domingo, 25 de noviembre de 2012

Golpe

De nuevo, en un cuarto
cierro mis ojos
y escucho.

Esos martillazos en el techo,
que se alejan con un golpe.
Y mientras tanto imagino
como, atareado, mi vecino
corre de pared a pared.

Y mientras duermo
siguen los ruidos
siguen, los ruidos
Y miro, siento,
vibra lo que sueño
con los golpes marchantes de mi techo

Y sueño que salto de rama en rama
como cuando era joven Tarzán.
Y me pego en el pecho
Hasta caer de mi cama

Tirado en el suelo
Despierto con un golpe
Y lo sigo escuchando
Golpe con golpe,
golpe con golpe

Hasta que mi corazón
Lo deja de escuchar
Y es mi corazón intenso
El que me mantiene despierto.

Por Sebuscapé.

viernes, 23 de noviembre de 2012

El rumor de tu carne


A mi eterno Aleph.

Sentí, que eras el verso y la palabra
donde habitan los ángeles del mundo.
Me estremecí ëntero al escuchar
el rumor de tu carne en mis adentros.


Y ya era el mundo un universo doble,
sitiado entre el dolor y los amores.
Y era tu voz una delicia intacta
y el roce de tu mano, un alma vaga.


Luego te repartiste a la galaxia,
encarnando a los hombres que te amaran:
y el mundo se sació de lo insaciable.
Luego supe que no eras el Poema,


sino amor habitando cada letra,
la letra que contiene a toda letra;
pero un hombre mortal y un solo polvo,
un polvo como yo, que en la galaxia


va vagando entre el verso y la Palabra.

Por Hernán Sicilia.

jueves, 22 de noviembre de 2012

Euforia polisémica


Me gusta cuando compartes mi euforia polisémica
y te sacudes la boca con mis nervios
y te contagia mi lengua en una simpa.

Me gusta tu afición de mirarme
con tu media sonrisa
y tus ojos que caen cuando se ríen.

Tu montón de besos labiales
botaneros
matones y sensatos.

Que no me dejes besarte
y no detengas tus besos.

Que se nos encimen las perezas

y nos tiremos pegados

infinitamente.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

A mi padre.

Demuestro gratitud y agradezco a él con estas palabras.

Haz sabido serlo, eres esa persona,
desde que me tomaste y miraste,
con tus manos caminadas en vida
regocijantes de experiencias pasadas.
Reprendías mis actos, lo hiciste con amor,
sabías del daño, pero no conocías maneras
suaves para corregir el camino que tomaba,
agradezco tu empeño, me ha hecho quien soy.

Conozco tu historia, tu forjaste la mía,
confío en tu invulnerabilidad como padre y,
reconozco tu fragilidad como fiel humano
que ha combinado todo para ser un maestro
del puente en el que siempre caigo,
interrogado por la vida abrumante
que no cesa de ponerme pruebas andando,
tan voraz de mi y tímida de ti.

Hago estos versos a tu honorable existir
que creó y moldeó la coexistencia que tengo
junto con mis pensamientos, te doy estas
palabras que me sirven para agradecer,
mi lado más íntimo se descubre completo
al dejar caer el velo de los sentimientos y,
palabras hermosas brotan de ello para
que puedan acompañar mi recuerdo en tu vida;
Te amo padre, celebro el día en que me creaste,
con ello creaste el corazón que habita en mi 
haciendo que dictara a la pluma algo especial  
para celebrar tu aniversario en mi existir.


a Alberto Osorio Cruz



Por Carlos Osorio.

martes, 20 de noviembre de 2012

Encuentro inesperado.


Un señor de ásperas canas y mirada cansada caminó por las calles del centro de su ciudad sin preocupación, silbando  con soltura una canción popular de su tierra árida y canicular. Al vislumbrar la esquina de una calle y seguirse de largo, olvidó, como un infante descuidado, mirar hacia ambos lados antes de cruzarla. Un automóvil rojo y deslumbrante, con un conductor distraído que acababa de salir huyendo de su casa por un pleito épico con su mujer, se agachó por un instante para prender un cigarrillo sin filtro, y arrolló al señor con embestida brutal. El cuerpo de aquél hombre voló por los cielos hasta caer, atraído por la fuerza que ejerce la tierra sobre los objetos, contra la acera grisácea de la calle. Un tumulto de curiosos se acercó espantado al  automóvil asesino por el espectáculo acontecido, sin embargo el señor, que yacía tirado en el suelo, abrió los ojos y al contemplar a toda la gente a su alrededor emitió un gemido y se levantó sorprendido sin rasguño alguno. Los demás seres curiosos lo admiraron asombrados.

            El señor de ásperas canas recogió sus lentes con movimientos sutiles, y al colocarlos en sus ojos, admiró a detalle la figura siniestra de la muerte que lo señalaba con el dedo. “Te he dejado escoger esta ocasión”, dijo la muerte, “de ti depende, quieres seguir viviendo o te llevo conmigo para que le hagas compañía a tus padres”, concluyó con rauda voz. “Quiero seguir viviendo”, dijo el hombre canoso, “no planeo irme todavía. Aún tengo tanto que hacer”, aseveró mientras se limpiaba el polvo y la tierra del pantalón. “Asumirás las consecuencias de quedarte más tiempo del que debes”, respondió la muerte; y tras estas palabras, aquella sombra siniestra desapareció escondiéndose entre la multitud que caminaba absorta por la banqueta, buscando como cazador otra víctima inocente que pretenda huir de sus temibles fauces.

            El hombre regresó a su casa, contento por haber sobrevivido a tal accidente. Abrió la puerta de su apartamento y cuando pretendía darle un beso de buenas noches a su esposa que se encontraba recostada en la cama, los labios se le helaron y exteriorizó una sensación terrible que emanaba de sus entrañas. Su esposa había muerto de un infarto pocas horas antes de su llegada. Una nota terrible se leía sobre una repisa: “asume las consecuencias”, decía el recado. Vaya sorpresa se llevó el señor de ásperas canas y mirada cansada.
 
Alan Santos.

viernes, 16 de noviembre de 2012

La mula tuerta

Cuéntame, mula tuerta,
castrada de las garras,
tus fieras ocasiones.

Muestra las pezuñas intactas
largas que lastiman,
mula tuerta prieta, 
acabada de bañar te paras,
al frente de mi cara rancia
con tus barbas quemadas, 
con tus dientes con sarro.

Mal vista es tu cresta,
tu patilla hasta los codos
es una cochinada.

Puerca, muévete del paso,
ahí está bien, mija, estorbando.
¡Burrrrrra! te gritan los que ignoran
tu mundo bello enlodado.

No me suena la palabra distopía,
ni tu demencia me vuelve loca.
Sólo tu carita demacrada
se revuelve con las heces hechas polvo,
volando con viento que se mete en la boca.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

El corazón errante.

El errante ciclo de tu amor
me obliga a exaltar el mio,
condicionas su soberanía
metiendo malas compañías y,
vulnerando la mandíbula
que articula el placer 
de sentirse amado.

También hay mentiras 
que carcomen lo dicho por ti,
amarras lo corroído después y,
me obligas a creerlo.
Dejo de escuchar verdades,
tus labios han traicionado
el todo que esbozábamos,
puedo tolerar tu pesimismo,
los gritos de caudalosos ríos,
que comas como un oso,
el reproche de mis actos,
pues eso se convertirá en virtud,
esperaré a que suceda...
pero que mientas, que traiciones,
eso hace errar el corazón.
  
Por Carlos Osorio