Movió la silla de madera y se sentó frente a la mesa; se podía ver una hoja en blanco y un frasco de tinta azul. Cerró los ojos. Estaba perdido en sus pensamientos, entonces recargó la cabeza sobre la mesa y comenzó a respirar.

    En un acto de distracción, Julián dejó caer el cigarro al suelo, se apagó al instante. Tomó otro y lo encendió de la misma forma, como si fuera un ritual. Se quedó dormido sobre la mesa.

    Pasaron las horas y parecía que el final de Julián había llegado, pero no era así; estaba soñando, inspirándose, sintiendo. El suelo de la habitación se llenó de cajetillas vacías, Julián fumaba compulsivamente, pero su hoja seguía en blanco. El cuarto estaba lleno de humo, es sorprendente imaginarlo después de tantos años sin fumar.

    Él quería escapar y simplemente no sabía a dónde. Esto ya le había pasado antes, en su antigua habitación, la solución había sido escapar, exiliarse; ahora no sabía qué hacer, no tenía a dónde ir. El humo invadía su mente, lo atormentaba, lo mataba.

    Una gota de tinta manchó la hoja, Julián enloqueció. La noche se confundía con el día, el sol entró por la única y pequeña ventana de la habitación iluminando de a poco. Comenzó por la mesa donde Julián dormía y, pasando el tiempo; iluminó las cajetillas del suelo hasta que, al final, la habitación se iluminó por completo, mostrando letras azules en las paredes blancas: se trataban de los poemas que Julián había escrito entre delirios la noche anterior.

    Julián comenzó a gritar, enloquecido. Bajó las escaleras de forma apresurada, sin mirar atrás. Llegó a la calle y comenzó a llorar enfurecidamente. Estaba asustado y no quería cometer los mismos errores del pasado; no quería caer la rutina de hace apenas unos años; no quería escapar de nuevo de la realidad y exiliarse de sus acciones, de sus pensamientos, de sí mismo; quería ser feliz y dejar a un lado sus problemas.

    Su más grande temor era cometer las mismas acciones del pasado: fumar y escribir por las noches. El exilio funcionó por un tiempo pero todos, exiliados o no, volvemos a los orígenes. Julián temía a escribir pues sentía que dejaba un trozo de él en cada frase; sentía que poco a poco iba muriendo, se desintegraba entre la tinta y el papel.  Y así fue, desapareció pero esta vez, entre el humo de su habitación.

 Por Mariela Flores Aguilar.